Rubio desata la polémica con "Unleash Chiang": del argot de la Guerra Fría al pánico por la Tercera Guerra Mundial
El polvorín de Oriente Próximo lleva ardiendo cinco días. Lo que parecía un pulso militar entre Irán y Estados Unidos ha dado un giro radical hacia lo absurdo y peligroso, todo por una frase hecha de la Guerra Fría que llevaba más de medio siglo enterrada. Cuando el secretario de Estado, Marco Rubio, soltó aquello de "vamos a desatar a Chiang" ("we will unleash Chiang"), no solo colapsó Google, sino que arrastró un conflicto, con potencial de desencadenar la Tercera Guerra Mundial, directamente a las tensas relaciones a ambos lados del estrecho de Taiwán durante la Guerra Fría.
"Unleash Chiang": un viaje en el túnel del tiempo de 70 años
Dejando a un lado a Irán, la primera reacción de cualquiera es: ¿Qué tiene que ver Chiang Kai-shek con Oriente Próximo? Como alguien que vivió la entrega de Hong Kong y fue testigo del fin de la Guerra Fría, casi derramo el café al oír esto. Para encontrar el último "éxito" de esta frase, hay que remontarse a 1953, cuando Eisenhower asumió la presidencia de EE. UU. Para intimidar a la recién afianzada China tras la guerra de Corea, ordenó a la Séptima Flota neutralizar la "neutralización del estrecho de Taiwán", lo que en la práctica dejaba vía libre al gobierno nacionalista refugiado en Taiwán para hostigar la costa continental. Vamos, "suelta a Chiang Kai-shek para que muerda a los comunistas".
Setenta y dos años después, esta reliquia histórica ha sido rescatada del museo por Rubio y esgrimida como un "as en la manga" contra Irán. Es un sinsentido histórico tan grande como ver a alguien ir a una guerra moderna con una espada de la Edad de Bronce. Pero Rubio no es tonto; detrás de todo esto se esconde una suerte de "código político".
La "espada de Chiang" de Rubio: ¿Un chiste interno del Partido Republicano?
Según me cuentan mis fuentes en Washington, en los círculos conservadores de EE. UU. circula una versión aún más rocambolesca de esta historia. Al parecer, George H. W. Bush (padre) solía usar la frase "Unleash Chiang" para burlarse de los halcones anticomunistas de su partido, a los que veía como unos ilusos. Pero su hijo Jeb Bush no captó la ironía paterna y se imaginó a "Chiang" como una especie de "guerrero místico" que encarnaba los valores conservadores. En 2006, Jeb Bush regaló una "espada de Chiang" ("Sword of Chang") a su pupilo político, el hoy secretario de Estado Marco Rubio, como símbolo para que liberara al "guerrero conservador" que llevaba dentro.
Así que, cuando oyes a Rubio hablar de "Unleash Chiang", en su cabeza quizá no aparezca la estatua de la colina de Yangmingshan en Taipéi, sino el icono de un guerrero sacado del videojuego Age of Empires. Esa desubicación cultural e histórica tan absoluta es, ni más ni menos, el argumentario que hoy usa Estados Unidos para justificar una guerra. ¿A que es para echarse a temblar?
El factor israelí: ¿Quién es el verdadero "desatado"?
Por supuesto, la guerra no es un juego, y los misiles que caen no son la espada de un "guerrero místico". Volvamos a la geopolítica real. ¿Por qué soltaría Rubio este chiste tan pedante? Muy probablemente para tapar un problema aún más espinoso: ¿Esta guerra se hace por Estados Unidos o por Israel?
Las declaraciones de Rubio la semana pasada fueron bastante chocantes. Dijo que EE. UU. atacaba "preventivamente" a Irán porque sabía que "Israel iba a tomar medidas y que esa acción provocaría inevitablemente una represalia iraní contra las fuerzas estadounidenses". En otras palabras, el razonamiento de Washington es: como el hijo (Israel) va a buscarse una pelea, y para que luego no le den una paliza aún mayor al padre (EE. UU.), más vale que el padre se anticipe y le parta la cara al otro. Esta lógica peregrina de "como mi hijo es un rebelde, yo voy y le pego una paliza al matón de al lado" dejó boquiabiertos tanto a los liberales como a los partidarios de la facción MAGA dentro del país. El senador Bernie Sanders lo resumió perfectamente: "Netanyahu quería la guerra con Irán y Trump se la ha servido en bandeja".
Al fin y al cabo, la idea de "soltar a Chiang Kai-shek" siempre ha significado "soltar los perros". Pero hoy en día, ¿es Estados Unidos quien suelta a los perros, o se ha convertido en el perro de Israel? Esta cuestión, mucho más que las batallas del pasado, es la que merece nuestra reflexión.
ACT UP y las voces antibelicistas: ¿Se repetirá la historia?
Es curioso que, mientras "unleash chiang" se convertía en tendencia, las búsquedas de "ACT UP Oral History Project" se dispararan. Este proyecto documenta cómo el ACT UP (AIDS Coalition to Unleash Power) de los años 80 forzó al gobierno a tomarse en serio la crisis del sida mediante la acción directa. ¿Y por qué la gente busca esto ahora? Porque en las redes sociales se ve a una nueva generación de activistas pacifistas y por la igualdad inspirándose en aquellas tácticas de "quemar sedes gubernamentales" del ACT UP, bloqueando calles y protestando en juntas de accionistas de empresas armamentísticas para impedir que el dinero de los contribuyentes siga yendo al pozo sin fondo de Oriente Próximo.
Desde las cruzadas anticomunistas hasta los grupos radicales contra el sida y la actual ola antibelicista, la palabra "unleash" (desatar) siempre ha ido de la mano de la división y la agitación social en Estados Unidos.
Pánico a la Tercera Guerra Mundial: ¿Alarma injustificada o tormenta perfecta?
Y ya por último, hablemos de la cuestión que más nos quema: "Unleash Chiang Kai-shek Now to Prevent World War III", esta larguísima cadena de búsqueda, ¿qué significa realmente? En apariencia, la frase viene a decir "suelta ya a Chiang Kai-shek para evitar la Tercera Guerra Mundial", pero cualquier avispado entiende que es una humorada negra de la desesperación. En la era nuclear, cuando las grandes potencias están a punto de llegar a las manos en guerras por poderes, cualquier chispa puede encender un conflicto global. Y más ahora que incluso aliados tradicionales de EE. UU. como Canadá, Francia o España han condenado abiertamente las acciones militares de Israel y EE. UU. por "violar el derecho internacional". Estas grietas en la alianza occidental suelen ser, históricamente, el preludio de una gran guerra.
Lo que estamos viendo no es solo una guerra en Oriente Próximo, sino el principio del fin del orden internacional liderado por Estados Unidos tras la Guerra Fría. Rusia, China e incluso varios países del Golfo están llevando la contraria a Washington. Cuando se invoca al fantasma de la Guerra Fría en forma de "Chiang Kai-shek", significa que a Estados Unidos ya no le quedan más recursos y tiene que rebuscar en el baúl de los recuerdos conjuros caducados hace décadas para darse valor.
Para nosotros, la principal enseñanza de todo este jaleo es:
- El sector armamentístico nunca pierde: Por muy absurdas que sean las razones de la guerra, los accionistas de Lockheed Martin y Raytheon siguen riéndose y contando billetes.
- Energía y cadenas de suministro, otra vez en jaque: Con el conflicto en Oriente Próximo, el petróleo y los fletes se disparan, y la inflación global no da tregua.
- Mercados dominados por la aversión al riesgo: El capital huirá hacia el dólar, el oro o incluso el bitcoin. Las bolsas asiáticas se verán sacudidas a corto plazo por este "cisne negro" que no avisa.
Una frase hecha del pasado, de esas que ya nadie usa, ha reventado las instalaciones nucleares de Irán y, de paso, los últimos sueños de los inversores de vivir una época de paz y bonanza. Antes de que este "guerrero místico" haga acto de presencia, más vale que nos aseguremos de que nuestras carteras puedan resistir el temporal de una Tercera Guerra Mundial.