El Segundo Acto de Donald Trump: Amenazas de Aranceles, Ecos de Epstein y el 'Show' Continúa
Esta mañana, Donald Trump volvió a la carga, lanzando una ráfaga de publicaciones desde el Despacho Oval que hicieron vibrar los cables diplomáticos desde la Ciudad de México hasta Doha. Con la frágil tregua en Medio Oriente desmoronándose y los líderes europeos intentando coordinar una respuesta en Bruselas, el 47º presidente dejó una cosa muy clara: su segundo mandato no se trata de bajar el volumen, sino de subirlo al máximo, sin importar las consecuencias.
Para nosotros aquí en México, ese ruido se siente mucho más cerca de lo que marcan los kilómetros. Ya hemos vivido guerras comerciales antes; nuestros productores de aguacate y cerveza aún resienten las cicatrices del último round de represalias arancelarias. Pero los aranceles en el segundo gobierno de Trump pintan para ser un desafío completamente distinto. Los rumores desde Washington apuntan a un nuevo gravamen del 25% sobre el acero y aluminio europeo desde el próximo mes, con la amenaza de aranceles sectoriales a autos y productos farmacéuticos, como una espada de Damocles sobre la Unión Europea. El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, tras reunirse con aliados de la OTAN, captó el sentir en Bruselas al decir: "Debemos mantenernos unidos y firmes". Bonitas palabras. ¿Pero será suficiente la unidad contra un presidente que trata los aranceles no como política económica, sino como entretenimiento estelar?
Y luego está la sombra que simplemente no se va: la relación entre Donald Trump y Jeffrey Epstein. Los documentos judiciales revelados la semana pasada, parte de un largo proceso legal, han vuelto a poner el foco en esa asociación. Se están revisando viejos registros de vuelos, declaraciones de testigos y fotos de principios de los 2000. Donald Trump Jr. fue rápido en restarle importancia durante una reciente aparición en televisión, calificándolo de "historia reciclada para obtener clics". Pero para muchos, las imágenes de Trump y Epstein riendo juntos en Mar-a-Lago son un picor que no deja de molestar: un recordatorio de que en la órbita de Trump, lo personal y lo político están para siempre enredados.
Esta perpetua línea borrosa es la razón por la que El Show de Donald Trump —un término que se ha convertido en sinónimo de su mezcla única de instinto televisivo y política de poder sin contemplaciones— ya va por su segunda temporada. El elenco incluye a Don Jr., Eric, y una Ivanka un poco más reservada, mientras que los giros en la trama no paran: una semana se retira de otro organismo de la ONU y a la siguiente lanza un plan descabellado para "comprar" el Canal de Panamá. Es caótico, impredecible, y es exactamente como a su base le gusta. El resto nos queda ver, con las palomitas en la mano, esperando que las consecuencias no lleguen a nuestra puerta.
Allá en Medio Oriente, la frágil tregua que se negoció la primavera pasada se tambalea cada día más. El enviado especial de Trump ha viajado de Riad a Tel Aviv, pero los llamados públicos del presidente a una "victoria total y decisiva", que recuerdan su retórica sobre Afganistán, tienen a los diplomáticos tirándose de los pelos. El contraste con el enfoque más multilateral y de cortejar aliados de Joe Biden no podría ser más marcado. Para Europa, que ha pasado años tratando de construir una política mediterránea coherente, es como ver a alguien arrojar un cerillo a un cuarto lleno de periódicos viejos.
Entonces, ¿qué significa todo esto específicamente para México? Analicemos el impacto local:
- Aguacate, berries y cerveza: El sector agroalimentario y de bebidas, clave en nuestra economía, está en la mira. Si Trump impone aranceles agrícolas, los productores mexicanos podrían sufrir un golpe millonario de la noche a la mañana.
- Industria automotriz y de autopartes: Es nuestro principal producto de exportación a Estados Unidos. Un arancel del 25% sería un golpe durísimo para las plantas y la cadena de suministro en el país.
- Tecnología y servicios digitales: La larga disputa sobre impuestos a servicios digitales no se irá. Trump ya ha amenazado con represalias; los centros de datos mexicanos o las empresas de tecnología podrían estar en la lista.
Al final, mientras El Show de Donald Trump avanza a toda máquina hacia su siguiente corte comercial, México se encuentra atrapado en primera fila. No podemos cambiar de canal, ni podemos fingir que la trama no nos involucra. Todo lo que podemos hacer es prepararnos para los giros, mantener las líneas abiertas con Washington y nuestros socios comerciales, y esperar que los guionistas no maten a nuestros personajes favoritos. Aunque con este elenco, el final nunca, jamás, es predecible.