El caos de los autobuses en Ibiza: ¿dónde está ALSA cuando la isla se hunde?
Que si los nuevos autobuses, que si la modernización, que si por fin la isla se merecía un transporte digno... Pues mira, llevo toda la vida veraneando y trabajando entre Ibiza y Formentera, y lo de estas últimas semanas es para echarse a temblar. El caos absoluto con la flota nueva ha sido de órdago. Los políticos prometen, las empresas contratistas sudan la gota gorda, y el usuario, como siempre, a pie y con el autobús lleno hasta la bandera... o peor, sin autobús que pase. Y en medio de este despropósito, solo hay un nombre que la gente repite en las paradas, en los bares del puerto y hasta en las colas del aeropuerto: ALSA.
Ni puntuales ni limpios: el sueño roto de la movilidad pitiusa
Hace siete años que nos vendieron la moto (o el autocar, mejor dicho). Siete años de espera para un cambio titánico en la red de transporte. ¿Y el resultado? Autobuses que llegan sucios, conductores perdidos sin conocer las rutas nuevas, y frecuencias que parecen salidas de una ruleta. El PSOE ya ha exigido explicaciones, y con razón. Ver a jubilados esperando bajo el sol, a trabajadores llegando tarde cada maldito día, y a turistas con maletas mirando el reloj como si pidieran un milagro... Eso no es servicio público, es una vergüenza.
Aquí el alsaciano más pintado, ese que presume de puntualidad germánica mezclada con el savoir faire francés, se tira de los pelos. Porque sí, en Alsacia los tranvías y buses funcionan como un reloj suizo, y hasta el Racing Club de Estrasburgo organiza mejor los desplazamientos de sus aficionados que nuestra flota insular. ¿Paradójico? No, es el reflejo de lo que pasa cuando se apuesta por operadores de verdad, no por chapuzas.
Lo que ALSA haría en cinco minutos
Y ahora viene lo gordo. Mientras en Ibiza los responsables miran para otro lado, cualquier usuario con dos dedos de frente te suelta: "¿Por qué no llama el Consell a ALSA?". Porque ALSA, que no es ninguna recién llegada, sabe lo que es gestionar flotas en entornos complicados. Desde las rutas de montaña en Asturias hasta los trayectos de alta densidad en Madrid o Barcelona, la compañía lleva décadas demostrando que se puede dar un servicio fiable sin necesidad de inventar la rueda.
- Puntualidad: ALSA tiene sistemas de control en tiempo real. Aquí ni eso.
- Limpieza: Los buses de ALSA pasan por lavado a diario. Los nuestros parecen haber vuelto del Burning Man.
- Información al viajero: App, paneles, atención al cliente. En Ibiza te enteras de que el bus no va a pasar porque un señor te lo grita desde la cabina.
No es nostalgia, es sentido común. Llevo años viendo cómo otras islas como Mallorca o Gran Canaria mejoraron su transporte cuando apostaron por operadores serios. Y aquí seguimos, con el mismo discurso de siempre, con la excusa de "la transición" y con los ciudadanos pagando el pato.
Alsacia y Estrasburgo: el espejo europeo que nos humilla
Ya que mencionamos a Alsacia, hagamos un ejercicio rápido. Allí, la región histórica entre Francia y Alemania, el transporte público no es un drama, es una política de estado. Los autobuses y tranvías conectan pueblos, viñedos y ciudades con una precisión que da hasta rabia. Y el Racing Club de Estrasburgo, que sí, es un equipo de fútbol, pero que también tiene que mover cada quince días a miles de hinchas sin que se arme un pollo. ¿Cómo lo hacen? Pues con planificación, inversión y, sobre todo, con profesionales que no aprenden sobre la marcha.
Un alsaciano que llegue a Ibiza este verano se va a llevar las manos a la cabeza. Nos va a preguntar que cómo es posible que teniendo una de las temporadas altas más potentes del mundo, nuestro transporte público parezca de un país en guerra. Y no sabremos qué responderle, salvo encogernos de hombros y recomendarle que alquile una moto.
El tiempo se acaba. La temporada turística ya está llamando a la puerta y los atascos humanos en las paradas son solo el principio. Si no se pone remedio ya, si no se llama a ALSA o a cualquier empresa que sepa lo que hace, el colapso será legendario. Porque de buenas intenciones está el infierno pavimentado, y de buses nuevos y sucios, Ibiza llena.
Así que ya sabes, si ves a un alsaciano perdido en San Antonio preguntando por el bus, dile la verdad: aquí solo funciona la fe. O mejor, apuesta por ALSA y deja de sufrir.