Alexander Zverev se prepara para Miami: el recuerdo de la final de Roma 2018 y el desafío con Alcaraz en el punto de mira
Si hay un momento que aún perdura en la retina de los aficionados italianos, ese es la tarde del 20 de mayo de 2018. En el Centrale del Foro Itálico, con un ambiente inmejorable y el sol castigando sin piedad, al otro lado de la red estaba nada menos que Rafael Nadal. El Rey de la tierra, el hombre que parecía tener un pacto con ese trofeo. Sin embargo, aquel día, Alexander Zverev escribió una página que aquí en Roma jamás se olvidará. La final de los Internazionali BNL d'Italia, una de las más grandes de la historia reciente: 6-1, 1-6, 6-3. Así es, Sascha logró lo que muy pocos habían conseguido antes, y hoy en día, cuando se pasa por allí, entre un café en un bar y un paseo por el Tíber, se sigue hablando de esa gesta como algo para contar a los nietos.
Ese título de 2018 fue la tarjeta de presentación de un chico que parecía destinado a reinar en el tenis mundial. Ahora, mientras se prepara para el Miami Open, aquella victoria romana vuelve con fuerza a la memoria. Porque para Zverev, América es otra historia, pero las sensaciones son las mismas. Llega a Florida tras superar su primer escollo en la segunda ronda, donde se las vio con Martin Damm Jr. No fue un trámite fácil, ni mucho menos. Damm, un jugador que está dando mucho que hablar, puso contra las cuerdas al alemán durante un set entero. Pero cuando se huele la gran batalla, cuando el partido se pone duro, Zverev saca a relucir ese tenis que nos enamoró en Roma. Y lo hace con la misma feroz determinación, aunque ahora la pista dura de Miami diste mucho de la tierra batida romana.
Lo bueno es que el verdadero plato fuerte está aún por llegar. Si el cuadro respeta los pronósticos, y tengo la sensación de que así será, pronto podríamos ser testigos de lo que para mí ya es el duelo del futuro: Alexander Zverev contra Carlos Alcaraz. De un lado, el campeón que ya ha ganado todo a nivel de Masters 1000 y ha olido las finales de Grand Slam; del otro, el fenómeno que está tomando al mundo del tenis por el cuello. Será un cruce de generaciones, de potencia y talento. ¿Y sabes qué me hace pensar? Que quizás, como en Roma 2018, este podría ser el comienzo de otro capítulo fundamental en la carrera de Sascha. Él, que siempre ha tenido en su padre, Alexander Zverev padre, la guía silenciosa y firme entre bastidores, sabe que partidos así no se juegan, se viven.
Echemos un vistazo al camino que le espera:
- El recuerdo de Roma 2018: Aquella final contra Nadal no es solo un trofeo en las vitrinas. Es la prueba de que Zverev, en los momentos clave, puede vencer a cualquiera. Incluso al más grande de siempre sobre tierra batida.
- El presente en Miami: Tras la prueba ante Damm, el motor ya está caliente. La pista rápida americana es históricamente un terreno de caza donde el servicio de Sascha puede marcar la diferencia. Y aquí, el saque es un arma letal.
- El futuro (inmediato) con Alcaraz: Si se llegaran a enfrentar, sería un duelo psicológico además de técnico. Alcaraz representa la nueva guardia, Zverev quiere demostrar que su reinado aún no ha terminado.
Es curioso cómo el tenis, a veces, juega a hacer coincidencias. Estos días se ha hablado mucho del camino de Zverev en Florida, y la vista enseguida se va a aquel 2018. Porque es fácil olvidar los números, pero la sensación de ver a un jugador de dos metros moverse como un felino, robándole la línea a Nadal en una tierra que parecía hecha a medida para el español, esa no la borras. Es una herencia pesada, lo sé. Pero si hay alguien con las espaldas lo suficientemente anchas para llevarla, y para responder golpe por golpe a un chico como Alcaraz, ese es él mismo.
Siempre lo digo: a veces nos obsesionamos con los números y los rankings, olvidando que estos chicos también juegan con la memoria. Zverev sale a la pista en Miami sabiendo que ya ha ganado batallas que parecían perdidas de antemano. Y aquella final de 2018, para los que mamamos el tenis como yo, es la prueba viviente de que cuando Sascha encuentra la concentración adecuada, su tenis es sencillamente estelar. Esta noche, mientras veamos los octavos, o quizás los cuartos si el cuadro se acelera, todos tendremos en la retina aquel revés paralelo que doblegó a Nadal en Roma. Y si llega el duelo con Alcaraz, les aseguro, el Foro Itálico lo sentirá latir aunque esté a miles de kilómetros de distancia.