Steffen Seibert en el ojo del huracán: El canciller de Israel arremete contra el embajador alemán
Un hecho que revela profundas grietas en la relación, habitualmente tan cercana, entre Alemania e Israel. Steffen Seibert, el embajador alemán en Tel Aviv, se ha convertido en el blanco de las críticas provenientes de Jerusalén. El ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Gideon Saar, ha atacado al exvocero del gobierno federal alemán de una manera que ha causado verdadero estupor en los círculos diplomáticos. Saar acusa a Seibert de una auténtica obsesión —una "fijación", como se ha dicho en el acalorado debate— con los colonos judíos en Judea y Samaria, Cisjordania. Para un diplomático de alto rango, esta reprimenda pública es poco menos que una declaración de guerra.
Un cruce de declaraciones fuera de lo común
Las palabras que salieron del ministerio en Jerusalén tienen la precisión y la dureza de un mazazo político. Steffen Seibert, quien en su momento marcó la comunicación de la canciller Angela Merkel con su estoica serenidad, se encuentra de repente en medio de una tormenta. El cargo: que con su postura crítica hacia los proyectos de asentamientos, desconoce la soberanía israelí. Las acusaciones de Saar no son solo un ataque personal contra Seibert. Más bien apuntan a los cimientos de la política alemana hacia Israel, tradicionalmente sustentada en una razón de Estado casi sagrada.
Quien conoce la historia, sabe que ha habido momentos en que la relación bilateral ha pasado por duras pruebas. Viejos registros de archivo muestran cómo en los años 70, por ejemplo, hubo tiras y aflojes diplomáticos por el reconocimiento, y las voces críticas desde la entonces Alemania Occidental generaron resistencia en Israel. En aquel entonces, el conflicto de Medio Oriente y hasta dónde podía llegar la joven democracia alemana para ejercer la crítica eran temas centrales. Lo que sucede ahora es un nuevo nivel de escalada.
Las líneas de fractura se hacen visibles
Para un observador externo, podría parecer un repentino distanciamiento. Pero quien mira con atención, reconoce las profundas líneas de fractura:
- La cuestión de los asentamientos: Aquí radica el mayor punto de discordia. Mientras que el gobierno israelí, bajo el primer ministro Netanyahu y el canciller Saar, impulsa la construcción de asentamientos, el gobierno alemán —representado por Steffen Seibert— mantiene la postura del derecho internacional de que estos asentamientos son ilegales.
- El tono en la política: El ataque de Saar contra Seibert no es solo una crítica a posturas políticas. Es un afrenta contra el protocolo diplomático. Acusar públicamente a un embajador de tener una "fijación" es romper un tabú que tensiona gravemente la relación laboral.
- Las expectativas: En Israel, a menudo se espera de un embajador alemán más "comprensión" que de otros diplomáticos. Seibert, quien por su origen —es hijo de una familia judía de Hamburgo— tiene una biografía particular, se mueve aquí en la delgada línea entre la razón de Estado alemana y la solidaridad crítica.
Entre Berlín y Jerusalén: Una relación especial bajo presión
El papel del embajador alemán en Israel siempre ha sido algo más que un puesto diplomático clásico. Steffen Seibert asume esta responsabilidad con una seriedad que le ha granjeado respeto tanto en Berlín como en Tel Aviv. Pero el conflicto actual demuestra que la llamada "razón de Estado" —la convicción de que la seguridad de Israel es parte de la identidad alemana— no protege de los conflictos políticos.
Las reacciones en Alemania son, como era de esperar, intensas. Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores en Berlín se escuchan tonos de preocupación. Se busca la desescalada, pero el exabrupto verbal desde Jerusalén no se puede simplemente ignorar. Saar, un conocido halcón, con su ataque no solo ha golpeado a Seibert, sino también el delicado equilibrio de las relaciones bilaterales. Para el exvocero del gobierno, es una prueba de fuego como no había vivido en su larga carrera. Ahora deberá demostrar que, incluso en este nuevo y más áspero panorama político en Medio Oriente, sigue siendo un interlocutor confiable.
El resultado deja un sabor amargo. La controversia en torno a Steffen Seibert es más que un simple conflicto personal. Es un síntoma de que los tiempos en que Alemania e Israel podían resolver sus diferencias diplomáticas a puerta cerrada quizás han terminado definitivamente. La opinión pública en ambos países estará atenta a ver si logran cerrar esta grieta, o si al final la "fijación" de la disputa termina imponiéndose.