Carla Barber, la empresaria que factura 11 millones y arremete contra las incapacidades laborales: “Hay quien se va de incapacidad y sube historias a Instagram”
En España hay dos temas que siempre dan de qué hablar: la lana y las incapacidades laborales. Y si juntas ambas en la misma frase, tienes el cóctel perfecto para que medio país se saque de onda. La última en hacerlo fue Carla Barber, la cirujana estética que cambió la bata blanca por la libreta de empresaria y que ahora, al frente de su imperio Carla Secrets, no se muerde la lengua.
Todo explotó hace unos días cuando la CEO de esta clínica premium opinó sobre un tema que raya en lo absurdo en este país. “Hay quien se va de incapacidad laboral y está subiendo historias a Instagram”. La frase, dicha en una entrevista, caló hondo. No es la primera vez que alguien denuncia estas prácticas, pero al venir de alguien que genera empleo y maneja las cifras que ella maneja, el asunto adquiere otra dimensión. En un país donde la productividad es casi un mantra, Barber apunta directamente a los falsos enfermos que, según su experiencia, se aprovechan del sistema mientras aparentan una vida de influencer en redes.
Números que hablan más fuerte que las palabras
Lo interesante de este caso no es solo la polémica, sino la maquinaria que hay detrás. Porque si Carla Barber habla con esa autoridad, es porque su empresa, Carla Secrets, pasó de ser un proyecto personal a un auténtico gigante del sector estético. Y no es ninguna exageración. Las cifras del último ejercicio son impresionantes: la firma cerró con una facturación que roza los 11 millones de euros. Una locura si tomamos en cuenta el contexto económico actual.
Pero lo más jugoso, lo que hace que los inversores se froten las manos y los competidores se pongan nerviosos, es la ganancia bruta de operación, el famoso EBITDA. Hablamos de una cifra cercana a los 3.4 millones de euros. En términos de márgenes, esto coloca a Carla Secrets en una posición envidiable, demostrando que el modelo de negocio de Barber, que combina cirugía de alto nivel con tratamientos de vanguardia y una estrategia de marketing digital impecable, es una auténtica fábrica de generar valor.
¿Denuncia o estrategia?
Aquí es donde el análisis se pone interesante. La crítica de Barber sobre las incapacidades laborales no surge en una conversación de café. Ella es consciente de que su imagen está ligada a la de una empresaria que no deja espacio para el relajo. Su argumento es sencillo y brutalmente directo:
- Rentabilidad vs. Ausentismo: Barber defiende que en su empresa se trabaja, y que el éxito de los 11 millones de facturación se basa en la responsabilidad de un equipo que no sabe de excusas.
- El costo de oportunidad: Su crítica implícita es que mientras algunos toman la incapacidad como si fueran vacaciones pagadas, hay autónomos y pequeñas empresas (como la suya, aunque ya no sea tan pequeña) que llevan el peso y sostienen la economía.
- El peso de las redes: La mención a las historias de Instagram no es casual. Es el anzuelo perfecto. La contradicción de ver a alguien “de incapacidad” en una fiesta o disfrutando de un gusto mientras sube contenido a sus redes es la imagen que ella quiere fijar en la mente de la opinión pública.
¿Esto es una simple queja de empresaria o una jugada de marketing para posicionarse como la líder dura que no se deja engañar? La realidad es que, polémica mediante, el nombre de Carla Barber vuelve a estar en boca de todos, y con él, su clínica. Mientras otros CEOs se esconden en comunicados tibios, ella se moja y genera cientos de titulares. Y al final, en el negocio de la estética y el lujo, la visibilidad lo es todo.
Lo cierto es que la exconcursante de 'Supervivientes' ha demostrado que su talento va mucho más allá de estar frente a una cámara. Ha construido un emporio en un sector competitivo, con unas cifras que la consolidan como una de las empresarias emergentes más poderosas del país. Que sus opiniones sobre las incapacidades laborales gusten o no, ya es otro tema. Pero mientras su empresa siga facturando a todo tren, ella seguirá teniendo la sartén por el mango para decirlo alto y claro.