EE. UU.: Protestas "Sin Reyes" contra Trump – Miles salen a las calles
Son imágenes que no se olvidan fácilmente. Desde la Costa Este hasta California, la gente vuelve a tomar las calles, y esta vez las consignas son más fuertes, las cartulinas más provocadoras. Las protestas “Sin Reyes” contra Donald Trump han tomado una fuerza en los últimos días que ha sorprendido incluso a los observadores más veteranos de la política estadounidense. Ya no es solo la resistencia clásica de las grandes ciudades; el descontento hierve en todo el territorio.
Tengo la sensación de que aquí está creciendo algo distinto a lo que vimos en su primer mandato. Entre 2015 y 2017, las manifestaciones solían ser una reacción espontánea a decretos sorpresivos. Esta vez es diferente. Hay una estructura, una profundidad histórica que recuerda a los grandes movimientos por los derechos civiles. Un nombre que resuena constantemente en estos círculos es el del historiador Ta-Nehisi Coates. Su libro “Ocho años en el poder: Una tragedia americana” se ha convertido casi en una especie de biblia para ellos. Resume lo que muchos temen: que la lucha por la democracia nunca termina realmente, y que los logros del pasado —especialmente los años bajo Obama— pueden desmoronarse más rápido de lo que nos gustaría admitir.
De la guerra con Irán a la Constitución: las múltiples caras de la protesta
Lo que más me fascina de estas protestas desde 2024 es la diversidad de razones que llevan a la gente a salir a la calle. Ya no es un solo detonante, sino una mezcla de profunda preocupación y furia descarnada. Hablas con gente en Washington y todos coinciden: las protestas contra Donald Trump se han convertido esta vez en un punto de encuentro para todos los que sienten que la democracia estadounidense está entrando en una pendiente peligrosa.
- La preocupación por la separación de poderes: Bajo el lema “Sin Reyes”, ya no se trata solo de leyes individuales, sino de la cuestión fundamental de si Estados Unidos se encamina hacia un autoritarismo. El poder judicial está siendo atacado, y el Congreso a menudo parece un mero espectador.
- La política exterior como chispa: La tensión en torno a una guerra con Irán no es solo un asunto de diplomacia internacional. Para muchos aquí, es la prueba de que el Ejecutivo está tomando decisiones de alcance histórico sin el respaldo de la población. Eso es lo que aterra a la gente.
- La incertidumbre económica: Olvídate de las gráficas y los mercados financieros. En los estados donde la industria flaquea, y entre los jóvenes que ya no pueden permitirse comprar una casa, crece la sensación de que la política solo trabaja para sus propios financistas.
Hay que pensarlo bien: tienes a gente manifestándose contra la política exterior en Medio Oriente, mientras que a su lado alguien levanta un cartel citando la Constitución. Y todo esto bajo un denominador común: que la democracia no es propiedad de nadie. He estado en algunas de estas marchas, y la energía es contagiosa, pero también inquietante.
¿Un movimiento sin un plan maestro?
La gran pregunta, por supuesto, es: ¿a dónde lleva todo esto? Algunos advierten de una división que hundirá aún más al país en la confrontación. Otros lo ven como el último grito de una sociedad civil antes de que sea demasiado tarde. Recuerdo bien las protestas de 2016, cuando muchos pensaban que era solo un malestar pasajero. Hoy sé que las protestas contra Donald Trump desde 2024 son un asunto muy diferente. Son más organizadas, más ramificadas y, lo que es crucial, tienen un respaldo narrativo.
Es esa mezcla de reflexión histórica, como la que hace Coates en su libro, y la furia actual por las decisiones políticas. En los trenes rumbo a Washington o en los cafés de Portland, no solo se discute la última noticia de última hora, sino la cuestión de cómo mantener una democracia “reparable”. Eso es lo que hace a este movimiento tan poderoso y, al mismo tiempo, tan impredecible para el establishment en Washington.