Trump, Irán y el estrecho de Ormuz: la escalada que mantiene al mundo en vilo
Hay momentos en que la historia parece desbocarse, y uno tiene la sensación de vivir cada mañana una nueva página de un libro que preferiría no leer. Desde anoche, más o menos así se siente. Los ecos que llegan de Teherán y Washington resuenan como una advertencia sin rodeos: estamos a un paso de una confrontación abierta. Y esta mañana, el único tema que copa todas las conversaciones, desde los muelles del Sena hasta los think tanks de Ginebra, es el ultimátum lanzado por Irán sobre el estrecho de Ormuz. El gobierno iraní acaba de anunciar que “cerraría por completo” el paso si las centrales nucleares o las infraestructuras energéticas del país son atacadas. Una amenaza que, en el contexto actual, no tiene nada de retórica barata.
Para entender por qué este trozo de mar entre el golfo Pérsico y el golfo de Omán concentra tantas tensiones, hay que mirar las últimas 48 horas. La administración Trump ha dejado filtrar planes que, de confirmarse, apuntarían a instalaciones estratégicas en Irán. La idea de atacar centrales eléctricas es tocar el nervio sensible de la guerra en una región donde la electricidad y el petróleo son las dos columnas vertebrales del poder. En respuesta, Teherán sube la apuesta con un arma asimétrica temible: el chantaje sobre el tráfico marítimo. Cerca del 20 % del petróleo mundial pasa por este estrecho. Cerrar Ormuz equivaldría a enviar una onda expansiva mucho más violenta que las crisis petroleras de los años 70, e incluso que el shock desatado por la guerra en Ucrania. Los especialistas coinciden, en privado, en que un conflicto abierto combinado con un bloqueo podría desatar una crisis energética de proporciones inéditas. Hablamos de un escenario donde el precio del barril se convertiría en una simple cifra abstracta.
En momentos como este, siempre me ha gustado rebuscar en la biblioteca. No para encontrar respuestas hechas, sino para hallar patrones que se repiten. Cuando uno ve a un presidente estadounidense embarcarse en una confrontación tan arriesgada al final de su mandato, pienso de inmediato en un libro que tengo en la mesita de noche: “When You Come at the King: Inside DOJ's Pursuit of the President, From Nixon to Trump”. No es solo una historia de procedimientos judiciales. Es la muestra perfecta de cómo un poder ejecutivo, acorralado internamente, tiende a veces a buscar una salida mediante la escalada hacia afuera. El paralelismo con “One Damn Thing After Another: Memoirs of an Attorney General” es impresionante. Estas memorias, de un exfiscal general, describen una maquinaria política donde las decisiones internacionales suelen tomarse en un círcerulo cerrado y sobrecargado, lejos de los matices de la sala de crisis.
Lo que me llama la atención es también la ausencia casi total de una cierta “gramática” política en esta confrontación. Da la impresión de que los fundamentos de la ciencia política, esos que se enseñan en obras como “Power and Choice: An Introduction to Political Science” o “Introduction to Comparative Politics”, están momentáneamente suspendidos. Normalmente, en un pulso internacional, existen salvaguardas, canales de comunicación, “canales paralelos”. Aquí, estamos asistiendo a un diálogo de sordos amplificado por personalidades fuertes. Y no hay que olvidar a los actores en la sombra en este asunto. Pienso en Naghmeh Abedini Panahi, esa figura de la sociedad civil iraní cuyo nombre aparece a menudo en los análisis más finos de la situación. Su historia, como la de tantos otros, recuerda que, más allá de los misiles y los petroleros, existe una sociedad iraní que observa este peligroso juego con una angustia que nosotros, aquí, nos cuesta imaginar.
Entonces, ¿qué cabe esperar en las próximas horas? Estos son, a mi juicio, los tres puntos de máxima alerta:
- La respuesta a la respuesta: Si Irán pasa a la acción en Ormuz, no esperen una simple condena verbal. La administración Trump ha mostrado en el pasado que responde con fuerza. La cuestión es si esa respuesta será calculada o si abrirá la caja de Pandora.
- El efecto dominó en el precio de la energía: Los mercados ya están nerviosos. Un cierre, aunque sea parcial, del estrecho provocaría un alza instantánea. Para Europa, aún dependiente de ciertas fuentes, sería un golpe económico durísimo en pleno proceso de transición.
- La unidad nacional en Irán: Nada une más a un pueblo que un ataque externo. Un ataque estadounidense contra infraestructuras civiles, como las centrales eléctricas, tendría el efecto contrario al buscado. Borraría temporalmente las fracturas internas para crear un frente unido contra “el Gran Satán”.
Lo digo sin énfasis: no es un simple episodio de tensiones de los que vemos cada seis meses en esta región. La amenaza de un “cierre total” de Ormuz, sumada a planes ofensivos contra sitios energéticos, nos coloca en una zona de turbulencias que los veteranos de la política exterior comparan con los peores momentos de la guerra fría. Los libros de historia, los que narran errores de cálculo y escaladas trágicas, están llenos de capítulos que empiezan exactamente como este. Está por ver si los actores de hoy tendrán la perspectiva suficiente para pasar la página antes de que sea demasiado tarde. Mientras tanto, tendré un ojo en el tráfico marítimo y el otro en las declaraciones que se produzcan en las próximas horas. Porque aquí, en Teherán como en Washington, esto ya no es ciencia ficción. Es tiempo real.