Marco Cecchinato, corazón de león: revive la magia del pasado en los cuartos del BMW Open en Barletta
Barletta se ha despertado con ese aroma especial que solo ciertas tardes de primavera saben regalar, pero hoy el aire es distinto. Está cargado de electricidad. El Trofeo Lapietra, el que nosotros, los de la ciudad, llamamos cariñosamente el Open de la Desafío, ha entrado en su fase decisiva y el cuadro principal está regalando emociones que ni los más optimistas esperaban. Y en el centro de todo esto, está él: Marco Cecchinato.
Lo sé, lo sé, parece como si volviéramos atrás en el tiempo, cuando su brazo era una varita mágica y su revés paralelo era una obra de arte. Pero nada de nostalgia, porque lo que estoy viendo estos días sobre la tierra batida de Barletta no es un reprise, es algo nuevo. Cecchinato está aquí, y está a tope. Después de una temporada de altibajos, el abrazo con la tierra de Apulia parece haberle devuelto la chispa.
Un estreno de manual ante un veterano
La primera ronda dejó las cosas claras desde el principio. Enfrente, un hueso duro como Philipp Kohlschreiber. El alemán, de la clase del 83, es uno que ha construido su carrera sobre tierra batida, un muro difícil de rayar. Pero Cecchinato desplegó un partido inteligente, paciente. Lo agarró por el cuello, lo hizo correr, usó ese famoso revés cruzado que cuando entra te hace levantarte de la silla. Fin de la historia, primer obstáculo superado con la seguridad de quien sabe que estas pistas son su casa.
Cuartos de final: el duelo con Fucsovics
Ahora, sin embargo, el listón sube. Mañana (o esta noche, depende de cuándo salten a la pista, pero corren rumores de que será el partido estrella de la sesión) llegan los cuartos de final: Marco Cecchinato (Italia) contra Márton Fucsovics (Hungría). Mirad, si queréis saber si el regreso de Marco es solo un espejismo o algo serio, esta es precisamente la prueba de fuego.
Fucsovics no es un cualquiera. Es un jugador de nivel top 50, un físico bestial, uno que golpea duro y nunca se rinde. Para mí, el partido se decidirá en la capacidad de Cecchinato para gestionar la potencia del húngaro. Si Marco logra arrastrarlo a intercambios largos, haciendo valer su ritmo y su toque, entonces las posibilidades son enormes. Si, por el contrario, deja que Fucsovics marque el ritmo con su derecha, se convierte en una cuesta muy empinada. Pero en estos días, hay una concentración en los ojos de Marco que no le veía desde hace tiempo. Parece haber recuperado ese placer de sufrir en la pista, ese esfuerzo que para un tenista italiano, sobre esta superficie, se convierte casi en un placer.
Por qué este torneo vale más que un trofeo
No quiero filosofar, pero aquí en Barletta hay algo especial. Se comenta que la acogida de estos días ha sido increíble, y viendo las gradas llenas media hora antes de su partido, me lo creo totalmente. El público llena las gradas, se respira un aire de tenis de otros tiempos. Marco Cecchinato, en este contexto, no es solo un jugador: es un símbolo. Para los que, como yo, seguimos su espléndido 2018, verle luchar punto a punto bajo el sol de Apulia da una satisfacción que va más allá del resultado.
- El factor pista: Jugar en casa, con el público empujando, es una ventaja no menor. El "¡Vamos Marco!" que resuena entre las pistas marca la diferencia en los momentos calientes.
- La superficie: La tierra batida de Barletta, un poco más lenta que otras, realza su juego hecho de variaciones y bolas pesadas.
- La cabeza: Parece obvio decirlo de alguien como él, pero es el aspecto más importante. Durante esta semana le veo sereno, liberado. Y cuando Marco está sereno, realmente puede ganar a cualquiera.
Y así, mientras el BMW Open (que para quien no lo sepa, es uno de esos torneos que sabe combinar la elegancia de la marca con la pasión de nuestro tenis) entra en su fase más caliente, yo me quedo con esta sensación. Mañana será batalla. Fucsovics está ahí, listo para destrozar los sueños de la casa, pero Cecchinato tiene de su parte las ganas de demostrar que ciertas llamas, cuando son auténticas, nunca se apagan. Encended la tele, o mejor aún, venid al club. Porque cuando Marco toma carrerilla, es un espectáculo que no querréis perderos.