Seguro médico en Suiza: ¿Por qué se disparan las primas y las familias pasan apuros?

Cuando el dinero empieza a escasear a final de mes, muchas familias suizas sienten un nudo en el estómago al pensar en el próximo recibo del seguro. El seguro médico ya no es solo una obligación molesta, sino que para muchos se ha convertido en una auténtica amenaza para su subsistencia. Estas últimas semanas he hablado con muchos conocidos que cantan la misma canción: la aseguradora médica abre un agujero en el presupuesto, y ese agujero es más grande cada año.
¿El doce por ciento de los ingresos? Para muchos ya es mucho más
Oficialmente, se dice que la carga de las primas no debería superar el doce por ciento de la renta disponible. La realidad es muy distinta. Precisamente las familias con dos o tres hijos pagan hoy en día más de mil francos al mes, y eso con el alquiler y los precios de los alimentos por las nubes. Hace poco hablé con una madre del cantón de Argovia que me contó que ella y su marido destinan ahora más del 18% de sus ingresos netos al seguro de enfermedad. No les queda nada para ahorrar, y mucho menos para algún pequeño capricho. La gente está al límite, y los políticos hablan de "soluciones asumibles".
¿Por qué suben tanto las primas?
Claro, los costes sanitarios se disparan (nuevos medicamentos, equipos caros, más tratamientos), pero esa es solo una parte de la verdad. Otra razón, a menudo pasada por alto, es la forma en que la Confederación redistribuye los fondos. Con la última reforma fiscal, al Estado le faltan miles de millones. Estos agujeros se tapan, entre otras cosas, con las mayores contribuciones a las aseguradoras médicas. Esto hace que, a través de las primas, acabemos pagando un impuesto encubierto. En la jerga técnica se llama redistribución fiscal. Suena inofensivo, pero golpea sobre todo a quienes ya llegan justos a fin de mes.
De Quebec a Europa: una pequeña perspectiva internacional
Es interesante mirar más allá de nuestras fronteras. En Francia, por ejemplo, la Caisse primaire d'assurance maladie funciona de manera muy diferente: el Estado asume una gran parte de los costes, a cambio de un sistema más burocrático. O la Régie de l'Assurance-Maladie du Québec en Canadá, que opera con un seguro único. Probablemente ninguna de las dos opciones tendría mayoría aquí. Pero lo que nos afecta a todos es la Tarjeta Sanitaria Europea. Quien tenga que ir al hospital durante las vacaciones en Francia o Italia, agradecerá tener esa tarjeta. Pero ojo: solo cubre lo mínimo y no sustituye a un seguro privado adicional. Y a la vuelta a Suiza, te espera igualmente el próximo recibo de la prima.
¿Qué podemos hacer? Algunos consejos prácticos
Para ser sinceros, no hay mucho margen de maniobra. Pero sí algunos pequeños ajustes para aliviar la carga al menos un poco:
- Comparar primas: Cada año, en otoño, revisa tu póliza y, si es necesario, cámbiate. Las diferencias entre aseguradoras son enormes; a menudo te ahorras varios cientos de francos al año.
- Modelo de médico de cabecera: Quien opta por un modelo de seguro alternativo (por ejemplo, con médico de cabecera o telemedicina) obtiene descuentos. Esto implica algunas restricciones, pero puede valer la pena.
- Franquicia más alta: Para adultos sanos, puede tener sentido una franquicia elevada. Pero cuidado: en familias con niños, el riesgo de que los pequeños se pongan enfermos y tengas que asumir los gastos es a menudo demasiado grande.
- Solicitar la subvención para las primas: Muchas familias dejan escapar dinero porque no solicitan la subvención cantonal para las primas. Los límites de ingresos en algunos cantones son más generosos de lo que se piensa. Una visita al municipio o una llamada a la Caisse primaire (como se dice en la Suiza francófona) puede merecer la pena.
Lo sé, todo esto son solo pequeñas curitas para una herida profunda. El seguro médico es y sigue siendo un hueso duro de roer que debemos abordar juntos. Mientras la política no aborde una reforma estructural radical, las primas seguirán subiendo y las familias seguirán sufriendo. Hasta entonces, toca remangarse y mirar con lupa a dónde va cada franco.