Inicio > Deportes > Artículo

Líbano: Entre el histórico triunfo del baloncesto y el miedo a una nueva guerra

Deportes ✍️ Karim Al-Wazir 🕒 2026-03-02 01:33 🔥 Vistas: 22

Estoy aquí, en mi rincón habitual en Berlín, la noche es larga y el café está frío. Pero no puedo dormir; las imágenes y noticias que llegan desde Líbano no me dejan en paz. No hablamos solo de un foco de tensión más en Oriente Próximo. Hablamos de un país que está viviendo una montaña rusa emocional como pocas veces he visto. Por un lado, la euforia deportiva; por el otro, el sordo rumor de una guerra que podría cruzar la frontera en cualquier segundo.

Vista de los tejados de Beirut al atardecer

Una noche en Zouk Mikaël: Cuando el baloncesto salvó al país

Recordemos el pasado viernes. Mientras los diplomáticos en Ginebra y Washington hablaban sin cesar por teléfono, el suburbio de Zouk Mikaël no temblaba por las bombas, sino por el júbilo. La Selección de baloncesto de Líbano logró algo que en este país parece un pequeño milagro: nos hizo olvidar la pesadilla a todos durante 90 minutos. Con un 94-64, barrieron literalmente a Arabia Saudí. No fue un simple partido de clasificación para el Mundial 2027 en Catar; fue una exhibición de poder. Wael Arakji, el maestro, dirigió el juego como si fuera la última sinfonía antes del apocalipsis. Y luego, ese Jihad Elkhatib, hijo de la leyenda Fadi Elkhatib, que debuta con la selección en su primer cuarto y rinde como si fuera lo más normal del mundo. Si eso no es una señal, no sé qué lo es.

La otra cara de la moneda: La sombra sobre Beirut

Pero quien crea que el deporte puede sacar a Líbano de su delicada situación, se equivoca de medio a medio. A solo unos kilómetros del pabellón, en los suburbios del sur, los preparativos están a toda máquina. El asesinato de la cúpula dirigente iraní mediante los ataques coordinados de EE. UU. e Israel ha hecho estallar el polvorín. Hizbulá, todavía muy tocada por la última guerra de 2024, está bajo una enorme presión. Su nuevo secretario general, Naim Qassem, ya ha jurado venganza. Habla del "deber de enfrentarse a la agresión". Uno puede imaginar lo que eso significa: cohetes desde el sur de Líbano, ataques de represalia sobre Beirut, sobre Trípoli, sobre la llanura de la Becá.

Las advertencias son inequívocas. El ministro de Asuntos Exteriores libanés, Youssef Rajji, describió la situación en Ginebra con total claridad: si Hizbulá se viera arrastrada a una guerra entre Irán y Occidente, entonces Israel no dudaría esta vez. Entonces no solo se atacaría MTV Líbano o una oficina de Hizbulá. Entonces irían a por lo que realmente importa: infraestructuras civiles, el aeropuerto de Beirut, las redes eléctricas. Imagínense: ¿una ciudad que apenas empieza a retirar los escombros del último desastre va a ser arrasada? Esa es la realidad en la que viven los libaneses. Miran el baloncesto y, al mismo tiempo, se preguntan si mañana seguirán teniendo un hogar.

El fútbol sigue soñando: La Sub-23 hace historia

Y luego está la tercera historia, la que nos muestra hasta qué punto este Estado está hecho de contradicciones. Mientras Hizbulá muestra sus músculos y Occidente amenaza con sanciones, la Selección de fútbol de Líbano –o más concretamente, la Sub-23– está acaparando sus propios titulares. En Bangkok, este equipo dirigido por Anthony Maasry ha hecho historia. Con un contundente 3-0 contra Mongolia, se han clasificado por primera vez en la historia para la fase final del Campeonato Asiático Sub-23. Un joven Danny Istambouli, que marca dos goles, y luego el capitán Ali Elfadel, que pone la guinda. Eso es el material del que están hechos los héroes. Un pequeño rayo de luz en un mar de desesperanza. Estos chicos viajarán a Arabia Saudí para la fase final de 2026, mientras que sus padres quizás estén ya de nuevo en las trincheras. Es la poesía enferma, hermosa y trágica de Oriente Próximo.

La mano invisible de Teherán

No seamos ingenuos. Todos estos acontecimientos (el deporte, la política, los enfrentamientos diarios) son solo la punta del iceberg. Bajo la superficie, hierve a fuego lento. Según círculos internos que me proporcionan información fiable desde hace años, oficiales iraníes de la Guardia Revolucionaria ya están de nuevo en Líbano preparando a Hizbulá para un posible ataque. Están en las salas de mando de la Becá, revisando las unidades de cohetes, dando las órdenes. El nuevo embajador iraní en Beirut, Mohammad-Reza Raouf Sheibani, es un viejo zorro que conoce el oficio y sabe cómo mover los hilos. Líbano es y seguirá siendo la pieza de Teherán en el juego contra Occidente. Ignorarlo sería negligente.

¿Qué nos queda? ¿Un país en caída libre o en despegue?

Quiero darles una valoración honesta, como llevo haciendo veinte años. Líbano se encuentra en una encrucijada. Los éxitos deportivos son un bálsamo para el alma de una nación traumatizada. Demuestran que este país puede ofrecer algo más que caos y corrupción. Son una señal enormemente potente para invertir en la juventud, en infraestructuras, en un futuro.

Pero, al mismo tiempo, la espada de Damocles de la escalada pende sobre todo ello. Cualquier movimiento en falso, cualquier cohete lanzado por error, cualquier asesinato político puede desencadenar el próximo conflicto generalizado. Para nosotros, como observadores, y especialmente para las empresas que operan o quieren operar en la región, esto significa una cosa: máxima alerta. La situación es más impredecible que nunca. Quien invierta hoy en Líbano (ya sea en derechos de retransmisión de la selección libanesa de fútbol, en patrocinios para los jugadores de baloncesto o en la reconstrucción) debe hacer cálculos muy fríos. Y debe entender que el riesgo no está en las cifras, sino en los búnkeres de Hizbulá y en los portaaviones de Estados Unidos.

Yo seguiré de cerca la situación. Y les aconsejo: no pierdan de vista a Líbano. No solo por los titulares, sino por su gente. Porque ellos nunca se rinden.

  • La euforia deportiva: La selección de baloncesto celebra una contundente victoria por 94-64 contra Arabia Saudí y sueña con el Mundial 2027.
  • El estreno histórico del fútbol: La selección Sub-23 se clasifica por primera vez para la Copa Asiática, un faro de esperanza.
  • La bomba geopolítica: Hizbulá amenaza con represalias tras el ataque de EE. UU. e Israel a Irán; Israel advierte de ataques contra infraestructuras civiles como el aeropuerto de Beirut.
  • La ecuación económica: El equilibrio entre el potencial deportivo y el colapso político se convierte en una prueba de fuego para inversores y la población.