Crítica de 'Proyecto Hail Mary': La comedia espacial de Ryan Gosling es un auténtico pelotazo
Mirad, voy a ser sincero. Cuando entras a ver una epopeya de ciencia-ficción de dos horas y treinta y seis minutos con un presupuesto de más de 200 millones de dólares, más o menos sabes a lo que te enfrentas. Esperas el espectáculo de efectos visuales, la grandiosidad del IMAX y la soledad existencial del espacio. Ya lo has visto antes, desde Gravity hasta Interstellar: el espacio suele ser un lugar frío y silencioso.
Lo que no esperas es salir del cine con ganas de inventar una forma de chocar los cinco con tus colegas en un nuevo idioma de tres pasos. No esperas enamorarte perdidamente de una criatura con cinco patas, con aspecto de roca, que solo se comunica mediante notas musicales. Pues aquí estamos. Proyecto Hail Mary, lo último de los genios locos Phil Lord y Christopher Miller (La Lego Película, Spider-Verse), no es solo otra peli de supervivencia. Es la comedia de colegas más improbable, e irresistible, del año.
Con estreno aquí en España el 20 de marzo, la película presenta a Ryan Gosling como Ryland Grace, un profesor de ciencias de instituto que despierta de un coma inducido en una nave espacial a años luz de casa. Está desorientado, desaliñado y no tiene ni idea de cómo ha llegado allí ni de por qué sus dos compañeros de tripulación están muertos. Mientras su memoria se reconstruye lentamente mediante flashbacks hábilmente colocados, conocemos la aterradora verdad: el sol se está muriendo. Un microbio alienígena rebelde está debilitando su energía, y Grace —un biólogo molecular brillante pero inadaptado académico— es el último y desesperado intento de la humanidad por solucionarlo. Él es el último cartucho, el "Proyecto Hail Mary".
El Efecto Gosling: Humanizando al astronauta
Si has visto la película de Barbie, sabes que Gosling tiene un talento cómico enorme. Aquí se apoya en ello, y a lo grande. Un momento está haciendo cálculos para salvar el mundo, y al siguiente, en un arranque de pánico que resulta totalmente improvisado (y al parecer, lo fue en parte), está bromeando con que él es el "pringao" de la tripulación. Los cineastas dejan que Gosling sea simplemente Gosling: ese encanto ligeramente bobalicón y autocrítico que esconde una mente aguda y solitaria. Los directores Lord y Miller querían hacer una película no sobre lo frío que es el espacio, sino sobre un tipo que se siente solo en la Tierra y va al espacio para hacer un amigo. Ese concepto funciona a la perfección gracias a Gosling. Hace que el aislamiento resulte cercano y que sus avances científicos se sientan como auténticas victorias.
En el papel opuesto está Sandra Hüller (Anatomía de una caída), interpretando a la directiva del grupo de trabajo, la dura y pragmática Eva Stratt. Hüller aporta una humanidad fascinante a una mujer que es, esencialmente, una burócrata despiadada, que toma decisiones difíciles sin inmutarse, pero sin dejar que olvidemos que hay una persona bajo esa fachada gélida. Sus escenas de flashback juntas anclan las enormes apuestas cósmicas en presiones terrenales muy reales.
Entra Rocky: El que realmente roba la escena
Pero hablemos de la auténtica estrella del show. Hacia la mitad de la película, Grace descubre que no está solo. Otra nave, de un planeta llamado Erid, está en la misma misión. Su único ocupante es una criatura a la que Grace apoda "Rocky". Y aquí es donde Lord y Miller realizan su truco de magia. En lugar de un pegote digital, Rocky es un muñeco práctico (animatrónico), interpretado por James Ortiz. Tiene cinco brazos, un cuerpo que parece un pedazo amigable del paisaje de Arizona y se comunica mediante tonos musicales que el ordenador de Grace traduce en frases simples, casi infantiles.
Y amigos, os lo juro, vais a adorar a esta roca. La relación entre Grace y Rocky es el corazón de la película. Son dos científicos de mundos diferentes que no pueden estar físicamente en la misma habitación (incompatibilidad atmosférica, claro), pero que forjan un vínculo basado en la curiosidad mutua y la pura y desesperada esperanza. Los momentos en los que Rocky "canta" sus pensamientos, o aprende a chocar los cinco con Grace, son pura alegría sin cinismo. Es el tipo de cosas que te recuerdan por qué vamos al cine.
Un festín visual sin el síndrome de la pantalla verde
Ahora, un apunte rápido sobre el aspecto visual. Quizás hayáis oído los rumores en internet: hubo cierto revuelo cuando los directores dijeron que no habían usado "pantalla verde". Luego lo han aclarado, y con razón. Hay miles de planos con efectos digitales (cortesía de ILM y Framestore), pero la clave es que construyeron la nave espacial Hail Mary. De verdad. Los decorados son reales. Rocky estaba ahí, físicamente. Esto significa que la iluminación es real, los reflejos en la visera de Gosling son reales, y las interpretaciones reaccionan a algo tangible. El resultado es una película que se siente sólida e inmersiva, un universo que casi puedes tocar. Nada que ver con el aspecto pulido y estéril de tantos blockbusters modernos.
La escala es masiva, pero la historia se mantiene íntima y personal. Es esencialmente un duelo interpretativo entre un tipo y su nuevo amigo alienígena, intentando salvar sus respectivas civilizaciones. Si eres fan de la novela de Andy Weir (y seamos sinceros, ¿quién no lo es?), la adaptación es un triunfo estilizado. El guionista Drew Goddard (que también adaptó Marte (The Martian)) sabe exactamente qué mantener y qué recortar, centrándose directamente en el núcleo emocional sin perderse en tecnicismos científicos.
Para aquellos a los que os guste la ciencia ficción con un poco más de... bueno, de todo, esta es vuestra película. Saca ese mismo gusto por el optimismo y la resolución de problemas de los libros de la serie Bobiverse —ya sabéis, la serie Somos Legión (Somos Bob) de Dennis E. Taylor, donde una IA con conciencia tiene que descubrir cómo replicarse y explorar la galaxia. Y si la tensión de la carrera espacial de la Guerra Fría es más lo vuestro, Los asesinatos de Apolo de Chris Hadfield ofrece un contrapunto más crudo y de thriller al calor de Hail Mary. Pero en cuanto a puro espectáculo edificante? Esta película está en una liga propia.
Por qué tienes que ver esto en el cine
Esta no es una película para esperar a verla en streaming. Exige ser vista en la pantalla más grande y con el mejor sonido que encuentres. Los directores han creado algo que se siente a la vez clásico y completamente nuevo. Tiene la majestuosidad de pero el corazón de E.T..
- El Diseño de Sonido: La banda sonora de Daniel Pemberton es preciosa y épica, pero el sonido de la nave de Rocky, las vibraciones de su lenguaje... es increíble.
- La Fotografía de Greig Fraser: El tío que rodó Dune sabe cómo hacer que el espacio se sienta inmenso, y hace que los momentos íntimos entre Grace y su ordenador (con la voz de Priya Kansara) se sientan igual de grandiosos.
- Los Efectos Prácticos: Esa nave. Ese alien. Tienes que verlos en movimiento.
Mirad, yo entré esperando pasármelo bien. Salí totalmente convencido. Proyecto Hail Mary es un recordatorio de que los blockbusters pueden ser inteligentes, divertidos y genuinamente conmovedores. Es una película sobre el poder de la cooperación, la belleza del descubrimiento científico y el hecho de que, incluso cuando el sol se está muriendo, siempre puedes encontrar a un colega que te ayude a sobrellevarlo. Increíble, increíble, de verdad.