Kaja Kallas: la dama de hierro de Estonia que sacude a Europa
La Haya, Bruselas, Tallin – da igual para Kaja Kallas. Ya esté sentada en su despacho en Estonia o en la mesa de negociación del G7, la primera ministra estonia sigue siendo una de las voces más audaces de Europa. Estos últimos días ha vuelto a estar en el centro de atención, y no solo por el clásico baile diplomático en torno a Ucrania. No, Kallas demuestra una vez más que está dispuesta a poner las cartas sobre la mesa, aunque eso signifique ir a contracorriente.
¿La cumbre del G7 del pasado fin de semana? Pues naturalmente giró en torno a la gran pregunta: ¿qué rumbo tomar con la guerra en Ucrania? Me consta que entre bambalinas algunos líderes occidentales daban señales prudentes de que ya va siendo hora de plantearse seriamente hacer concesiones. Pero Kallas se mantuvo firme. Su postura ya me la sé de memoria: ceder ante las exigencias territoriales de Moscú no es una opción. No es cabezonería, es su forma de ver el mundo. Para alguien de los países bálticos, un "conflicto congelado" o un "compromiso" con el Kremlin no es un concepto abstracto, sino una realidad brutal que puede acabar afectando a tu propio hogar.
Lo que me llama la atención de su estilo es la coherencia. Mire, en Europa tenemos suficientes políticos que cambian de discurso en cuanto sopla el viento en otra dirección. Kallas no es de esos. Ya sea con el primer gabinete de Kallas o con la coalición actual, su línea es clara. No en vano acusa a los líderes rusos de vivir en una especie de 'película de Marvel', como oí decir hace poco a un negociador ruso. ¿Pero siendo sinceros? Ese tipo de críticas le resbalan. Sabe de lo que habla. No solo ha leído en los libros de historia sobre la ocupación soviética; lo ha vivido en sus propias carnes.
La pregunta que cada vez se hace con más frecuencia en La Haya y Bruselas es cuánto tiempo puede seguir apoyándose Europa en la retórica de Kallas sin querer asumir las consecuencias que esta conlleva. Porque su enfoque es claro. Básicamente se resume en tres puntos:
- No mostrar debilidad: Cualquier debate sobre un canje de territorios o una zona desmilitarizada lo interpreta como una invitación a Putin para que siga avanzando.
- Apoyo total a Ucrania: No solo con palabras, sino con los medios para ganar la guerra. Entiende perfectamente que esto suponga un esfuerzo económico para los europeos, pero como ella misma ha dicho: el precio de la debilidad es, a la larga, infinitamente mayor.
- Forzar la unidad europea: No le tiembla el pulso para señalar con el dedo a los líderes que prefieren mirar hacia otro lado.
Por supuesto, algunos analistas la consideran demasiado dura. Dicen que no presta suficiente atención a los juegos diplomáticos que subyacen. Pero seamos sinceros: con un tercer gabinete de Kallas tan sólidamente asentado, esto es exactamente lo que Estonia espera de ella. Fue elegida para liderar, no para contemporizar. Y para nosotros, aquí en Europa Occidental, quizá sea una bendición tener a alguien que se niega a maquillar la realidad con vagas declaraciones de intenciones.
Las próximas semanas serán cruciales. Ahora que aumentan las tensiones en el G7 y las diferencias entre EE.UU. y Europa se hacen más evidentes, Kallas seguirá sin duda desempeñando un papel clave. No es una diplomática al uso, es una líder que siente la urgencia. Y francamente, en tiempos como estos, vale más una lengua afilada desde Tallin que una docena de comunicados educados pero vacíos desde Bruselas.