Ángel Víctor Torres y la tormenta política en Telde: ¿Hasta dónde llega el daño colateral?
Lo que parecía un verano más en la política municipal de Telde ha estallado por los aires. Llevo treinta años cubriendo la información en Canarias, y pocas veces he visto una tormenta tan perfectamente orquestada para desgastar a un adversario. El nombre que sobrevuela todas las conversaciones, el epicentro del seísmo, es, cómo no, el de Ángel Víctor Torres. No se equivoque el lector: aunque el polvo se levante ahora en Telde, las esquirlas van directas a la Moncloa canaria.
El blanco era Torres, el tiro salió por Telde
Todo empezó, como suele ocurrir en estos casos, con una maniobra de desgaste en la periferia. La maquinaria de la llamada "prensa ultraderechista" o "ultra", como la definen en algunos análisis políticos, puso el foco en Telde. ¿El objetivo inmediato? El concejal Héctor Suárez. Pero cualquier aficionado al póker político sabe que no se aprieta a un peón menor sin querer jaquear al rey. Y el rey aquí, el gran damnificado si la operación prospera, es el secretario general del PSOE canario y presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres.
La estrategia era tan vieja como efectiva: involucrar a un exalcalde de Telde en los presuntos "tinglados" de una conocida trama de corrupción nacional. La acusación, lanzada sin pruebas concluyentes desde medios digitales de dudosa trayectoria, buscaba salpicar directamente a Torres. Al fin y al cabo, si logras instalar en el imaginario colectivo que "los de Torres" están manchados por corrupción en sus feudos históricos, el daño para unas elecciones generales es incalculable. Es la táctica del salpicón: no importa si te manchas tú, basta con que el barro llegue a tu ropa.
Héctor Suárez: el concejal que dijo basta
Pero aquí llegó el primer error de cálculo de los estrategas de la oposición. Subestimaron al concejal. Héctor Suárez, en lugar de agachar la cabeza y esperar a que la tormenta pasara, saltó al ruedo con una exigencia: rectificación pública. No solo se defendió a sí mismo, sino que puso sobre la mesa la auténtica naturaleza de la operación. Acusó directamente a ciertos medios de manipulación y de utilizar su imagen para difamar. Y lo más importante, lo hizo con la contundencia de quien sabe que el objetivo final no era él, sino su jefe de filas. Al pedir esa rectificación, lo que hizo Suárez fue exponer los cables de la conspiración. De repente, los focos que buscaban iluminar una supuesta trama corrupta, lo que revelaron fue una operación de acoso y derribo contra la figura de Ángel Víctor Torres.
La prensa digital: ¿Cuarto poder o brazo ejecutor?
Lo más fascinante —y preocupante— de este caso es el papel de los altavoces. Ciertos portales digitales de la isla, que se llenan la boca hablando de periodismo, han actuado en esta ocasión como una jauría. La expresión que mejor define su comportamiento es la que se ha escuchado en los pasillos del consistorio: "se lanzan a la piscina con tal de difamar". Han publicado, han insinuado, han vinculado. Han intentado construir una realidad paralela donde el concejal Suárez y, por extensión, Ángel Víctor Torres, son piezas de un entramado corrupto.
Para un analista, el negocio aquí es doble:
- El negocio del clic: La polémica vende. Cuanto más gruesa es la acusación, más visitas. Es el pan nuestro de cada día en la prensa digital de trinchera.
- El negocio político: Desgastar al adversario sembrando la duda. No necesitas ganar el juicio, solo necesitas que la gente vea el titular. El daño reputacional está hecho antes de que llegue la primera sentencia absolutoria.
Y en medio de este fango, la figura de Torres emerge, una vez más, como el pararrayos. Porque en política canaria, todo lo que ocurre en Gran Canaria, y más concretamente en plazas simbólicas como Telde, acaba reverberando en la sede de la Presidencia.
La reacción silenciosa y el alto coste comercial
Lo que me lleva a la reflexión más profunda, la que realmente importa para quienes movemos los hilos de la economía y la inversión en estas islas. Este tipo de guerras de desgaste tienen un coste oculto altísimo. Cuando la arena política se convierte en un lodazal mediático, Canarias entera pierde. Los inversores foráneos, esos que miramos con lupa la estabilidad institucional antes de poner un euro sobre la mesa, ven estas noticias y se preguntan: "¿Qué demonios pasa allí? ¿Hay un problema de corrupción estructural o es una pelea de perros políticos?".
Y esa incertidumbre, esa mancha de indefinición, es letal. Da igual que al final todo sea una cortina de humo. Da igual que Ángel Víctor Torres salga absolutamente impoluto de esta, como todo apunta que sucederá. El simple hecho de que el ruido exista, de que los titulares durante una semana hablen de "tinglados" y "exalcaldes" vinculados a su nombre, ya ha hecho mella.
He visto proyectos de expansión hotelera cancelarse por menos. He visto fondos de inversión retirar sus ofertas por una inestabilidad política mucho menor que esta. Por eso, cuando analizo el caso de Torres y la refriega en Telde, no veo solo una anécdota política. Veo un síntoma de un problema crónico que pagamos todos: el coste de una polarización que convierte la política en un ring y a los líderes en sacos de boxeo. Y mientras ellos pelean, el verdadero negazo, el desarrollo económico que todos ansiamos, se queda esperando en la puerta, mirando el reloj y decidiendo si merece la pena sentarse a la mesa.