Barbara Dreaver: Mi aterradora noche en una celda en Fiyi y la advertencia de "tiempos volátiles" para el Pacífico
Barbara Dreaver ha pasado décadas cubriendo la región del Pacífico, pero nada la preparó para la noche que pasó encerrada y sola en una celda de la policía en Fiyi, convencida de que iban a torturarla. La periodista veterana, conocida por todos los kiwis que alguna vez han seguido los asuntos del Pacífico, describe la experiencia como la más aterradora de su carrera.
"Estás en una celda de concreto, sin ventana, solo una bombilla desnuda que nunca se apaga. Escuchas gritos de otras celdas y tu mente empieza a jugarte trucos", me dijo mientras tomábamos un café en Auckland esta semana, aún visiblemente afectada pero decidida a hablar. "Sinceramente, temí por mi integridad física. Es un tipo de impotencia que nunca antes había sentido".
Un crudo recordatorio de las realidades del Pacífico
El calvario de Dreaver comenzó cuando fue detenida después de cubrir una historia en Suva con la que las autoridades locales no estuvieron de acuerdo. Aunque no entra en detalles —citando asesoramiento legal en curso— deja claro que el trato que recibió es una llamada de atención para cualquiera que piense que el Pacífico es un paraíso tranquilo donde los periodistas pueden trabajar sin riesgos.
"La región está cambiando rápidamente. Hay una nueva actitud de afirmación, un rechazo a lo que algunos consideran interferencia externa. Y los periodistas están cada vez más atrapados en medio", dice. "Mi noche en esa celda fue extrema, pero refleja una tendencia más amplia de reducción del espacio para las voces independientes".
Durante casi 30 años, Dreaver ha reportado desde Tonga, Samoa, Fiyi y más allá —a menudo la única periodista neozelandesa sobre el terreno durante ciclones, golpes de Estado y disturbios políticos. Sus contactos van desde líderes comunitarios hasta primeros ministros, y su conocimiento de las culturas del Pacífico es enciclopédico. Por eso su advertencia tiene peso.
'Tiempos volátiles por delante' para la región
Su advertencia es contundente: "Se avecinan tiempos volátiles para el Pacífico". Señala una tormenta perfecta de presiones:
- Rivalidad geopolítica: Las grandes potencias están inyectando dinero e influencia en la región, obligando a las naciones insulares a navegar por aguas diplomáticas traicioneras.
- Crisis climática: El aumento del nivel del mar y los ciclones más intensos están desplazando comunidades y agotando los recursos.
- Inestabilidad interna: Desde el malestar social hasta las tensiones políticas, los gobiernos luchan por satisfacer las crecientes expectativas.
- Libertad de prensa amenazada: Su propia detención es solo un ejemplo de un patrón que incluye la deportación de periodistas y el cierre de medios críticos.
"Lo que pasa en el Pacífico no se queda en el Pacífico", subraya. "La economía, la seguridad y la identidad nacional de Nueva Zelanda están profundamente ligadas a nuestros vecinos. Si la región se vuelve más inestable, lo sentiremos directamente —a través de presiones migratorias, disrupciones económicas e incluso desafíos de seguridad".
El costo humano
Pero Dreaver se apresura a desviar la conversación de la geopolítica abstracta y volver a la gente a la que ha dedicado su vida a cubrir. Recuerda a un líder comunitario en Tuvalu que le dijo: "No nos estamos ahogando, estamos luchando". Ese espíritu de lucha, dice, a menudo se pasa por alto en los titulares internacionales que tratan a los isleños del Pacífico como víctimas pasivas.
"Son resilientes, pero la resiliencia tiene límites. Cuando a una periodista como yo la encierran, es un recordatorio de que el Pacífico no es solo un hermoso escenario —es un lugar complejo, a veces peligroso, donde hay vidas reales en juego".
Desde su liberación, Dreaver ha recibido una oleada de apoyo de colegas y líderes del Pacífico. Pero no se detiene en su propio trauma. En cambio, ya está planeando su próximo viaje —de vuelta a Fiyi, de vuelta a las historias que necesitan ser contadas.
"No puedes dejar que el miedo te detenga. Si nos retiramos, ¿quién cuenta las historias de la gente que no tiene voz? Para eso me metí en este trabajo, y por eso seguiré haciéndolo".
Mientras el Pacífico traza su propio rumbo a través de aguas turbulentas, Barbara Dreaver estará allí, observando, escuchando y reportando —les guste o no a las autoridades.