Maria Leissner abandona la política y deja un duro análisis sobre la ayuda sueca al desarrollo democrático
Es uno de esos días en la política sueca que te hacen detener en seco. Maria Leissner, una de las figuras más experimentadas y con mejor criterio del Partido Liberal, ha decidido dar un paso al costado tras las elecciones de repetición en Estocolmo. La noticia se conoció ayer y, aunque para quienes seguimos el partido con lupa no fue una sorpresa total, no deja de ser una pérdida para la seriedad política. Leissner siempre fue una voz que no solo hablaba de valores, sino que realmente los ponía en práctica. Su marcha, como citaba una fuente cercana al partido, es "dolorosamente inteligente", pero sobre todo, es una lástima.
Para entender por qué esto es una noticia más importante que la de otro político cansado de sus cargos de confianza, hay que retroceder un poco. Leissner no es una política municipal cualquiera. Su nombre está tan ligado al ámbito internacional como a las disputas internas del partido en el país. Muchos la recuerdan como cónsul general en Estambul o como presidenta de la Asociación Sueca para las Naciones Unidas. Pero es su labor en temas de democracia lo que ha dejado una huella más profunda. Para quienes han seguido ese debate, ella es la personificación de una combinación poco común: experiencia práctica en zonas de conflicto y una agudeza teórica que pocos poseen.
Una dimisión que refleja un partido en crisis
Que Leissner se vaya ahora no es solo una cuestión de agotamiento personal. Es el síntoma de algo mayor. No es la única que ha renunciado en protesta por la dirección que ha tomado el partido en los últimos tiempos. Varios otros miembros han optado por dejar sus cargos electivos en la misma semana. Hay una frustración porque la brújula liberal –de la que Maria Leissner siempre fue una garante– ha quedado relegada a maniobras tácticas. Cuando los valores fundamentales empiezan a chocar con la disciplina de partido, suelen ser quienes tienen más integridad los primeros en dar un paso al lado.
Recuerdo una entrevista con ella hace unos años, sentada en un soleado rincón de una cafetería en Södermalm, hablando precisamente de esto: de ser liberal en una época en la que todos claman por soluciones simples. Hablaba de que la democracia no es una estación terminal, sino un trabajo constante. Es bajo esa luz que hay que leer su última y quizás más significativa contribución al debate público: el informe ”Challenges to Democracy Building: Recommendations for a New Swedish Policy on Democracy Building” (Desafíos para la construcción democrática: recomendaciones para una nueva política sueca de construcción democrática). Es un texto que debería leer cualquier político que haya pronunciado las palabras "ayuda al desarrollo" o "base de valores".
- El informe desmonta el mito de que la democracia puede exportarse fácilmente con plantillas burocráticas.
- Señala un cambio de sistema en el que Suecia debe aprender a escuchar más a las sociedades civiles locales en lugar de dirigir desde las sedes centrales en Estocolmo y Bruselas.
- Y es dolorosamente claro al afirmar que el modelo actual a menudo no alcanza sus objetivos. Una crítica que cobra un peso especial cuando viene de alguien como Maria Leissner, que sabe de lo que habla.
Una voz que se echará de menos en el debate exterior sueco
Por eso precisamente su salida del escenario político pesa tanto. Nos sobran políticos que pueden formar parte de una ejecutiva de partido. En cambio, hay una necesidad imperiosa de personas con la experiencia de Maria Leissner para moverse entre la diplomacia, los derechos humanos y la burocracia interna de los partidos suecos. Cuando ella se va, no solo desaparece un escaño, sino toda una institución. Sus análisis, vertidos en innumerables informes y artículos de opinión, son difíciles de reemplazar.
Para quienes seguimos la política sueca, esto es un recordatorio de que los partidos están perdiendo su competencia más profunda. Cuando alguien como Maria Leissner, con una carrera construida sobre cuestiones de fondo más que sobre hilos de Twitter, siente que ya no merece la pena quedarse, deberían saltar todas las alarmas. El Partido Liberal, y de hecho la democracia sueca en general, se empobrece un poco hoy. He visto pasar a muchas figuras a lo largo de mis años como editor, pero esta despedida se siente diferente. Es como cuando un piloto experimentado decide abandonar el puente en medio de la tormenta. Ella ha cumplido su ciclo, y con creces. Pero la pregunta es quién tomará el timón cuando el viento sople más fuerte.