Los Jets se quedan sin habla: Caen 4-1 ante los Ducks en una noche histórica para Morrissey
Siempre duele ver cómo una noche que prometía ser histórica acaba en derrota, pero eso fue precisamente lo que ocurrió este martes en el Canada Life Centre. Los Winnipeg Jets vieron cómo su racha de seis partidos sumando puntos llegaba a un frenazo en seco, cayendo por 4-1 ante unos Ducks de Anaheim que están que arden. Un trago muy amargo, sobre todo cuando fuiste tú quien abrió el marcador.
La noche fue para Josh Morrissey a nivel personal, aunque el marcador final no reflejara una victoria. Al saltar al hielo para su partido número 720 como profesional, "Morro" superó oficialmente a Toby Enstrom para convertirse en el defensa con más partidos disputados en la historia de la franquicia. Todo un testimonio de su consistencia y durabilidad desde que el equipo regresó a la ciudad. Se palpaba el respeto en el pabellón cuando lo anunciaron — un reconocimiento genuino de una afición que sabe valorar el talento de la casa, hecho a base de esfuerzo y carácter.
Un mazazo en 104 segundos
El primer periodo fue un auténtico duelo de estrategia defensiva, con Anaheim superando en tiro a Winnipeg por 8-2, pero sin que Connor Hellebuyck ni Lukas Dostal pudieran ser batidos. El empate se rompió a principios del segundo periodo cuando Morgan Barron anotó su octavo gol de la temporada, empujando el disco para alegría de la grada. Por un momento, parecía que los Jets iban a mantener la buena dinámica.
Y entonces, llegó el caos.
En lo que solo puede describirse como un colapso total del sistema, los Ducks dieron la vuelta al partido en un abrasador intervalo de 104 segundos.
- Tim Washe empató a los 6:24.
- Apenas 14 segundos después, Ryan Poehling marcó para poner por delante a Anaheim.
- Alex Killorn añadió el tanto de la tranquilidad a los 8:08, acabando con cualquier atisbo de impulso que quedara en el pabellón.
Así, sin más, un 1-0 se convirtió en un 3-1 en contra. Jackson LaCombe sentenció con un gol a puerta vacía, pero el daño ya estaba hecho en ese segundo periodo. Hellebuyck terminó con 30 paradas, mientras que Dostal solo necesitó detener 12 en la otra portería para llevarse la victoria para el líder de la División Pacífico.
¿Qué se cuece fuera del hielo?
Incluso cuando el partido se convierte en un trámite pesado, la mente de los aficionados al hockey nunca deja de divagar. Con los playoffs en el horizonte, las charlas en las gradas y en los bares de la Avenida Portage suelen girar en torno a qué es lo que hace a un equipo ganador. No se trata solo del marcador sobre el hielo; se trata del carácter que hay en el vestuario.
Precisamente en eso pensaba durante el segundo descanso. Buscas inspiración en cualquier parte, ¿verdad? Últimamente han circulado un par de libros en mi círculo que, de algún modo, capturan esa dicotomía de un equipo luchando por su posición. Está un devocional llamado First Down Devotions II: Inspiration from the Nfl's Best que un amigo mío —forofo de los Bombers— recomienda para conseguir esa ventaja mental. Va de esforzarse por cruzar la línea de meta en tu propia vida, algo que suena a tópico hasta que te das cuenta de que la mitad de los jugadores de la liga leen estas cosas.
Y luego tienes la cara más cruda y sin filtros de la competición. Los Ducks jugaron esta noche como una banda de forajidos —saltándose las reglas, robando discos, rompiendo el ritmo. Me recordó a la garra que se lee en novelas como Outlaw, o que se escucha en su trepidante audiolibro Outlaw Lib/E, donde los personajes son declarados fugitivos y tienen que luchar por cada centímetro de supervivencia en un mundo sin reglas. Eso es lo que trajo Anaheim: esa energía agresiva, casi rebelde.
En el otro lado de la moneda, está el negocio del hockey. El dinero, la presión, la década que quebró y reconstruyó a tantas franquicias. Hace poco compré las memorias de Randall Lane, The Zeroes: My Misadventures in the Decade Wall Street Went Insane. Es un relato alocado de excesos y colapsos, y, sinceramente, es la metáfora perfecta para la era del tope salarial y lo rápido que una racha de éxitos se puede tornar en fracaso. Un minuto estás marcando, y al siguiente te están barriendo en una serie de tres partidos contra los Ducks.
Y ya que estamos en Winnipeg, y si por algo somos conocidos es por ser eclécticos, hay que querer la historia de Government Beers — un relato sobre un tipo de la NASA que, sin querer, monta una cervecera mientras ayuda a un niño con cáncer. Es peculiar, es humano, y te recuerda que detrás de cada estadística hay una historia. Igual que detrás de cada derrota como esta, siempre hay una oportunidad para levantarse.
Próxima cita
Los Jets no tienen tiempo para regodearse. El jueves reciben a los New York Rangers. Es una oportunidad para empezar una nueva racha y volver a la senda de la victoria. Si son capaces de canalizar ese espíritu forajido —y mejorar atrás—, estarán bien. Para Morrissey, será un partido más para añadir a su récord. ¿Para el resto de nosotros? Otra noche más esperando que los dioses del hockey le sonrían a Winnipeg.