La Hungría de Viktor Orbán: De la guerra del gas a las lecciones históricas sobre dictaduras
Quien sigue la evolución política en Europa sabe que hay una figura que consigue acaparar titulares capaces de dejar boquiabiertos incluso a los observadores más veteranos. Viktor Orbán. El primer ministro húngaro ha vuelto a mover ficha, y esta vez no son solo amenazas vacías desde Bruselas las que llenan el debate. No, esta semana ha hecho realidad algo que muchos temían: corta el suministro de gas de Hungría a Ucrania.
Es una decisión que impacta de lleno en un campo geopolítico ya de por sí explosivo. Mientras la guerra arde en el este de Ucrania y Kiev intenta desesperadamente asegurar su suministro energético, Budapest decide apretar las tuercas. Oficialmente, se trata de desacuerdos contractuales, pero quienes llevamos años siguiendo a este hombre sabemos que es una demostración de fuerza. Es la forma que tiene Orbán de recordar a todos que él controla una de las llaves de infraestructura más importantes de la región. Y no olvidemos que esto ocurre al mismo tiempo que la retórica de Zelenski contra el "Corriente Turca" se ha endurecido. Es un juego en el que el gas se utiliza como arma, y Orbán es un maestro en esta disciplina.
Esto me lleva a algo que va más allá de la crisis del gas actual. Para entender a Viktor Orbán en 2026, hay que comprender las corrientes históricas de Hungría. No es nuevo que en Budapest tengan una relación tensa con sus vecinos y con "Occidente". Se puede rastrear hasta la época de la Doble Monarquía y el reinado de Francisco José. En aquel entonces, era la burocracia vienesa la que ahogaba las ambiciones húngaras. Hoy, en la narrativa de Orbán, Bruselas juega ese mismo papel. Su proyecto es una continuación de la búsqueda histórica de soberanía, pero con un giro populista moderno que hace que hasta los viejos expertos en el imperio de los Habsburgo se queden perplejos.
Culto a la personalidad y un libro que vuelve a estar de actualidad
No se puede hablar de la Hungría actual sin mencionar el profundo culto a la personalidad. Hace poco me topé en mi mesa con un viejo conocido: "Cómo ser un dictador: El culto a la personalidad en el siglo XX", de Frank Dikötter. Es un libro que debería ser de lectura obligatoria para todos los que se preguntan cómo se centra el poder en un solo hombre en el siglo XXI. Al leer los análisis de Dikötter sobre Mussolini, Sadam Husein o Ceaușescu, de repente se ven los mismos patrones en miniatura en Hungría. Los carteles gigantes, el control total de los medios y cómo hasta la más mínima voz crítica es sistemáticamente aplastada. Orbán ha entendido que el poder no solo se trata de leyes, sino de conquistar la conciencia. Ya no es la "Hungría bajo el régimen de Orbán", sino simplemente la Hungría de Orbán.
Y esto nos lleva naturalmente a las próximas elecciones europeas. En una columna reciente se señalaba que "Viktor Orbán y sus aliados no ganarán las elecciones europeas". Es un punto importante. Porque aunque él se mantiene fuerte en Budapest, la lucha en la escena europea es muy diferente. Su alianza de fuerzas nacionalconservadoras es heterogénea y las tensiones internas son enormes. Pero decir que no ganarán no es lo mismo que decir que no causarán estragos. Ya han cambiado la conversación en Bruselas. Han movido los límites de lo que es políticamente aceptable. Incluso si no logran la mayoría, Orbán ya ha ganado en un punto crucial: ha conseguido que el resto de Europa juegue según sus reglas.
Observando la situación actual, hay tres cosas que me quedan claras:
- El gas como arma geopolítica: El corte del gas a Ucrania demuestra que la seguridad energética sigue siendo la moneda más dura en la política de Europa del Este. Orbán está poniendo a prueba hasta dónde puede presionar tanto a Kiev como a Bruselas antes de que haya una reacción en su contra.
- La historia se repite: Desde la época de Francisco José hasta hoy, los líderes húngaros se han visto a sí mismos como protectores de un interés nacional que a menudo choca con el mundo exterior. Orbán ha perfeccionado esta narrativa y la ha envuelto en una estética autoritaria moderna.
- La sombra de las elecciones europeas: Todas sus maniobras ahora están calculadas con la mirada puesta en el equilibrio de poder en Estrasburgo. Sabe que una UE debilitada le da más margen para consolidar su propio sistema en Hungría.
Mientras estamos aquí, en marzo de 2026, vale la pena recordar que el gas no es lo único que escasea en la región. También lo hace la confianza. La confianza en que las viejas reglas del juego se mantienen. Viktor Orbán ha construido su carrera explotando esas grietas en el sistema. Ha leído la historia —y su propia versión de "Cómo ser un dictador"— con atención. La pregunta ahora es si el resto de Europa finalmente ha leído el mismo libro, o si seguiremos dejándonos sorprender cada vez que él pulse el botón rojo.