La grosera broma de Trump sobre Pearl Harbor que dejó en shock al primer ministro de Japón: "¿Por qué no me lo dijiste?"
En el Despacho Oval de Washington se vivió un silencio pocas veces visto, cuando el nuevo primer ministro de Japón, Sanae Takaichi, estaba sentado junto al presidente Donald Trump frente a las cámaras. La reunión debía ser una rutinaria reafirmación de la alianza, pero Trump decidió sacar el tema de la historia y, de paso, le quitó el piso a Takaichi.
Los presentes describen el ambiente como eléctrico. Un periodista japonés preguntó directamente: ¿por qué Estados Unidos no informó a sus aliados, como Japón, con anticipación sobre sus ataques a gran escala contra Irán? Trump no se anduvo con rodeos. Dijo que no quiso perder el factor sorpresa, y luego convirtió la situación en una afilada lección de historia, a su estilo.
"¿Acaso ustedes me avisaron sobre Pearl Harbor?", soltó Trump mirando a Takaichi. "¿Quién sabe más de sorpresas que Japón?"
El ambiente en la sala se congeló en un instante. En los pasillos de la Casa Blanca ahora se comenta la expresión rígida de Takaichi y cómo se quedó mirando al frente, sin palabras. Se sabe que después comentó a sus asistentes que no esperaba algo así. Trump había roto una regla no escrita: el presidente de Estados Unidos no bromea sobre la mayor tragedia nacional de un aliado.
Romper tabúes se ha vuelto la nueva normalidad
Durante seis décadas, los presidentes estadounidenses han hablado de Pearl Harbor como si fuera un secreto familiar delicado. En la posguerra se hablaba del ataque, pero las acusaciones cesaron con la Guerra Fría, cuando Japón se convirtió en el principal aliado de Estados Unidos en Asia.
En 2016, Barack Obama y el entonces primer ministro Shinzo Abe visitaron juntos Pearl Harbor. Obama habló de reconciliación, y Abe ofreció sus condolencias. Fue un gesto de gracia que consolidó la base espiritual de la alianza.
El comentario de Trump del día anterior borró ese momento de la mesa. No usó el tema del ataque a Pearl Harbor como advertencia o lección, sino como fuente de una broma. Y eso es lo que duele: el tema de la broma ya no es sagrado, se ha archivado en el basurero de la historia, de donde se puede sacar para usarlo como herramienta retórica.
¿Por qué justo ahora?
No se trata solo de historia. Trump presionó a Takaichi para que la marina japonesa abriera una ruta en el Estrecho de Ormuz, que Irán ha amenazado con cerrar. Estados Unidos necesita aliados para proteger los envíos de petróleo, pero la constitución japonesa limita estrictamente el papel militar del país en el extranjero.
Takaichi está en una encrucijada: Tokio necesita el petróleo de Medio Oriente, pero no quiere enviar su flota a una zona de guerra. El mensaje de Trump fue crudo: o están involucrados al cien por ciento, o pasarán a los libros de historia solo como aquellos que llegaron de sorpresa y se fueron a casa.
- La sorpresa no es solo un término militar: Para Trump, también es una herramienta diplomática, y un arma. Takaichi lo sintió en carne propia.
- Pearl Harbor: Música de la película: Si quieres entender cómo se sintió el ataque, la banda sonora compuesta por Hans Zimmer sigue siendo la más vendida para una película bélica. Resume los segundos previos a la explosión.
- Pearl Harbor (Blu-ray): La versión de los hechos dirigida por Michael Bay es, para muchos jóvenes, el único contacto con ese momento histórico. La película sigue proyectándose por las noches en Estados Unidos, pero después de lo de ayer, se ve con otros ojos.
"¿Por qué no me lo dijiste?"
Takaichi respondió más tarde enérgicamente a los periodistas que el desarrollo de armas nucleares de Irán debe detenerse. No comentó directamente sobre la broma de Trump, pero en su círculo cercano describen el ambiente como "escalofriante".
Para los veteranos de la política en Washington, esto no fue una sorpresa. Trump siempre ha jugado con sus propias reglas, y las pesadas cifras de la historia (2,403 estadounidenses caídos en Pearl Harbor) son para él, además de números, también fichas en el tablero.
La pregunta es: cuando se bromea con un aliado sobre su mayor trauma nacional, ¿queda espacio para algo más que el silencio? Los ojos desorbitados de Takaichi dijeron lo que las palabras no pueden expresar. A veces, la diplomacia no se trata de lo que se dice, sino de quién se atreve a reír.