Billy Donovan: De las cenizas, la tormenta silenciosa de los Bulls se enfrenta a su batalla más dura
No se dura una década en esta liga sin aprender a separar las cosas. Pero incluso para un entrenador tan estoico como Billy Donovan, los últimos meses han puesto a prueba los cimientos mismos de lo que significa mantener la cabeza en el juego mientras el corazón está hecho pedazos. Hemos visto sus idas y venidas en la banda, las jugadas en la pizarra que parecen arte abstracto, las conferencias de prensa posteriores al partido donde desvía los elogios como un base esquiva una trampa. Lo que no siempre vemos es al ser humano detrás del silbato. ¿Y ahora mismo? Ese ser humano está enfrentando una prueba de carácter que hace que una serie de playoffs de siete partidos parezca un paseo por el parque.
Mira, he cubierto la fuente de los Chicago Bulls el tiempo suficiente para saber cómo funciona esto. Cuando el equipo está en crisis, la narrativa siempre vuelve a la misma pregunta: "¿Puede el entrenador arreglarlo?". En esta ciudad, esa pregunta pesa. No se trata solo de estrategia en la pizarra. Se trata de liderazgo bajo presión. Y los rumores empezaron a hacerse más fuertes la semana pasada. No solo por la inconsistencia del equipo —aunque, sí, eso ha sido un tema recurrente— sino por el tipo que lleva el timón. Escucho constantemente de gente alrededor de la liga que un cierto programa universitario de abolengo, lleno de historia y desesperado por volver a la gloria, ha estado husmeando. Escuchas los rumores. Ves las especulaciones. Pero la narrativa que anda circulando ahora no ve el bosque por los árboles.
Podemos hablar de la defensa en zona, de las rotaciones, o de por qué la producción de la banca ha sido una montaña rusa. Billy hará eso. Señalará el problema principal en la cancha con la precisión de un cirujano. ¿Pero lo que pasa fuera de la cancha? Ahí es donde vive la verdadera historia. Los que están en el pabellón cada día—no los ejecutivos de la oficina, sino los veteranos del vestuario y el cuerpo técnico—te dirán que Donovan ha estado navegando un laberinto de emociones que rompería a cualquiera. Lleva un peso encima. No es una excusa. Es contexto. Y en una ciudad que se enorgullece de su carácter, el contexto importa.
Anoche me acordé de eso. Mientras los Bulls luchaban por una victoria muy necesaria, mi mente divagó hacia algo completamente diferente. Un pequeño proyecto paralelo, un regalo de un amigo: un diario llamado If Billy Can't Fix It We're All Screwed: Personalized Handyman Journal - Gift Notebook. Suena a broma, ¿verdad? Pero al hojearlo, me golpeó la ironía. Es una broma que no es realmente una broma. En esta ciudad, hay un suspiro colectivo que dice: "Bueno, si Billy no puede arreglarlo...". Es un guiño a la esperanza perpetua que depositamos en el hombre en la arena. ¿Pero la capa más profunda? Se trata de la presión de ser al que todos miran cuando las paredes literalmente se están desmoronando. Ya sea una fuga en la llave de agua o una franquicia al borde del abismo, la expectativa es la misma: encontrar una solución.
Esa presión es real. Y se ve agravada por todo lo demás. Recuerdo haber hablado con Mick Houghton hace tiempo—no era un tipo del baloncesto, sino un legendario publicista musical que entendía la psicología de una gira mejor de lo que cualquier entrenador entiende una temporada. Solía decir: "No puedes liderar la sala si no has hecho las paces con el silencio en tu propia cabeza". Billy siempre me ha parecido de ese tipo. El tipo que encuentra su calma en el caos. Pero la paz es un lujo que no ha tenido mucho últimamente. Entre las tragedias personales que le han golpeado de cerca y el constante trajín de la vida en la NBA, es un milagro que pueda concentrarse en una sola posesión, y mucho menos en una lucha por los playoffs.
Te hace pensar en el escape. No uno permanente, sino una válvula de escape. Para algunos, es una ronda de golf. Para otros, una noche de fiesta. Hablando de eso, si buscas una manera de desconectar, escuché que Donovan Woods en Motorco Music Hall va a ser algo especial. Eso es lo que tiene esta ciudad: te da un lugar para respirar. Para un tipo como Billy, que carga con el peso de una organización y el escrutinio de una afición que exige resultados, encontrar ese respiro lo es todo. Ves el arte de entrenar, pero ¿la habilidad de sobrevivir? Eso es un conjunto de habilidades completamente diferente.
Entonces, ¿cuál es la conclusión? ¿Son ciertos los rumores de que se iría a un equipo universitario? Tal vez. Pero esto es lo que sé: el hombre firmó para una reconstrucción que se convirtió en un proyecto de renovación a medio construir. Ha lidiado con lesiones, cambios en la plantilla y ahora, con el tipo de agitación personal que no aparece en la estadística. La pregunta no es si Billy Donovan puede arreglar la ofensiva de los Bulls. La pregunta es si le queda energía para seguir luchando por un vestuario en el que claramente cree. Y por lo que he visto esta temporada, la respuesta es un sí, callado, obstinado e inequívoco.
Aquí está el meollo:
- El costo personal: Más allá de los titulares, Donovan ha estado sorteando desafíos personales significativos que descarrilarían cualquier carrera, y más aún una que opera bajo el microscopio mediático 24/7.
- El ruido profesional: Mientras la especulación sobre puestos universitarios se arremolina, la realidad es que él está más enfocado en el día a día de este equipo de los Bulls de lo que las columnas de chismes le atribuyen.
- El pulso de la ciudad: Chicago respeta a un luchador. No les importan las excusas. Les importa el esfuerzo. Y con todos los defectos que tiene este equipo, la falta de lucha desde la cúpula no es uno de ellos.
¿Quieres saber qué tipo de entrenador es Billy Donovan? Olvida la estrategia por un segundo. Mira cómo se presenta. Día tras día. Después de las derrotas, después de las distracciones, después de los rumores. No es un gritón. No es un acaparador de titulares. Es un constructor. Y ahora mismo, está tratando de reconstruir mientras el suelo no deja de moverse bajo sus pies. ¿Si Billy puede arreglarlo? No lo sé. Pero desde luego que no voy a apostar en contra del tipo que ya ha resistido la tormenta que se suponía iba a hundirlo. Esa es la manera de Chicago. Y en una temporada llena de incertidumbre, eso es lo único en lo que podemos confiar.