M... el enigma que oculta la historia del conflicto en Medio Oriente
Cada vez que intentas trazar el mapa de lo que ocurre en nuestra región árabe, te encuentras con que la letra "M" se repite con un peso significativo. Minecraft, rendición de cuentas, Gmail, Mirasol, Egipto... palabras que parecen no tener conexión, pero que en el fondo forman el mosaico de la crisis actual. El 20 de marzo, el panorama no es solo un conjunto de titulares pasajeros, sino la acumulación de años de debate en torno al concepto de Estado y su poder armamentístico. Desde Jartum hasta Trípoli, el denominador común es uno: ¿quién toma las decisiones? ¿y quién paga las consecuencias?
Al-Burhan y la necesidad de que el Estado monopolice las armas: entre el principio y el terreno
Hace unos días, el comandante del ejército sudanés, el general Abdel Fattah Al-Burhan, fue tan claro como la luz del sol al insistir en que no debe haber armas fuera del marco estatal. Estas palabras no son nuevas en el discurso político, pero esta vez llegan en un momento sumamente crítico. Todos saben que el "Minecraft" sudanés —si se me permite la expresión— se ha vuelto terriblemente complejo, con las milicias enredadas en las instituciones del Estado. Lo que está ocurriendo ahora en Sudán es una verdadera prueba para esta visión. El ejército enfrenta tras bastidores el desafío de sanciones internacionales, pero la determinación sudanesa en este punto nos devuelve a una pregunta fundamental: ¿puede triunfar un plan de paz si el Estado no tiene la última palabra en la decisión de ir a la guerra o mantener la paz?
Libia... la historia recurrente de "Mirasol"
Al otro lado de la frontera, en Libia, la historia se repite pero con otros tintes. El nombre "Mirasol" ha vuelto a la palestra en estos días, no solo como una compañía petrolera, sino como un símbolo de la lucha por la riqueza que alimenta el caos. Cuando hablamos de una rendición de cuentas real, aquí es donde debe empezar. ¿Cómo puede haber justicia por la sangre y el dinero si las armas están en manos de quienes no rigen cuentas a nadie? Llevo años siguiendo este asunto y puedo decir con total certeza: la persistencia de múltiples actores armados es la garantía de que la corrupción y el saqueo de la riqueza del pueblo continúen. Lo que se rumorea entre bastidores estos días no es nuevo, es la continuación de la lucha de poder entre actores regionales e internacionales que se aprovechan de este vacío de poder.
- El panorama en Sudán: una lucha abierta entre el ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido, con presiones internacionales exigiendo un alto el fuego, pero la gran interrogante sigue siendo el destino de las armas pesadas después de la guerra.
- El panorama en Libia: una división política que refleja una división militar, donde actores internos y externos se disputan el expediente de la reconciliación, mientras que el ciudadano de a pie es el gran perdedor.
- Egipto y el peso de la estabilidad: El Cairo se mueve con cautela, pues sabe que cualquier colapso en sus vecinos significa que el fuego llegará a su propia casa. El papel de Egipto hoy es fundamental en el intento de unificar a las partes, pero sigue supeditado a la seriedad de estas para abandonar su propio "Minecraft".
Cuando "Minecraft" se convierte en una amarga realidad
Quien sigue los detalles se da cuenta de que el término "Minecraft" ya no es solo un videojuego, sino que se ha convertido en una descripción precisa de la situación que viven estos países vecinos. Cada parte intenta construir su propio mundo según sus propias reglas, olvidando que cuando estos mundos virtuales chocan con la realidad, se convierten en catástrofes humanitarias. La tragedia es que algunos actores regionales aún manejan estos conflictos como si fueran una partida de ajedrez, olvidando que aquí las piezas no son inanimadas, sino que son sangre y vidas. Cada vez que leo un mensaje de algún responsable de estos expedientes, siento que son conscientes del peligro, pero dudan en tomar la decisión definitiva que ponga fin a este sufrimiento.
La conclusión ineludible, en la que coinciden incluso quienes discrepan en los detalles, es que resolver las crisis de la región comienza por acabar con la multiplicidad de lealtades militares. Lo que ocurre en Sudán y Libia es una dura lección para todo aquel que crea que la estabilidad puede construirse sobre arenas movedizas. Hablar de elecciones, desarrollo o el retorno de los migrantes son sueños que no se harán realidad a menos que el Estado sea el único que tenga el monopolio del uso de la fuerza. Estamos ante un momento decisivo: o triunfa la idea de un Estado nacional unificador, o entramos en un espiral interminable de caos que solo beneficia a quienes quieren que esta región siga siendo débil y dividida.