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Reds vs Waratahs 2026: Un doblete tardío de Gordon sella una victoria vibrante en un clásico del Super Rugby

Rugby ✍️ Hamish McKay 🕒 2026-03-14 16:07 🔥 Vistas: 1
Reds vs Waratahs Super Rugby 2026

Si eres de los que disfruta con el rugby de trincheras, el de toda la vida, la noche del sábado en el Suncorp Stadium fue tu particular templo. Los Queensland Reds y los NSW Waratahs —dos equipos que se enfrentan desde 1882— ofrecieron un partido de la Super Round que mantuvo a 52.000 almas en vilo hasta el último suspiro. Y cuando el polvo se asentó, un doblete tardío del eléctrico wing de los Reds, Gordon, fue lo que partió el corazón de los Waratahs y desató la locura entre la afición local.

No era solo otro partido de la fase regular; era un duelo cargado de historia y resentimiento. La tensión se palpaba desde el túnel de vestuarios. Los Tahs, desesperados por romper una racha de tres derrotas consecutivas en Brisbane, saltaron al campo dispuestos a todo. Su delantera, liderada por el capitán Hugh Sinclair, impuso su ley desde el principio y puso a los Reds contra las cuerdas. Pero Queensland, como suele hacer en estos duelos, encontró la manera de aferrarse al partido con uñas y dientes.

Una primera parte para el recuerdo

Los primeros cuarenta minutos fueron una partida de ajedrez a cien por hora. El apertura de los Waratahs, Tane Edmed, dirigía la orquesta con maestría, castigando a los Reds con precisos golpes de castigo tácticos y colocando dos penales que daban a los visitantes una ventaja de 13-7 al descanso. El único ensayo de los Reds llegó gracias a una genialidad individual: el zaguero Jock Campbell se coló por un enorme agujero en la defensa 'Tah' tras un hábil pase al pie de Hunter Paisami. Pero se palpaba en el ambiente que lo mejor estaba por llegar.

El show de Gordon

Lo que dijera el entrenador Les Kiss en el vestuario funcionó a las mil maravillas. Los Reds saltaron al césped en la segunda mitad con un ímpetu renovado. Empezaron a ganar la batalla en el contacto, y su trabajo en el breakdown, orquestado por Fraser McReight, forzó errores inusuales en los Waratahs. Pero cada vez que los locales parecían tomar el control, los Tahs respondían. Era brutal, era hermoso, y todo estaba conduciendo a algo especial.

A falta de doce minutos para el final y con los Waratahs aferrándose a una ventaja de 24-19, el partido entró en su capítulo final y más frenético. Fue entonces cuando Gordon, el velocista de 23 años que había pasado relativamente desapercibido toda la noche, decidió apagar la luz. Primero, en el minuto 72, recibió un pase plano de Tate McDermott, se fue con un recorte hacia dentro y se deshizo de tres defensores para apoyar en el corner. La conversión falló, pero el daño ya estaba hecho: empate a 24.

Por si fuera poco, Gordon guardó su obra maestra para la última jugada del partido. En campo propio, los Reds robaron un lineout de los Waratahs. McDermott vio un hueco detrás del ruck, se la dio a Gordon, que llegaba en corto, y el wing simplemente explotó. Dio un patadón hacia adelante, recogió su propio bote y recorrió 45 metros para apoyar bajo los palos justo cuando sonaba la sirena. El Suncorp Stadium estalló como un volcán.

Momentos clave que definieron el duelo

  • Arrancada de Gordon en el corner (min. 72): Niveló el marcador cuando los Reds parecían sin ideas.
  • El robo del minuto 78: Fraser McReight forzó la pérdida que le dio a McDermott la plataforma para lanzar el contraataque definitivo.
  • El patadón y carrera de Gordon (min. 80): Pura poesía rugbística—una definición gélida bajo una presión inmensa.
  • La defensa sobre la línea de los Waratahs (min. 65): Frenaron a los Reds sobre misma línea de marca, lo que en ese momento pareció un acto que decantaba el partido.

Tras el partido, un atónito equipo de los Waratahs solo podía lamentar lo que se les había escapado. Para los Reds, fue una reivindicación—la prueba de que su actitud de nunca darse por vencidos, forjada en el fragor de esta rivalidad australiana, puede cambiar un partido en un abrir y cerrar de ojos. Mientras las luces del Suncorp bañaban de oro a los jugadores celebrando, una cosa quedó meridianamente clara: cuando los Reds y los Waratahs se ven las caras, sería una locura apartar la mirada.

De este partido se hablará en los pubs de Brisbane durante años. ¿Y Gordon? Acaba de grabar su nombre un poco más hondo en la leyenda de este magnífico enfrentamiento. Que llegue pronto el siguiente capítulo.