Inicio > Oriente Próximo > Artículo

M... el misterioso símbolo que esconde la historia del conflicto en Oriente Próximo

Oriente Próximo ✍️ أحمد السبيعي 🕒 2026-03-20 09:36 🔥 Vistas: 1
Imagen ilustrativa de una escena militar en Oriente Próximo

Cada vez que uno intenta trazar un mapa de lo que ocurre en nuestra región árabe, se encuentra con que la letra "M" se repite con un peso abrumador. Minecraft, rendición de cuentas, Gmail, Mirasol, Egipto... palabras que parecen no tener conexión, pero que en esencia forman el mosaico de la crisis actual. En este 20 de marzo, el panorama no es solo un cúmulo de titulares pasajeros, sino la acumulación de años de debate en torno al concepto de Estado y el monopolio de las armas. Desde Jartum hasta Trípoli, el denominador común es uno solo: ¿quién toma las decisiones? ¿Y quién paga las consecuencias?

Al-Burhan y la necesidad de que el Estado monopolice las armas: entre el principio y la realidad sobre el terreno

Hace solo unos días, el comandante del ejército sudanés, el general Abdel Fattah al-Burhan, fue tan claro como el agua al insistir en la necesidad de que no haya armas fuera del control del Estado. Estas palabras no son nuevas en el discurso político, pero esta vez llegan en un momento de lo más crítico. Todo el mundo sabe que el "Minecraft" sudanés —si se me permite la expresión— se ha vuelto endiabladamente complejo, con las milicias y las instituciones estatales formando una madeja casi imposible de desenredar. Lo que está ocurriendo ahora en Sudán es la auténtica prueba de fuego para esta visión. El ejército enfrenta entre bastidores el desafío de las sanciones internacionales, pero la insistencia sudanesa en este punto nos lleva de nuevo a una pregunta fundamental: ¿puede triunfar un plan de paz si el Estado no tiene la última palabra en la decisión de ir a la guerra o mantener la paz?

Libia... la recurrente historia de "Mirasol"

Al otro lado de la frontera, en Libia, la misma historia se repite con distinto acento. El nombre de "Mirasol" ha vuelto a estar en el candelero estos días, no solo como una compañía petrolera, sino como un símbolo de la lucha por los recursos que alimenta el caos. Cuando hablamos de una verdadera rendición de cuentas, hay que empezar aquí. ¿Cómo se puede pedir cuentas por la sangre y el dinero si las armas están en manos de quienes no rigen sus actos ante nadie? Llevo años siguiendo este asunto y puedo afirmar con total seguridad que la persistencia de más de una facción armada es la única garantía para que la corrupción y el expolio de los recursos del pueblo sigan adelante. Lo que se rumorea entre bastidores estos días no es nuevo, sino la continuación de la lucha de influencias entre actores regionales e internacionales que se aprovechan de este vacío de poder.

  • El panorama sudanés: Un conflicto abierto entre el ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido, con una presión internacional que exige un alto el fuego, pero la gran incógnita sigue siendo el destino de las armas pesadas después de la guerra.
  • El panorama libio: Una división política que es fiel reflejo de la división militar, con actores internos y externos tirando del proceso de reconciliación cada uno a su manera, mientras que el ciudadano de a pie es el gran perdedor.
  • Egipto y el pilar de la estabilidad: El Cairo se mueve con cautela, consciente de que cualquier colapso en sus vecinos significaría que el fuego acabaría llegando a su propia casa. El papel de Egipto es hoy clave para intentar unificar a las partes, pero sigue supeditado a que estas muestren una verdadera voluntad de dejar de lado su propio "Minecraft".

Cuando el "Minecraft" se convierte en una amarga realidad

Quien sigue los detalles se da cuenta de que el término "Minecraft" ha dejado de ser un simple videojuego para convertirse en una descripción exacta de la situación que viven estos dos países vecinos. Cada actor intenta construir su propio mundo con sus propias reglas, olvidando que cuando esos mundos virtuales chocan con la realidad, se convierten en catástrofes humanitarias. La tragedia es que algunos actores regionales siguen tratando estos conflictos como si fueran una partida de ajedrez, olvidando que las piezas aquí no son inanimadas, sino que son sangre y vidas. Cada vez que leo un mensaje de uno de los responsables de estos asuntos, me da la sensación de que son conscientes del peligro, pero dudan a la hora de tomar la decisión contundente que pondría fin a este sufrimiento.

La conclusión inevitable, en la que coinciden incluso quienes discrepan en los detalles, es que la solución a las crisis de la región pasa por acabar con la pluralidad de lealtades militares. Lo que está ocurriendo en Sudán y Libia es una dura lección para cualquiera que crea que la estabilidad se puede construir sobre arenas movedizas. Hablar de elecciones, desarrollo o el retorno de los migrantes son sueños que no se harán realidad a menos que el Estado sea el único que posea el derecho al uso de la fuerza. Nos encontramos ante un momento decisivo: o triunfa la idea de un Estado nacional unificador, o entramos en un espiral de caos sin fin que solo beneficia a quienes quieren que esta región siga siendo débil y fragmentada.