La 'A' que mueve el mercado: Apple, Amazon y el desafío de la economía de Trump
Hay una letra que en los mercados financieros pesa más que muchas palabras completas: la 'A'. No solo por ser la primera del alfabeto, sino porque agrupa a algunos de los nombres más pesados de la tecnología y el consumo. Hablamos de Apple, Amazon, Airbnb y, aunque muchos la hayan olvidado, Altaba, el vestigio de lo que fue Yahoo. Estos cuatro titanes, todos comenzando con 'A', se enfrentan estos días a un vendaval que sopla desde Washington y que tiene nombre y apellidos: la economía de Trump, con su combinación de aranceles, recortes de empleo público y una retórica bélica que asoma en Oriente Próximo.
El espejismo de los macro datos
En los pasillos del Tesoro insisten en que el pulso económico va viento en popa. Crecimiento, creación de empleo, bolsas al alza... las cifras agregadas son de primera. Pero basta con salir a la calle en cualquier ciudad del medio oeste, o incluso en barrios humildes de Nueva York, para darse cuenta de que la historia que cuentan las gráficas no es la misma que viven las familias. La accesibilidad económica se ha convertido en la palabra maldita. Los salarios, aunque suben en los informes oficiales, no alcanzan para cubrir la renta, la despensa y el recibo de la luz. Y ese desfase entre la macroeconomía y la microeconomía es justo el terreno donde las grandes tecnológicas empiezan a resbalar.
Apple: la manzana y la inflación
Para Apple, el contexto es un auténtico rompecabezas. Sus últimos iPhone son obras de ingeniería maravillosas, pero también pequeñas joyas con precios de tres cifras que exigen un esfuerzo adicional a la clase media. En un entorno donde las familias aprietan el cinturón, el ciclo de renovación del móvil se alarga. Además, la amenaza de nuevos aranceles a productos fabricados en China (aunque parte de la producción ya se haya diversificado) planea como una losa. Y por si fuera poco, una posible escalada con Irán dispararía el precio del petróleo, encareciendo la logística y, de nuevo, el bolsillo del consumidor. Me consta, por conversaciones con gente de la firma, que en Cupertino siguen con lupa los próximos resultados de servicios, donde intentan compensar la menor rotación de hardware.
Amazon: el gigante logístico contra la pared
El caso de Amazon es paradigmático. Por un lado, la plataforma de comercio electrónico suele beneficiarse de la búsqueda de precios bajos; cuando la cosa aprieta, la gente compara y termina comprando en línea. Pero por otro lado, sus márgenes en ventas al por menor son muy ajustados y cualquier subida en costes de transporte o almacenaje (los famosos aranceles y el encarecimiento del combustible) afecta directamente a la cuenta de resultados. Además, la división de la nube, AWS, esa mina de oro de beneficios, empieza a notar que las empresas recortan gastos en infraestructura digital ante la incertidumbre. Los despidos masivos que ejecutó Amazon el año pasado fueron solo el primer aviso; ahora toca gestionar un crecimiento más lento y unos accionistas que no perdonan.
Airbnb: el refugio del viajero con presupuesto ajustado
Cuando la economía se tuerce, lo primero que se sacrifica son las vacaciones. Airbnb lo sabe bien. Durante la pandemia fue el rey del alojamiento alternativo, pero ahora la inflación y la pérdida de poder adquisitivo hacen que muchos se lo piensen dos veces antes de reservar ese fin de semana en la playa. Estancias más cortas, viajes más cerca de casa y la competencia de los hoteles, que han flexibilizado precios, ponen presión a la plataforma. Y todo ello en medio de un escrutinio regulatorio cada vez mayor en ciudades como Nueva York o Barcelona, justo cuando el anfitrión medio necesita más ingresos para pagar sus hipotecas. La 'A' de Airbnb brilla menos en este panorama.
Altaba: el fantasma de las puntocom
Quizá el caso más curioso sea el de Altaba. Para quienes no lo recuerden, es la cáscara vacía que quedó tras la venta del negocio principal de Yahoo. Su principal activo durante años fueron las participaciones en Alibaba y Yahoo Japón, pero las ha ido liquidando. Hoy es una especie de fondo de inversión en descomposición, una reliquia que aún cotiza y que sirve como termómetro de cómo el mercado valora el legado de la primera era de internet. Con la volatilidad actual y la huida de los inversores hacia activos refugio, Altaba representa esa 'A' olvidada, el pasado que ya no volverá, pero que también sufre las turbulencias del presente. Su cotización refleja el escepticismo sobre las tecnológicas maduras y la falta de grandes catalizadores.
Lo que viene: aranceles, empleo y petróleo
En los próximos meses, estos cuatro apellidos con 'A' tendrán que navegar entre tres grandes amenazas:
- Los aranceles: La política proteccionista de Trump no da tregua y encarece la cadena de suministro global.
- El empleo público: Los recortes en la administración (los famosos despidos de los que todo el mundo habla en Washington) restan ingresos fijos a muchas familias que antes gastaban en tecnología y viajes.
- La geopolítica: Una escalada con Irán dispararía el crudo, con efectos en cadena sobre la inflación y el consumo.
Mientras tanto, en la Reserva Federal mantienen la tasa de interés alta, encareciendo la financiación tanto para estas empresas como para sus clientes. No es un escenario sencillo. Y lo más paradójico es que, en términos macro, Estados Unidos siga mostrando cifras de crecimiento. Pero ya se sabe: una cosa es la foto oficial y otra, la de la cartera que llevamos encima. Las 'A' del mercado lo están empezando a notar en sus balances. Veremos si resisten o si la tormenta se lleva alguna por delante.