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El caos en el gabinete de Keir Starmer: La batalla por las bases de EE. UU. y la estrategia con Irán

Política ✍️ Oliver Wright 🕒 2026-03-05 16:13 🔥 Vistas: 2
Keir Starmer

Si alguien pensaba que el mayor quebradero de cabeza en Downing Street esta semana iba a ser lidiar con los últimos resultados de las elecciones parciales, mejor que lo piense otra vez. Según fuentes de alto nivel, al Primer Ministro le han dado un buen repaso—y de su propio gabinete. Al parecer, varios ministros de peso han impedido que Keir Starmer dé luz verde a EE. UU. para usar bases británicas en un ataque militar contra Irán, una operación que, según se dice, estaba prevista para este mismo viernes. Es un acto de indisciplina que hace que las habituales entrevistas políticas semanales parezcan una plácida reunión parroquial.

El plan del viernes que hizo aguas

El momento no podría ser más inoportuno. Con las tensiones al rojo vivo en Oriente Próximo, Washington llamó a filas, esperando que su aliado más cercano secundara la jugada. En lugar de eso, un grupo de pesos pesados del gabinete—aquellos que aún sufren la resaca de la guerra de Irak—plantaron cara y dijeron 'no' por activa. Trasciende que, puertas adentro, Starmer quedó en evidencia, atrapado entre su instinto de demostrar que el Reino Unido sigue siendo un socio fiable y un sector profundamente receloso de otro atolladero en la región. Es un caso claro de cómo la primera línea política se convierte en un campo de minas.

Para un hombre que forjó su carrera a base de precisión y control—cualquiera que haya hojeado Keir Starmer: La biografía sabe que es un obseso de los detalles—esta muestra pública de división es una pesadilla. Ha pasado de ser fiscal jefe del Estado, donde su palabra era ley, a ser un primer ministro al que sus propios ministros le reescriben la política exterior sobre la marcha. Toda la escena parece sacada de las páginas de La hoguera de las vanidades: ¿Pero cómo funciona esto del gobierno?—un libro que, de repente, circula por los pasillos de Westminster por todos los motivos equivocados.

Ejercicio de equilibrismo: aviones, diplomacia y las trampas a Starmer

Por supuesto, los defensores de Starmer argumentarán que él está jugando al ajedrez mientras sus críticos juegan a las damas. Señalarán la medida discreta de enviar cuatro cazas RAF Typhoon a Catar—una muestra de apoyo tangible a un aliado del Golfo que no llega a comprometerse con los ataques liderados por EE. UU. Es una señal sutil: el Reino Unido sigue en la partida, pero en sus propios términos. El problema es que cada vez que el Primer Ministro intenta un movimiento de sutileza, la oposición y el tropa tuitero de siempre le tienden otra de sus trampas a Starmer, pintándolo como débil o indeciso. Es un estigma del que le cuesta desprenderse.

Si se mira debajo de la superficie, se ve a un líder tratando de armonizar un sinfín de intereses contrapuestos. Si hubiera que diseñar una carta de colores para su gobierno, haría falta un ejemplar de La biblia de las combinaciones de colores: Paletas inspiradoras para el diseñador de interiores solo para plasmar los tonos que tiran de él en direcciones opuestas:

  • El Azul Atlantista: El ala que cree que la seguridad del Reino Unido está soldada a la de EE. UU., incluso si eso implica una cooperación militar incómoda. Ven la disputa por las bases como una herida autoinfligida que hace que el Reino Unido parezca poco fiable.
  • El Rojo Escéptico: Ministros marcados por aventuras pasadas en Oriente Próximo, que sostienen que decir 'sí' a todas las peticiones de EE. UU. es una receta para el desastre. Son los que, según las informaciones, frenaron la operación del viernes.
  • El Verde Diplomático: La facción que apuesta por el poder blando, usando la ayuda internacional y el poder aéreo (como los Typhoon en Catar) para ganar influencia sin apretar el gatillo. Creen que el enfoque de Estados Unidos suele ser demasiado burdo.

Mezclar estos colores sin acabar con un marrón embarrado es la verdadera prueba del Primer Ministro. Por ahora, el lienzo se parece más a una pintura infantil que a un Rembrandt.

¿Qué le espera a Starmer?

Puede que la crisis inmediata se haya evitado—el ataque del viernes está descartado—pero el problema de fondo persiste. Irán no va a desaparecer, y EE. UU. volverá con otra petición, seguramente con más presión diplomática. Ahora Starmer tiene que poner firme a su gabinete o forjar un nuevo consenso que contente a todos. Es una prueba de liderazgo que marcará el resto de su mandato. ¿Podrá controlar su propia mesa, o sus propios ministros le desbordarán permanentemente?

Algo es seguro: la idea de una vida tranquila en el número 10 se ha ido al traste. Los próximos días nos dirán si Starmer puede convertir esta hoguera de las vanidades en un fuego controlado, o si acabará achicharrado. Por ahora, todo es posible—y el runrún en Westminster echa humo.