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Despido por uso fraudulento del distintivo: el Tribunal Supremo confirma, adiós al trabajo

Trabajar ✍️ Marco Rossi 🕒 2026-04-09 07:21 🔥 Vistas: 3
Despido y trabajo

Hay maneras y maneras de ser despedido. Pero lo que eligió el empleado de la EAV (el Ente Autonomo Volturno, la empresa que gestiona el transporte público en Nápoles y Campania) es algo que debe evitarse según el manual del trabajador. La Casación acaba de poner fin a un asunto que huele a astucia y falta de profesionalidad: confirmó el despido de quienes utilizaron la insignia de manera fraudulenta. Sin regreso a la empresa, sin repesca. La relación laboral se cierra para siempre.

El protagonista, un tal señor Nappi (el nombre ya figura en la frase), se creía más inteligente que los demás. ¿Su jueguito? Hizo que un colega sellara su placa o la usara él mismo antes de irse, lo que resultó en horas de trabajo que nunca se realizaron. En definitiva, una estafa en perjuicio de la empresa y de todos los ciudadanos que pagan el billete. La extinción de la relación laboral se produjo tras un proceso interno, y ahora el Tribunal Supremo le ha dado la razón a la EAV: el despido es válido, de hecho, sacrosanto.

Cuando la insignia se convierte en arma de despido

Muchos piensan que el despido por motivos económicos es la causa más frecuente de extinción del contrato. O que el despido colectivo es la pesadilla de las grandes empresas en crisis. Pero aquí estamos hablando de otra cosa: confianza, honestidad, buena fe. La ley italiana (artículo 2119 del código civil) dice que la relación puede terminar inmediatamente sin previo aviso cuando el elemento fiduciario ya no está presente. Y una placa manipulada es prueba de que el empleado no es digno de confianza.

  • Fraude de credenciales (como en el caso EAV): fichar por otros o recibir un sello es un engaño que justifica el despido total.
  • Ausencias prolongadas injustificadas otro clásico que conlleva la resolución del contrato.
  • Insultar o amenazar al jefe en la oficina: el Tribunal Supremo ha dicho sí al despido incluso en momentos de enfado, si el episodio es grave.
  • Competencia desleal trabajar para una empresa rival durante el horario laboral o utilizar los recursos de su empleador.

La sentencia de los últimos días no deja escapatoria: el Tribunal Supremo ha reiterado que el empresario no debe tolerar conductas fraudulentas, incluso si el empleado tiene antigüedad o méritos anteriores. El juez de primera instancia y luego la Corte de Apelaciones fallaron a favor de la EAV. El último intento de Nappi fue llevar la batalla a la Corte Suprema, esperando una lectura más suave de las reglas. En cambio, los jueces terminaron el partido con una brusca "desestimación legítima".

No sólo estafas: cuando el trabajo termina por motivos económicos

Obviamente, no todos los despidos surgen por un defecto. En mi carrera como periodista he visto decenas de despidos de relaciones laborales debido a crisis empresariales, reestructuraciones o deslocalizaciones. El despido por motivos económicos es una plaga social, especialmente en el Sur. Pero ojo: incluso en esos casos el empresario debe demostrar la imposibilidad de reubicar al trabajador. No basta con decir "ya no tenemos dinero". Mientras que en el caso de la insignia de estafa, la prueba es clara y el juez no lo salvará.

Lo mismo ocurre con el despido colectivo, que afecta al menos a cinco personas en 120 días. Allí existen procedimientos sindicales, negociaciones y redes de seguridad social. Aquí, sin embargo, no hay negociaciones: un comportamiento incorrecto y el contrato se rompe como una galleta seca. El Tribunal Supremo quiso enviar una señal clara: la buena fe en la realización del servicio no es una opción, es el corazón de la relación laboral.

Entonces, queridos lectores de Nápoles y del resto de Italia, si se les ocurre la idea de ser inteligentes con su placa, recuerden al Sr. Nappi. Su historia ya figura en los manuales de derecho laboral como un ejemplo a no imitar. Y para quien se encuentra del otro lado, quizás víctima de un despido improcedente, el camino es otro: documentación, testigos y un buen abogado. Pero aquí, francamente, el trabajador no tenía excusa. La credencial es sagrada: sólo la sellas cuando entras y sales de verdad.