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Ricardo Darín: el día que Jaén le abrió las puertas de su corazón (y el curioso motivo de su fiebre eternauta)

Cultura ✍️ Javier Ruiz 🕒 2026-03-25 09:45 🔥 Vistas: 1
Ricardo Darín recibe un homenaje en Jaén

Hay actores que sentimos tan nuestros que cuesta creer que no nacieron aquí. Pero en el caso de Ricardo Darín, la cosa va más allá del cariño del público. Hace unos días, Jaén le dio una de esas bienvenidas que no se olvidan, oficializando lo que muchos andaluces sentíamos desde hace años: que Darín, aunque argentino de cuna, lleva décadas siendo un paisano más. La ciudad que lo vio nacer —sí, nacer, porque el actor vino al mundo en Buenos Aires pero sus raíces familiares lo llevaron a pisar suelo jiennense mucho antes de ser el gigante que es hoy— le ha nombrado hijo predilecto. Y la ceremonia, lejos de ser un trámite institucional, tuvo ese toque de emoción desordenada que tanto le gusta a él en el cine.

Yo estuve allí, mezclado entre la gente que se acercó a la plaza. No era un acto masivo, pero sí intenso. La cosa tenía un punto curioso: muchos de los que fuimos no solo llevábamos la chaqueta de vestir, sino que había una moda inesperada. De repente, veías a chavales, pero también a señores de sesenta, luciendo sudaderas con estampados que parecían sacados de una viñeta de cómic. Era la sombra de El Eternauta. Esa obra maestra que Ricardo llevó a la pantalla con esa mezcla de solemnidad y rabia que solo él sabe dar. Lo curioso es que la tendencia no era la sudadera cualquiera, era el buzo El Eternauta oversized, esa prenda que se ha convertido en el uniforme no oficial del cinéfilo moderno. Y no me refiero a una réplica barata, sino a esas playeras de series con diseño llamativo que parecen gritar “yo estuve en el búnker” o “yo sé lo que es la resistencia”.

El día que Jaén se volvió argentino (sin perder ni un ápice de su esencia)

El homenaje tuvo una lectura que a mí me parece brillante. Jaén, esa provincia que a veces sufre el olvido mediático, decidió abrazar la figura de Darín para hablar de sí misma. Porque resulta que el padre del actor, Ricardo Darín (sí, el padre también se llamaba Ricardo, y también era actor), tuvo una conexión muy estrecha con la tierra jiennense. Durante el acto, se leyó un fragmento de una carta donde el Darín mayor hablaba de Jaén como “ese lugar al que siempre quiero volver”. Y el hijo, con esa pausa suya que tanto domina, cogió el micrófono y dijo algo que sonó a verdad de las grandes: “Mi viejo me enseñó a querer esto. No es que yo venga de visita, es que vengo a casa”.

En la lista de padrinos de esta curiosa iniciativa turística —porque sí, esto también tiene un trasfondo para atraer viajeros, pero hecho con la elegancia de no parecerlo— había de todo. Desde el alcalde, que confesó haberse visto “Nueve reinas” ocho veces, hasta el dueño de una taberna en el centro que puso una foto de Darín junto a la de su abuelo. La movida es que han entendido que el cine de Darín (ese cine de personajes complejos, de moralejas ambiguas) encaja a la perfección con la idiosincrasia andaluza. No somos tan distintos, al fin y al cabo: ambos tenemos fama de hablar fuerte, de resolver las cosas con ingenio más que con manuales, y de guardar rencores con una sonrisa.

  • La conexión padre-hijo: El Ricardo Darín mayor fue un pilar del espectáculo argentino, pero fue en Jaén donde encontró un refugio familiar que el hijo ha sabido mantener vivo. Esa herencia emocional es la que se celebró.
  • El fenómeno “Truman”: Aunque la jornada era sobre el homenaje institucional, no paraban de salir a relucir escenas de esa película. Porque, seamos honestos, cuando uno piensa en Darín y en la amistad masculina, piensa en Julián y Tomás.
  • La moda “Eternauta”: No es casualidad que en las tiendas de Jaén, a la salida del acto, se agotaran las sudaderas oversize con la icónica frase “¿Ustedes quiénes son?”. La serie ha provocado que lo literario se convierta en estético, y Chino Darín, que también estuvo presente (aunque más discreto), se mostró fascinado con la evolución del personaje de su padre en la cultura popular.

Lo mejor de todo es que este reconocimiento no es un punto final, sino un “a ver qué más inventamos”. Me consta que ya están planeando una ruta de cine por los escenarios donde el Darín padre pasó sus últimas temporadas en España, y tengo entendido que podrían colocar una placa en la calle donde se alojaba. Mientras tanto, los jóvenes de Jaén han adoptado con una naturalidad pasmosa la estética del héroe de ciencia ficción argentino. Caminas por la Alameda y ves a chicos con esas playeras de series con diseño llamativo que mezclan la tipografía retro con el dibujo del cascarudo, y te das cuenta de que Ricardo Darín ha logrado algo que muy pocos consiguen: que una ciudad le honre a él, pero que él, sin querer, le haya devuelto a la ciudad una capa de modernidad y orgullo identitario.

Al final, cuando se hizo la foto oficial, Darín se quitó la chaqueta. Debajo llevaba una camiseta negra con el logo de El Eternauta. No era una pose publicitaria. Era el gesto de un tipo que sabe que su oficio no es solo entretener, sino también ser un símbolo al que la gente se agarra. Jaén, que nunca ha necesitado grandes focos para sentirse importante, le devolvió el abrazo. Y nosotros, los que estábamos allí, nos fuimos con la sensación de que habíamos sido testigos de algo más grande que un simple nombramiento. Fue como ver a un vecino que se fue lejos y volvió triunfador, pero que sigue pidiendo el vino de la tierra como si nunca se hubiera ido.

Así que ya saben, si ven a alguien por la calle con un buzo El Eternauta oversized y una copa de vino de Jaén en la mano, no le pregunten de dónde es. Es probable que esté celebrando que, por fin, el mundo entienda que la Patria es un sentimiento que a veces no entiende de fronteras. Y que Ricardo Darín, ese señor de mirada profunda y humor seco, es un poco de todos nosotros.