Chris Hipkins, en el punto de mira: la investigación sobre la gestión de la pandemia, su cartera de Policía y el Gabinete en la Sombra
Ha pasado una década desde que oímos por primera vez el nombre de Chris Hipkins en medio de una crisis. Por aquel entonces, era el hombre del mazo y las diapositivas de PowerPoint, el que nos guiaba con calma a través de un nuevo nivel del sistema de alerta por COVID-19. Ahora, con la publicación la semana pasada del informe de la Comisión Real sobre la gestión de la pandemia, que ha estallado como una bomba de efecto retardado en la escena política, Hipkins vuelve a estar en el punto de mira. Solo que esta vez no está detrás del atril; está en el Gabinete en la Sombra, observando desde el otro lado cómo el gobierno intenta justificarse.
Las conclusiones de la Comisión Real, publicadas el martes, no se anduvieron con rodeos. Señalaron deficiencias en la preparación, fallos de comunicación y el elevado coste para las comunidades. Para Hipkins, que fue Ministro para la Respuesta a la COVID-19 en el momento más crítico, el informe es a la vez un documento que define su legado y un auténtico polvorín político. Ha permanecido bastante en un segundo plano desde que asumió el cargo de Ministro de Policía y luego pasó a la oposición, pero pueden estar seguros de que se ha estudiado cada línea. Quienes lo conocen aseguran que está deseando defender su gestión, pero es consciente de que el recuerdo de los confinamientos aún está muy presente en la memoria colectiva.
De 'Zar de la COVID' a crítico en la sombra
Tras la derrota electoral del Partido Laborista, Hipkins no desapareció. Asumió la cartera de policía en el Gabinete en la Sombra de Chris Hipkins, fiscalizando al gobierno en materia de orden público, un movimiento inteligente, dado que la delincuencia y la violencia de las bandas son temas que queman. Pero el expediente de la pandemia nunca lo ha abandonado del todo. Cada vez que el gobierno habla de futuros brotes, Hipkins es el primero en recordarles sus propias decisiones pasadas. Está especialmente interesado en exigir responsabilidades al nuevo ministro, Gerry Brownlee. Brownlee tiene ahora las riendas de la preparación ante futuras pandemias, y el contraste entre ambos no podría ser mayor.
Apenas unos días después de la publicación del informe de la Comisión Real, Nueva Zelanda Primero (NZ First) arremetió contra Brownlee por lo que calificaron de "autocomplacencia" ante la próxima crisis sanitaria potencial. Hipkins, siempre pragmático, no se ha sumado directamente al ataque generalizado, al menos por ahora. Pero fuentes internas aseguran que está coordinando discretamente con otros ministros en la sombra para asegurarse de que el gobierno no entierre las recomendaciones del informe. El Gabinete en la Sombra de Chris Hipkins considera esto una prueba de fuego para la eficacia de la oposición.
¿Qué descubrió realmente la Comisión Real?
Para aquellos que no han tenido tiempo de leer el informe de 800 páginas, estos son los titulares en los que Hipkins y su equipo están centrando su atención:
- Liderazgo fragmentado durante los primeros compases de la respuesta, con múltiples organismos tirando cada uno por su lado.
- Mensajes contradictorios que confundieron a la población, especialmente en lo relativo a las normas de confinamiento y los mandatos de vacunación.
- Infraestructura de salud pública infrafinanciada que dejó a los rastreadores de contactos desbordados cuando los casos se dispararon.
- Impacto desproporcionado en las comunidades maoríes y de las islas del Pacífico, algo que Hipkins ha reconocido públicamente que necesita una solución sistémica.
Hipkins ya ha insinuado que utilizará estas conclusiones para presionar a favor de una estructura más resiliente. En una reunión interna la semana pasada, según se informa, dijo a sus colegas que "la próxima pandemia no es cuestión de si ocurrirá, sino de cuándo", y que los planes actuales del gobierno se parecen peligrosamente a una fotocopia de los antiguos.
El factor Brownlee y la política de la preparación
No es ningún secreto que Gerry Brownlee e Hipkins tienen una historia de tiranteces. Cuando Brownlee asumió la cartera de preparación ante pandemias el año pasado, Hipkins advirtió de que el gobierno liderado por el Partido Nacional "caminaba sonámbulo hacia una repetición de 2020". Ahora, con fuentes bien situadas que confirman que la preparación de Nueva Zelanda es oficialmente responsabilidad de Brownlee, la presión está servida. El Ministro de Policía Chris Hipkins (en su versión en la sombra) ha estado contactando discretamente con expertos en salud para redactar propuestas alternativas: un plan pandémico en la sombra, por así decirlo.
Pero Hipkins también se cuida de no pasarse de listo. Los votantes están cansados de oír hablar de la COVID. El coste de la vida, la vivienda y la delincuencia dominan las conversaciones cotidianas. Por eso ha centrado su artillería en la percibida inacción de Brownlee, en lugar de reabrir viejas batallas. Es un equilibrio delicado: honrar las lecciones de la investigación sin dar la sensación de que uno se ha quedado anclado en 2021.
¿Qué le espera a Chris Hipkins?
Políticamente, Hipkins está en una especie de compás de espera. Es muy respetado dentro del grupo parlamentario —se le considera sólido, con experiencia y sin escándalos—, lo que le convierte en un posible futuro líder si el actual tropieza. Pero por ahora, su trabajo consiste en supervisar, escrutinar y prepararse. El Gabinete en la Sombra de Chris Hipkins está construyendo silenciosamente músculo político, preparándose para un posible regreso al gobierno cuando lleguen las próximas elecciones.
El informe de la Comisión Real le ha dado una plataforma, pero será cómo la utilice lo que defina la siguiente fase de su carrera. Si consigue traducir esas conclusiones en salvaguardas concretas y viables, será visto como el hombre que aprendió de la crisis, no solo como el que la gestionó. Y en el voluble mundo de la política, ese tipo de evolución puede marcar toda la diferencia.
Por ahora, Hipkins está haciendo lo que mejor sabe hacer: permanecer un paso detrás de las cámaras, observando, esperando y, cuando llegue el momento adecuado, dar un paso al frente con su propio martillo.