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Fallece Jürgen Habermas: el fin de una era para la filosofía y nuestro pensamiento sobre la democracia

cultura ✍️ Emma Jansen 🕒 2026-03-14 23:47 🔥 Vistas: 1
Jürgen Habermas, filósofo y sociólogo alemán

La noticia llegó el sábado por la noche, primero como un susurro en los periódicos alemanes, después en todas partes: Jürgen Habermas ya no está. El gigante alemán de la filosofía, el último gran nombre de la Escuela de Fráncfort, falleció a los 96 años. Y aunque vivía en Starnberg, cerca de Múnich, sus pensamientos siempre estuvieron cerca, también aquí en España. En cada discusión sobre Europa, en cada debate sobre integración o sobre los medios de comunicación públicos, había siempre un poco de Habermas.

Una vida entre libros y los focos candentes de la época

Quien dice Habermas, dice Textos Filosóficos. Generaciones de estudiantes —también en Barcelona, Madrid y Salamanca— se han enfrentado a ellos con dificultad y han sido moldeados por ellos. Su obra temprana sobre la esfera pública, Historia y crítica de la opinión pública, sigue siendo la base para quien quiera entender qué falla con las redes sociales y la polarización. Pero no era un hombre que se quedara en la torre de marfil. Cuando hace años estuve en Berlín, un viejo colega me contó cómo Habermas debatía en los años ochenta con Foucault, y más tarde con intervenciones decisivas sobre la reunificación alemana. Defendía con firmeza el diálogo racional, el mejor argumento. En una época de gritos y tuits, era el faro de la razón.

Más que un pensador alemán

Su influencia iba más allá de la filosofía. En el manual Cincuenta pensadores clave para las relaciones internacionales figura junto a gigantes políticos como Morgenthau y Kissinger. ¿Por qué? Porque sus ideas sobre la acción comunicativa y la fuerza del consenso ofrecían una alternativa a la fría realpolitik. Creía que los países, al igual que las personas, pueden dialogar y llegar a un entendimiento compartido mediante argumentos. ¿Utópico? Quizás. Pero fue el motor detrás de la unificación europea, que siempre defendió apasionadamente.

En los últimos años siguieron apareciendo gruesos volúmenes de su autoría. Pensemos en También una historia de la filosofía, ese magistral recorrido en el que examina toda la filosofía occidental a la luz de su propia fe en la razón comunicativa. Es como si hasta el final hubiera mantenido el diálogo con los grandes pensadores del pasado. Y luego estaba ese magnífico libro de un experto danés, El faro de la razón. Sobre Jürgen Habermas, que mostraba cómo fue un faro para toda Europa.

Consenso y disenso: el corazón de la democracia

Lo que hacía tan especial su pensamiento es que nunca se quedaba en simples contraposiciones. En su obra sobre Consenso y Disenso explicaba que una democracia sana necesita ambos: la búsqueda de acuerdo, pero también el derecho a las opiniones discrepantes. Es una lección que aquí en España, con nuestra tradición de diálogo y consenso, se siente hasta la médula. Las mejores conversaciones en cumpleaños, en bares o en el Congreso de los Diputados son aquellas en las que dejamos de gritar y escuchamos de verdad. Ese es el legado de Habermas.

En las redes sociales están llegando reacciones. Desde su muerte, es como si todos nos parásemos a reflexionar sobre lo que perdemos con él. Pero también: lo que hemos ganado con él. Su obra permanece. Está en las estanterías de los académicos, en los apuntes de los estudiantes y —más importante aún— en la forma en que nos relacionamos. La situación ideal de diálogo seguirá siendo siempre un ideal, pero Habermas nos enseñó a seguir esforzándonos por alcanzarla. Y eso, precisamente eso, es quizás el mayor homenaje.

In memoriam

  • Jürgen Habermas (1929-2026) fue un filósofo y sociólogo alemán.
  • Fue el principal representante de la segunda generación de la Escuela de Fráncfort.
  • Sus conceptos clave: esfera pública, acción comunicativa, consenso y disenso.
  • Influyente hasta el final, con publicaciones recientes como También una historia de la filosofía.
  • Su pensamiento impregnó las universidades españolas y el debate público.

Lo echaremos de menos. Pero mientras sigamos dialogando, él permanecerá con nosotros.