Reds vs Waratahs 2026: Doblete tardío de Gordon asegura una victoria electrizante en el Clásico del Super Rugby
Si eres fanático del rugby de antaño, de ese que retumba hasta los huesos, la noche del sábado en el Suncorp Stadium fue tu templo. Los Queensland Reds y los NSW Waratahs —dos equipos que se han enfrentado desde 1882— regalaron un clásico de la Súper Jornada que mantuvo a 52,000 almas al borde del asiento hasta el último suspiro. Y cuando el polvo se asentó, un doblete tardío del eléctrico wing de los Reds, Gordon, fue lo que rompió el corazón de los Waratahs y desató la locura entre la afición local.
Esto no era solo un partido más de la fase regular; era un duelo cargado de historia y rencor. La tensión se palpaba desde el túnel. Los Tahs, desesperados por romper una racha de tres derrotas en Brisbane, saltaron a la cancha con todo. Su pack de forwards, liderado por el capitán Hugh Sinclair, impuso condiciones desde el inicio y puso a los Reds contra las cuerdas. Pero Queensland, como suele hacer en este tipo de encuentros, encontró la manera de aferrarse con las uñas.
Un Primer Tiempo para el Recuerdo
Los primeros cuarenta minutos fueron una partida de ajedrez a 100 por hora. El apertura de los Waratahs, Tane Edmed, manejaba los hilos con maestría, encerrando a los Reds con precisos patadazos tácticos y acertando dos penales para darle a los visitantes una ventaja de 13-7 al descanso. El único try de los Reds llegó gracias a una jugada de genio individual: el fullback Jock Campbell perforando un boquete en la línea defensiva de los Tahs tras un pase inteligente al hueco de Hunter Paisami. Pero se notaba que lo mejor estaba por venir.
El Show de Gordon
Lo que sea que haya dicho el entrenador Les Kiss en el vestidor funcionó. Los Reds salieron para la segunda mitad con un renovado veneno. Empezaron a ganar la batalla en el contacto, y su trabajo en el breakdown, liderado por Fraser McReight, forzó a los Waratahs a cometer errores inusuales. Pero cada vez que los locales parecían tomar el control, los Tahs respondían. Era brutal, era hermoso, y todo apuntaba a un final épico.
Con doce minutos en el reloj y los Waratahs aún aferrados a una ventaja de 24-19, el partido entró en su capítulo final, frenético. Y fue entonces cuando Gordon, el velocista de 23 años que había estado relativamente tranquilo toda la noche, decidió apagar la luz. Primero, en el minuto 72, tomó un pase plano de Tate McDermott, se fue para afuera con su pie izquierdo y quemó a tres defensores para apoyar en el rincón. La conversión falló, pero el daño estaba hecho—empate a 24.
Por si eso fuera poco, Gordon guardó su obra maestra para la última jugada del partido. Dentro de su propia mitad, los Reds robaron un lineout de los Waratahs. McDermott vio el espacio detrás del ruck, se la dio a Gordon en corto, y el wing simplemente explotó. Se autopateó, juntó de nuevo y corrió 45 metros para apoyar bajo los palos justo cuando sonaba la sirena. El Suncorp estalló como un volcán.
Los Momentos Clave que Definieron el Encuentro
- El destello de Gordon al rincón (minuto 72): Niveló el marcador para los Reds cuando parecían sin ideas.
- El robo en el minuto 78: Fraser McReight, con su "jackal", le dio a McDermott la plataforma para lanzar el contraataque final.
- El autopase y definición de Gordon (minuto 80): Pura poesía del rugby—una definición de hielo bajo presión extrema.
- La defensa heroica de los Waratahs (minuto 65): Detuvieron a los Reds sobre la línea, que en ese momento parecía la jugada del partido.
Después del partido, un atónito equipo de los Waratahs solo podía maravillarse de lo que habían dejado escapar. Para los Reds, fue una reivindicación—la prueba de que su actitud de nunca darse por vencidos, forjada en el crisol de esta rivalidad australiana, puede cambiar un partido en un abrir y cerrar de ojos. Mientras las luces del Suncorp bañaban en dorado a los jugadores celebrando, una cosa era cristalina: cuando los Reds y los Waratahs se enganchan, estarías loco si apartas la mirada.
De este partido se hablará en los bares de Brisbane por años. ¿Y Gordon? Acaba de grabar su nombre un poco más profundo en la historia de este magnífico duelo. Que venga el siguiente capítulo.