Afganistán: la esperanza tras el sufrimiento: el orgullo que inspiran el deporte y la bandera
Cada vez que llegan noticias desde Kabul, siento cómo el ambiente en este país cambia poco a poco, pero de manera irreversible. Aunque el recuerdo de la agitación aún está fresco, los jóvenes se reúnen en muchos rincones de la ciudad, entregándose por completo al deporte. El críquet y el fútbol son los que más destacan. Para este país, no son un simple pasatiempo. La imagen de los jugadores sobre el terreno de juego es, para un pueblo que ha sobrevivido a una historia de divisiones y sufrimiento, un último bastión que demuestra en este mismo instante que "estamos unidos".
Sobre el terreno de juego, todos somos iguales
"Aquel día, nadie que estuviera en el estadio necesitaba palabras". Así recuerda un conocido que ha estado vinculado al críquet en Kabul durante años. El "aquel día" al que se refiere es el momento en que la selección nacional de Afganistán logró una remontada histórica en un partido internacional. La espectacular progresión de la selección de críquet de Afganistán, en particular, es motivo de orgullo para todos en el país. Chicos que crecieron en campos de refugiados compiten ahora en las mejores ligas del mundo. Ese hecho en sí mismo es un mensaje silencioso para los jóvenes de que "ellos también pueden abrirse camino". Incluso en las eliminatorias para la Copa Asiática de este año, su tenaz juego hizo vibrar a muchos.
La trayectoria de la selección de fútbol de Afganistán es igualmente conmovedora. Aunque no acapara tanta atención como el críquet, el número de aficionados que acuden al estadio aumenta año tras año. La imagen de los jugadores, con la mano en el escudo de su camiseta y cantando el himno antes del partido. En ese momento, no hay pastunes, ni tayikos, ni hazaras. Solo hay 22 jugadores y decenas de miles de espectadores unidos como un solo "afgano". En una tierra que ha sido desgarrada en innumerables ocasiones por la guerra civil, esa escena posee una fuerza casi sagrada.
La bandera y la palabra, núcleos inquebrantables
La bandera de Afganistán que brilla en el pecho de los jugadores. Sus tres colores, negro, rojo y verde, con el emblema nacional en el centro. Cada vez que ondea esta bandera, no puedo evitar pensar en su peso. No es un símbolo de poder, sino el propio "orgullo" que el pueblo ha protegido a lo largo de los años, a pesar de los numerosos cambios de régimen. En las calles de Kabul, veo a jóvenes con pañuelos con los colores de esta bandera. Para ellos, no es solo una prenda de moda, sino un acto de elección de sus propias raíces.
El otro pilar que sostiene esa identidad es la lengua. Una de las lenguas oficiales, el persa (Afganistán), conocido localmente como darí, trasciende su función como herramienta de comunicación. En una tierra donde la poesía de Rumi es parte del día a día, el ritmo suave y las metáforas profundas del persa han dado forma a la sensibilidad de su gente. Aunque la política lingüística bajo el gobierno interino sigue siendo incierta, la cultura milenaria que esta lengua ha cultivado no podrá ser borrada por ningún régimen.
- Críquet: Jugadores que triunfan en el extranjero regresan para jugar en la liga nacional y se centran en formar a los jóvenes talentos.
- Fútbol: Aunque de forma discreta, tanto dentro como fuera del país, se están dando pasos para reconstruir el fútbol femenino.
- Bandera: Aunque las normas para izar la bandera en actos oficiales son estrictas, a nivel ciudadano se está extendiendo su uso como forma de expresión personal.
- Lengua: La literatura y la música del mundo persa se están convirtiendo en un nuevo patrimonio compartido entre los jóvenes, sin importar las fronteras.
El mañana de quienes viven el "ahora"
Mientras la ayuda internacional sigue reduciéndose, la crisis humanitaria que enfrenta Afganistán sigue siendo grave. Aun así, la gente se aferra a motivos de orgullo que trascienden la política, como el deporte y la cultura, para seguir adelante con su día a día. Las multitudes que vibran con el críquet, los estadios que estallan de júbilo con un gol de fútbol, los jóvenes que recitan poesía persa en las calles. Esto no es, ni mucho menos, una "evasión de la realidad". Para ellos, es la fuerza más real para seguir adelante.
El cielo en Kabul es inmenso. Bajo ese cielo, hoy también, la gente lleva los colores de la bandera en el pecho, alza la voz en su lengua materna y sale a perseguir un balón. La inestabilidad continuará. Pero, aun así, ellos siguen grabando aquí con firmeza "algo" que transmitir a la próxima generación.