Éric Cantona lanza su primer álbum: el artista polifacético se revela
A sus 59 años, Éric Cantona acaba de lanzar su primer álbum. A quienes lo vieron vagar con su aire de poeta maldito por los campos de fútbol ingleses no les pilla por sorpresa. «Cada vez vivo más el momento y el instinto», afirma. Y, sinceramente, escuchando sus canciones, uno se lo cree a pies juntillas. Es puro, es directo, es él.
Guy Roux, los candados y las ganas de escapar
Para entender este disco, hay que recordar al chaval. Todavía resuena esa historia que circula de boca en boca: en Auxerre, el padre Roux ponía candados en las ventanas para evitar que sus muchachos salieran de noche. Pero Éric Cantona, ya entonces, era como una anguila, escurridizo. Siempre encontraba la manera de largarse. Hasta el día en que lo sorprendieron. Esa rabia por la libertad sigue ahí, treinta años después. Atraviesa sus canciones igual que antes atravesaba las defensas rivales.
Y luego está esa imagen que vuelve con fuerza. En las fiestas, en las camisetas de los jóvenes, veo por todas partes esa famosa máscara de cartón con su efigie. La mirada perdida, el cuello levantado. Un icono popular que trasciende el fútbol. Las camisetas de Éric Cantona, con sus frases contundentes o su cara de ángel, se venden como rosquillas. Prueba de que el mito sigue más vivo que nunca.
«La música es lo más importante hoy en día»
Así que sí, ahora canta. Y lo dice sin rodeos: «la música es lo más importante hoy en día». Él, que lo ha hecho todo – cine, teatro, publicidad –, impone su voz de barítono sobre bases electrónicas. Suelta sus letras en inglés, en francés, con total naturalidad. En este primer álbum, encuentro todo lo que hace que este tipo sea único:
- El chaval de Marsella, áspero y radiante.
- El dorsal 7 del Manchester, ese alma herida que levantaba trofeos.
- El actor, que puso su rostro al servicio de Ken Loach.
- El viejo sabio, que suelta aforismos simples que valen su peso en oro.
He escuchado el álbum una y otra vez. Hay momentos de gracia, destellos de genio. Se nota que se ha tomado su tiempo, que ha esperado a tener algo que decir. Sin relleno, puro instinto. Como un Éric Cantona que por fin ha encontrado la salida para expresar lo que le quema por dentro.
El hombre que atraviesa las épocas sin envejecer
Eso es lo más alucinante de él. Basta con una máscara de cartón recreada en las redes, un chaval con una camiseta de Éric Cantona en el metro, y el mito echa a andar de nuevo. Se ha convertido en una figura atemporal del panorama francés, un rebelde con estilo que todo el mundo quiere tener. Su álbum igual no es un éxito de ventas. Pero no es esa la cuestión. Él lo ha hecho. Se ha entregado, a su manera, sin tapujos. Y francamente, con los tiempos que corren, alguien que aún se atreve a ser él mismo, sienta de maravilla.