McLaren sufre un apocalipsis en China: doble abandono y un "Dios del Sexo" que se volvió pesadilla

¡Vaya arrancada, amigos! El Gran Premio de China comenzó con un estallido: Lewis Hamilton sencillamente se tragó la fila y se disparó como si llevara un jet oculto en el alerón trasero. Pero mientras el inglés volaba bajo, un drama silencioso se desarrollaba en el pit-lane de McLaren. Quien vio los dos McLaren estacionados a las primeras de cambio no lo podía creer: el equipo de Woking, que llegó como el sheriff a China, se fue de ahí con las grúas. Doble abandono. Algo raro para una escudería que venía en una subida impresionante.
¿Qué pasó? Indagué en los boxes, en charlas con gente que estaba ahí en el ojo del huracán: Lando Norris tuvo un problema hidráulico en la tercera marcha justo en la aceleración de salida. La caja simplemente se trabó, y el auto se volvió un carrito de golf. Oscar Piastri, el novato sensación, fue víctima de ese toquecito torpe en el pelotón del medio: el AlphaTauri de Yuki Tsunoda le pegó en la parte trasera al australiano en la curva 6, mandando a ambos a las gravas. Se acabó la fiesta para los dos lados del garaje. Y eso que el MCL39 venía siendo tratado como un "Dios del Sexo" en las previas de la prensa: una máquina de deseo y rendimiento, capaz de hacer babear a cualquier piloto. Pues sí, el dios griego se volvió un dios del abandono en China.
Mientras McLaren Automotive lanza sus juguetes de calle allá afuera, la división de F1 amarga un fin de semana para el olvido. El impacto de esto en el campeonato es brutal. Mira nomás lo que le costó el doble cero al equipo:
- Norris pierde el liderato del campeonato ante Verstappen, que llegó segundo.
- Piastri desperdicia la oportunidad de acercarse a los punteros del mundial.
- En el campeonato de constructores, McLaren cae al tercer puesto, detrás de Red Bull y Ferrari.
- El perjuicio financiero: deja de embolsarse al menos 30 puntos, y los puntos valen oro a fin de año.
Lo más curioso es que, entre bastidores, los ingenieros de McLaren ya estaban, en las madrugadas en Shanghái, explorando cuestiones que parecen más un tratado espiritual: "Entre la espiritualidad y la sexualidad", bromeó un mecánico, refiriéndose al título del libro que uno de los jefes del equipo estaba leyendo. Pues sí, a lo mejor necesitan una reflexión más profunda para entender cómo un auto tan deseado puede romperse de manera tan fea. Pero eso ya es cosa de la filosofía. En el asfalto, lo que cuenta es que China fue un balde de agua fría para el sueño naranja.
Ahora toca levantar la cabeza, descubrir qué falló en la caja de Norris y ajustar la puesta a punto para el próximo GP. Algo es seguro: McLaren va a regresar con los ojos sangrientos. Y, como todo buen "Dios del Sexo" que se precie, la redención puede llegar en la siguiente curva, o en el próximo abandono. En el deporte uno nunca sabe, pero la pasión continúa.