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El conflicto por delegación entre Israel e Irán: ¿cómo leer el escenario detrás de la mesa de negociación?

Medio Oriente ✍️ أحمد المنصوري 🕒 2026-03-25 14:29 🔥 Vistas: 2
Escena de la escalada militar entre Israel e Irán

El reloj marca las cuatro de la madrugada. En Tel Aviv, como en Teherán, los momentos cruciales no se miden en horas, sino en los segundos que separan la decisión de ir a la guerra de la decisión de buscar la paz. Aquí, en este rincón del mundo, estamos acostumbrados a leer la realidad con una mirada que no pasa por alto los pequeños detalles detrás de los grandes titulares. Lo que ocurre hoy entre Israel e Irán no es un simple intercambio de golpes, sino el punto culminante de un conflicto por delegación que se extiende por décadas, y ahora el velo ha caído y el enfrentamiento se ha vuelto directo como nunca antes lo habíamos visto.

Hace unos días, parecía que todos esperaban el peor de los escenarios. Los mensajes de Teherán llegaron a los mediadores con cinco condiciones claras para un alto al fuego, no son simples demandas pasajeras, son líneas rojas. Quien sigue de cerca la situación se da cuenta de que este momento se asemeja a un capítulo del libro “A Call at 4 AM: Thirteen Prime Ministers and the Crucial Decisions That Shaped Israeli Politics”, donde los cálculos políticos se entrelazan con la arrogancia estratégica. Quienes toman las decisiones allá, como en Teherán, saben muy bien que la guerra no es solo una batalla militar, sino una partida de ajedrez cuyo tablero se extiende desde el Golfo hasta el Mediterráneo.

En los pasillos cerrados, el nombre de Elliott Kauffman se escucha con frecuencia estos días. No porque tenga respuestas mágicas, sino porque su experiencia en el tema de Intelligence: From Secrets to Policy nos recuerda una verdad fundamental: el trabajo de inteligencia por sí solo no toma las decisiones, pero su ausencia genera desastres. Lo que está ocurriendo ahora en la frontera norte de Israel, y en la profundidad de Irán, es una verdadera prueba de esta afirmación. Teherán busca levantar el bloqueo a su economía y quiere garantías de que no se expandirá la influencia militar estadounidense en su entorno inmediato. Israel, por su parte, se enfrenta a una ecuación difícil: ¿cómo disuadir a un adversario que sabe muy bien que un golpe de hoy será respondido con otro aún más fuerte mañana?

Este conflicto tiene dimensiones que no se leen solo a través del estruendo de las explosiones, sino a través de los libros que describen la soledad de la toma de decisiones. El libro “Israel Alone”, por ejemplo, discutía la idea de que el Estado hebreo, en momentos decisivos, se encuentra solo frente al mundo. Pero la realidad actual demuestra que esa soledad es relativa. El mundo entero está ahora observando, y la pregunta que está sobre la mesa de las negociaciones no declaradas es: ¿estamos ante una guerra regional abierta, o ambas partes buscan una salida que devuelva las cosas a como estaban apenas 24 horas antes, pero con un nuevo equilibrio de poder?

En las sesiones de debate aquí en Dubái y Abu Dabi, nos centramos en el punto más importante: el conflicto por delegación entre Israel e Irán ya no es por delegación. Se ha vuelto directo. Y esto conlleva tanto oportunidades como riesgos. Para nosotros en la región, la relativa calma que vivimos no es ajena a lo que sucede, sino el resultado de una lectura cuidadosa del panorama. Emiratos, desde el principio, ha basado su estrategia en el principio de una neutralidad prudente, pero esta neutralidad no significa ausencia. Los mensajes se envían en secreto y en público: queremos estabilidad, queremos que las rutas de navegación marítima permanezcan abiertas, y no queremos que el conflicto se convierta en una excusa para ajustar cuentas regionales más amplias.

Si quieres entender hacia dónde van las cosas, mira tres puntos en concreto:

  • El techo de las demandas iraníes: Las cinco condiciones que surgieron de los círculos cerrados de Teherán no son solo para negociar, sino para probar la seriedad de la otra parte. Las demandas incluyen un cese completo de los ataques y garantías de no atacar posiciones iraníes en Siria, y esto nos devuelve al círculo de la guerra por delegación que creíamos haber dejado atrás.
  • El despliegue militar estadounidense: Movimientos sin precedentes de fuerzas estadounidenses adicionales en la región se han hecho evidentes para los observadores. Esto no es una señal de una guerra inminente, sino un mensaje de disuasión doble: tanto para Irán como para Israel. Washington no quiere que el conflicto se expanda en vísperas de unas elecciones clave.
  • El lenguaje de los mercados: Los precios del petróleo no se han disparado de manera desorbitada a pesar de las tensiones. Esto significa que los grandes inversionistas de la región están leyendo el escenario más probable: una guerra de desgaste limitada seguida de negociaciones agotadoras, no un enfrentamiento total. El mercado aquí es inteligente y sabe que nadie quiere quemar todas las naves.

En conclusión, desde mi experiencia cubriendo este tema durante diez años, puedo decir que el momento actual conlleva una gran paradoja: el mayor peligro no reside en el golpe que ya se ha dado, sino en una mala evaluación del siguiente paso. Teherán sabe que Tel Aviv está bajo presión interna para lograr una "disuasión clara", y Tel Aviv sabe que Teherán no aceptará perder las cartas de poder que ha construido cuidadosamente durante dos décadas. Las negociaciones, incluso si son a través de mediadores, ahora están en la sala de operaciones y no en las salas de juntas. Los próximos días determinarán si leeremos este escenario como un episodio más en un largo libro, o como un capítulo decisivo que redibuje por completo el mapa de Medio Oriente.