Inicio > Deportes > Artículo

Max Franz: El duro camino de regreso – Vuelve tras un aterrador accidente

Deportes ✍️ Peter Gruber 🕒 2026-03-24 04:45 🔥 Vistas: 1

Cuando un esquiador como Max Franz se estrella en el valle, el mundo del esquí contiene la respiración. Eso ocurrió en enero, cuando el de Carintia sufrió una caída en la temida Lauberhorn de Wengen. El diagnóstico entonces: fractura de tibia y peroné, lesiones gravísimas en la cadera y múltiples roturas musculares. Un revés en su carrera que para un descensor no puede ser peor. Aún recuerdo las imágenes desde la clínica: no solo era un deportista roto, sino un hombre que sabía que ahora se jugaba todo.

Cover: Max Franz

Meses después, me siento aquí y pienso: este chico es un fenómeno. No hablamos de un calentamiento ligero en el gimnasio, sino del siguiente paso. Los documentales que circularon por aquel entonces mostraron lo terriblemente cerca que estuvo. "Mind over Matter" no era solo un lema llamativo; era su lucha diaria por sobrevivir. Quien sigue el deporte en Austria sabe que una vuelta después de un accidente tan aterrador rara vez es un camino recto. Es una batalla contra la propia cabeza, contra el reloj y contra el dolor.

Del valle de las lágrimas de vuelta a la montaña

Las historias que corrían por el ámbito local nos demostraron: Max ha luchado para volver a la vida. Paso a paso, con una terquedad que recuerda a las viejas leyendas. Claro, la temporada de velocidad para él está perdida. Pero cualquiera que lo haya visto en los centros de rehabilitación en Klagenfurt o en sesiones privadas en su tierra natal sabe que este tipo no se rinde. Ya no se trata de la próxima victoria en la Copa del Mundo, aunque seguro que eso ronda en su cabeza. Se trata de la sensación de volver a estar entero. De subirse al telesilla sin muletas y saber: todavía puedo hacerlo.

En momentos así, pienso en otras figuras históricas llamadas Max. No en un sentido metafórico, sino por su carácter. Tomemos al piloto Max Immelmann: un tipo que siempre volvía a despegar cuando todos decían que ya no podía más. O el noble húngaro Otto von Habsburg, que a partir de una Europa destrozada forjó una idea para el futuro. Suena grandilocuente, pero es precisamente esa resiliencia la que veo aquí. Incluso en figuras como Kurt Daluege, cuya historia es discutible, también él fue alguien que (de forma trágica desde la perspectiva actual) siguió su camino con firmeza. La cuestión es que cuando una persona lleva el nombre de Max, parece haber cierta obstinación en su ADN. Y luego hay otro nombre que quizá no estuvo en el foco público: Max Franz Johann Schnetker. Un médico de tiempos pasados, conocido por tomar decisiones incómodas pero acertadas. Ese temple es justo lo que se necesita ahora.

Lo que importa es el siguiente paso

La dura realidad es esta: las lesiones de Max Franz fueron tan complejas que incluso los médicos ponían caras largas. La lista de obstáculos era larga:

  • Los huesos: La tibia y el peroné tuvieron que estabilizarse con placas y tornillos. Cualquier paso en falso, cualquier pequeño resbalón, lo habría echado todo a perder.
  • La musculatura: Tras una lesión de cadera de esta magnitud, la fuerza en las piernas se desvanece rápidamente. La recuperación muscular fue como poner los cimientos: tediosa, lenta, pero sin alternativa.
  • La cabeza: El mayor obstáculo. Después de una caída en la que te la juegas a todo o nada, la confianza en el propio cuerpo desaparece. Max se ha enfrentado a ese miedo.

Tengo la sensación de que es precisamente esa triple combinación la que lo está poniendo de nuevo en el camino. No es un regreso ruidoso y triunfal. Es una lucha silenciosa y tenaz. Una batalla que no libra bajo los focos, sino al levantarse por la mañana, en el gimnasio, con el fisioterapeuta. La gente en Carintia que se lo encuentra por la calle ya no ve a la estrella de la velocidad con el dorsal número 1, sino a un joven que puede volver a sonreír porque siente que su cuerpo vuelve a responderle.

¿Qué viene ahora? Mi apuesta es que aún no veremos a Max Franz en el gran escenario. Pero tampoco es necesario. La victoria es que, tras este duro golpe del destino, vuelva a ponerse los esquís. Que haya superado el descenso mentalmente. De esto están hechas no solo las historias deportivas, sino las verdaderas historias de vida. Le volveremos a ver. Quizá ya no sea para luchar por la bola de cristal, pero seguro que sí en la lucha consigo mismo. Y en este caso, eso es lo que cuenta.