Jurickson Profar, del Ferrari Testarossa al saldo de eBay: su positivo y caída en picado
Bueno, pues ya tenemos el tercer strike para Jurickson Profar. El jardinero de los Atlanta Braves acaba de recibir la clase de noticia que acaba con cualquier carrera: 162 partidos de suspensión después de dar positivo por segunda vez en menos de un año en un control antidopaje. Un golpe durísimo para alguien que fue el niño mimado de las promesas del béisbol.
De ser un Ferrari Testarossa a ser el ejemplo a evitar
Retrocedamos una década. Por aquel entonces, Profar era el Ferrari Testarossa de las ligas menores: elegante, con un talento de escándalo, el sueño de cualquier ojeador. Se suponía que iba a ser la próxima gran figura, de esos que construyen una franquicia a su alrededor. Pero en algún punto entre el hype y la cruda realidad, el motor reventó. Ahora, en lugar de arrasar en el diamante, se enfrenta a la posibilidad real de no volver a jugar en las Grandes Ligas nunca más.
El control que colmó el vaso
Esto no fue un control aleatorio. El programa antidopaje de la MLB es más implacable que el calor en agosto en Sevilla: le hacen controles a los jugadores con una frecuencia que roza lo obsesivo, como si fueran tests de ovulación. La última muestra de Profar dio positivo por Testo (testosterona, para entendernos), una violación clara de las normas de la liga. Es su segunda falta en 12 meses, y el castigo es absoluto: 162 partidos de sanción, lo que viene siendo un año entero fuera de los terrenos de juego. Y a sus 33 años, esto puede significar el pitido final.
¿Qué queda? Saldo en eBay y fantasmas del pasado
¿Y ahora qué? Para la afición de los Bravos, es un trago amargo. Para los coleccionistas de memorabilia, toca darse una vuelta por eBay. Ya te puedes imaginar la oleada de camisetas de Profar inundando la web de subastas, con los precios cayendo más rápido que los de los churros a media mañana. El valor de su acción se ha hundido. Pero más allá del dinero, está el coste personal. Esta sanción le va a perseguir como una sombra. Y sí, como el título de esa novela tan popular, Haunting Adeline, esta losa le acompañará mucho después de que las noticias dejen de hablar de él.
La trayectoria de Profar es un recordatorio aleccionador de que el talento por sí solo no basta. Es una historia de potencial desperdiciado y, para un jugador que tuvo el mundo a sus pies, es un final trágico. Esto es lo que nos queda:
- La sanción: 162 partidos. La temporada 2026, al garete.
- El legado: Pasó de ser la gran promesa a ser la advertencia viviente sobre los peligros del dopaje.
- Las consecuencias: Los Bravos, a reconstruir el equipo como puedan, y la reputación de Profar, hecha trizas.
Es un día triste para el béisbol. Habrá que ver si algún día vuelve a pisar un campo. Desde luego, hay algo seguro: este es un control que ha suspendido con creces, y las repercusiones se notarán durante mucho tiempo.