Los precios de la gasolina se disparan: ¿Nos están tomando el pelo en las gasolineras?

Un día más, un euro más en el surtidor
Si has llenado el depósito últimamente, seguro que has mirado dos veces el marcador. Sí, los precios de la gasolina hacen lo que mejor saben hacer: subir. En la última semana, conductores de Sídney y Melbourne han visto la sin plomo de 95 rozando los 2,30 euros el litro, y en algunas zonas remotas, incluso más. Es el tipo de dolor que te hace replantearte ese viaje de fin de semana.
Pero la cuestión es la siguiente: mientras señalamos a la guerra en Irán (y vale, eso es parte del problema), cada vez son más los que creen que el verdadero culpable está más cerca de casa. Piensa en tu gasolinera de barrio y en esos grandes carteles que prometen los "precios más bajos".
Irán, Irak y el tablero mundial del petróleo
Mira, nadie niega que la tensión en Oriente Próximo está sacudiendo el mercado mundial del petróleo. Con Irán en el punto de mira, el precio del crudo no para de hacer el yoyó. Eso repercute directamente en lo que pagamos por la gasolina, porque aunque Australia sea un peso pesado en la minería, seguimos dependiendo del combustible refinado importado. Cuando el precio mayorista sube, los minoristas lo notan. O eso nos cuentan.
Pero aquí es donde la cosa se complica. Las industrias petroleras siempre han sido rápidas subiendo los precios cuando las noticias internacionales asustan. Sin embargo, ¿cuándo baja el crudo? El ahorro parece llegar al surtidor por el camino más largo. Es un cuento de siempre, y uno que tiene a la ACCC (Comisión Australiana de Competencia y Consumo) husmeando.
¿Están las gasolineras abusando con los precios? Claro que sí
Esta misma semana han salido a la luz historias que te hacen hervir la sangre. Se acusa a los minoristas de usar la guerra de Irán como excusa para aumentar sus márgenes de beneficio. Un organismo de control incluso sugirió que algunas estaciones están aplicando una "prima de guerra" que no tiene nada que ver con sus costes mayoristas reales. Es como echarle la culpa al tiempo de que se te enfríe la comida: a veces es cierto, pero otras es solo una excusa muy cómoda.
Tengo años suficientes como para recordar cuando un cartel marcaba 1,10 y todos nos quejábamos. Ahora daríamos cualquier cosa por volver a esos días. ¿La diferencia? Entonces, el margen entre el precio mayorista y el minorista era mucho más ajustado. Hoy, algunos operadores se parten la caja mientras nosotros pasamos la tarjeta y ponemos cara de circunstancias.
Más que solo combustible: los productos derivados del petróleo que damos por sentado
No es solo lo que echas en el depósito. Toda la familia del petróleo lo toca casi todo. Desde la gasolina que mueve las furgonetas de los currelas, hasta la vaselina que te pones en los labios secos en invierno. Sí, eso también es un derivado del crudo. Cuando el sector estornuda, todos cogemos un catarro. Y ahora mismo, es una maldita pandemia.
¿Qué podemos hacer? No te limites a apechugar
Entonces, ¿estamos condenados a pagar lo que pidan? No del todo. Aquí van algunos trucos que he aprendido con los años:
- Usa aplicaciones como FuelCheck o PetrolSpy. Muestran los precios en tiempo real para que puedas encontrar la gasolinera más barata de tu zona. A veces conducir cinco minutos te ahorra 20 céntimos por litro.
- Evita el impuesto de las "marcas conocidas". Las gasolineras independientes suelen ser mucho más baratas que las grandes cadenas. No seas fiel, sé inteligente.
- Elige bien el momento para repostar. Los precios suelen alcanzar su punto máximo los jueves y viernes. Si puedes, llena el depósito entre semana.
- Denuncia el abuso. Si ves una gasolinera sospechosamente más cara que las demás, repórtalo a la ACCC. Tienen una unidad de control de precios que presta atención.
En resumen
Al final, todos estamos en el mismo barco, mirando esos grandes números rojos y preguntándonos si nos están tomando el pelo. Con los conflictos mundiales sin señales de disminuir y los minoristas locales bajo el foco por posibles abusos en los precios, la única certeza es la incertidumbre. Pero algo seguro: cuanto más informados estemos y más compartamos información, más difícil les resultará engañarnos. Mantén los ojos abiertos y el depósito a medio llenar.