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Ortona: entre el mal tiempo, la historia y el deporte: colegios cerrados, corte de gas y la fuerza del Pallavolo Impavida

Meteorología ✍️ Luca Di Martino 🕒 2026-04-09 07:09 🔥 Vistas: 4
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¿Quién ha dicho que el mar de los Abruzos es solo sol y playas? Los que vivimos en Ortona lo sabemos bien: cuando el viento cambia, el cielo se vuelve plomizo y el mal tiempo azota la costa con una furia inesperada. En estos primeros días de abril, la ciudad ha cerrado sus puertas y apretado los dientes. ¿El 1 de abril? Colegios cerrados, alerta meteorológica por las nubes. Los niños en casa, las calles desiertas, y los dueños de los locales del paseo marítimo con el corazón en un puño. Luego ayer, el 2 de abril, la ducha fría (literalmente) para barrios como Feudo, Lazzaretto, Savini y Foro. Sin gas. Ni una llama para cocinar un plato de pasta o darse una ducha caliente después de mojarse la chaqueta. Los daños de la tormenta han dejado KO las tuberías, y el enfado de la gente es enorme.

Pero si hay algo que he aprendido viviendo aquí desde siempre, es que Ortona no es una ciudad que se rinda. No lo hizo en el 43, cuando las casas se convirtieron en trincheras y cada rincón era una batalla. La Batalla de Ortona, la que libraron los paracaidistas alemanes y los soldados canadienses, fue una de las más sangrientas de la campaña de Italia. Calle por calle, casa por casa, con los zapadores haciendo volar los muros de carga. La llamaban “el pequeño Stalingrado”. Y hoy, mientras paseas por el paseo marítimo o te tomas algo en el bar de la plaza Trento y Trieste, quizá no piensas en ello. Pero el Cementerio Militar Canadiense de Ortona, en esa colina verde que mira al mar, te lo recuerda cada día. Más de mil tumbas blancas, ordenadas como soldados en formación. Un silencio que pesa, pero que enseña.

Por eso, cuando llega la lluvia o el viento deja sin suministro de gas, no entro en pánico. El Pallavolo Impavida Ortona es un ejemplo. ¿Conocéis a ese equipo que nunca abandona un set, que recupera balones perdidos y remonta el marcador en los últimos intercambios? Pues bien, estamos hechos de la misma pasta. El Impavida es el corazón palpitante de esta comunidad: jóvenes que sudan en el gimnasio, padres que llenan el PalaBianchini, y esa mentalidad de “el que se para está perdido”. Mientras fuera soplaba ese viento maldito de abril, dentro del pabellón se respiraba un aire de redención. Y no es una metáfora.

Hagamos un balance, sin rodeos, de lo que ha dejado este episodio de mal tiempo:

  • Colegios cerrados el 1 de abril: decisión tomada por seguridad, ya que las ráfagas han derribado alguna rama y han hecho peligrosos los desplazamientos. Los niños están contentos, los padres menos – pero mejor un día en casa que un accidente.
  • Problemas en Feudo, Lazzaretto, Savini y Foro: corte de gas por daños en las redes causados por la tormenta. Ni fogones, ni calefacción. Los técnicos están trabajando, pero la paciencia se ha agotado.
  • Fondos de emergencia: el ayuntamiento ya ha destinado partidas para reparar las averías más graves. Se habla de decenas de miles de euros, pero la burocracia es lenta – y los que viven en esas zonas lo saben mejor que yo.

Ahora la lluvia parece haber dejado de golpear los tejados, y la alerta ha remitido. Pero el termómetro de las ganas de seguir adelante ya está alto. Porque Ortona es así: después de la batalla se reconstruye, después del temporal se barren las hojas podridas, después de un set perdido se vuelve a la red y se ataca con más fuerza. Y mientras escribo, pienso en los chicos del Pallavolo Impavida Ortona, en esos jugadores a los que conozco por su nombre, en esas caras que me cruzo en el supermercado. Ellos no se detienen. Y nosotros tampoco.

Si pasáis por estas tierras, acercaos al Cementerio Militar Canadiense de Ortona. Llevad una flor, un pensamiento, aunque solo sea un minuto de silencio. Luego id a ver un partido del Impavida. Sentiréis exactamente lo mismo: el ruido de una comunidad que no sabe perder. Ni siquiera cuando el cielo la abofetea.