La otra hermana Bennet: Por qué esta adaptación de la heroína olvidada de Jane Austen es el consuelo que necesitábamos
Seamos sinceros: durante más de 200 años, Mary Bennet ha sido el hazmerreír. La hermana del medio, torpe y sencilla, atrapada entre la deslumbrante Lizzy y la voluble Lydia, destinada a ser recordada solo por sus sermones grandilocuentes y la decepción de su madre. Pero si has estado cerca de la tele esta última semana, sabrás que la chica que siempre fue simplemente “la otra hermana Bennet” por fin tiene su momento. ¿Y lo mejor? Es la historia de redención más satisfactoria que he visto en mucho tiempo.
La brillante novela de Janice Hadlow de 2020, La otra hermana Bennet, ha dado el salto a la pequeña pantalla y ha caído de pie como una taza de té perfecta en una tarde gris de Wellington. La serie termina su emisión esta semana, y el rumor —desde los clubes de lectura locales de Ponsonby hasta los entendidos que al otro lado del charco no dejan de hablar de ella— no solo gira en torno a los impresionantes trajes de época o la exuberante campiña inglesa. Se trata de cómo esta historia, centrada por completo en Mary, se siente tan dolorosamente moderna.
Un 'Yule Log' que merece la pena encender
Hay una escena concreta que los fans ya han apodado el momento “La otra hermana Bennet Yule Log” en las redes sociales: una secuencia tranquila e introspectiva en la que Mary, lejos del caos de Longbourn, finalmente encuentra un destello de paz junto a una chimenea, un libro en la mano. Es una metáfora visual para toda la serie. Mientras que la mayoría de las adaptaciones de Austen tratan sobre bailes deslumbrantes y la carrera por casarse bien, la versión de Hadlow, y ahora esta adaptación, se atreve a preguntar: ¿qué ocurre con la mujer que no encaja? ¿La que no es un diamante de primera agua?
Es una carta de amor a los marginados, los introvertidos y a cualquiera que alguna vez haya sentido que solo ocupaba un lugar en una sala llena de personalidades más ruidosas. La serie no rehúye los aspectos más ásperos de Mary —su torpeza social, su rígida autosuficiencia—, sino que los pule con cariño para revelar a una mujer de gran intelecto y una resiliencia inesperada. Verla navegar por las brutales jerarquías sociales de la Inglaterra de la Regencia se siente menos como una lección de historia y más como una clase magistral de autoaceptación.
- Más que un personaje secundario: La serie amplía la novela de Hadlow, llevando a Mary en un viaje que va mucho más allá de los setos de Meryton, adentrándose en los círculos intelectuales de Londres.
- Una hermandad inédita: Por fin vemos la dinámica entre las hermanas Bennet sin el filtro del prejuicio de Elizabeth. Es más desordenada, más triste y, finalmente, más gratificante.
- Ecos literarios: Es imposible ver esto sin pensar en el legado de las mujeres escritoras. Esta historia se erige con orgullo junto a exploraciones recientes como Hermanas novelistas: las pioneras hermanas Porter, que allanaron el camino para Austen y las Brontë —un recordatorio de que el camino para un personaje como Mary fue allanado por mujeres reales que se negaron a ser ignoradas.
Lo que hace que esta adaptación funcione no es solo que le dé a Mary un interés amoroso (aunque el romance de lento desarrollo es genuinamente encantador). Es que le concede la única cosa que el mundo original de Austen le negó: capacidad de decisión. La otra hermana Bennet de Janice Hadlow siempre fue un acto radical de reivindicación literaria, pero verla visualizada le otorga un peso completamente nuevo. Se puede sentir la tensión de una mujer que se da cuenta de que no tiene por qué conformarse con ser una nota a pie de página en la historia de otra persona.
Siempre hemos sentido debilidad por el desvalido, el luchador que demuestra que los críticos están equivocados. Mary Bennet es la luchadora definitiva. No nació con el ingenio de Elizabeth ni con la belleza de Jane. Tiene que ganarse su felicidad a pura fuerza de voluntad y con la negativa a ser compadecida. Está muy lejos del escapismo típico de los dramas de época y, francamente, eso la hace mucho mejor.
Así que, si te perdiste el revuelo inicial, hazte un favor. Acerca una silla, enciende la chimenea (o simplemente sube la calefacción) y dale una oportunidad. Es un hermoso recordatorio de que, a veces, el personaje más callado de la habitación tiene la historia más importante que contar. Y para un personaje que pasó dos siglos siendo definido por lo que no era, es una alegría poder celebrar por fin todo lo que es.