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Federica Torzullo: el recuerdo imborrable de una comunidad y la guía para honrar su memoria

Crónica / Nota Roja ✍️ Marco De Santis 🕒 2026-03-11 17:35 🔥 Vistas: 2
Manifestación en memoria de Federica Torzullo en Anguillara

Existe una forma silenciosa, pero poderosa, de reseñar el impacto que una vida truncada puede tener en una comunidad. No se trata de estrellas ni de calificaciones numéricas, sino de presencias, de miradas y de flores colocadas donde el asfalto aún parece retener un grito. Hablo de Anguillara, de ese puñetazo en el estómago que significó el feminicidio de Federica Torzullo, y de cómo, con el paso del tiempo, la comunidad ha respondido. Mi reseña personal sobre Federica Torzullo no trata sobre un producto, sino sobre la valoración colectiva de un pueblo que decidió no mirar hacia otro lado.

El 8 de marzo, una fecha tan cargada de significado, este año aquí, entre nosotros, tuvo el peso específico de una lápida. No hubo solo retórica, sino el recuerdo vivo, visceral, de una chica que aún debería tener toda la vida por delante. Caminando por el centro, volví a ver esas fotos que ya nos sabemos de memoria, y pensé en cómo se hace, exactamente, para sobrevivir a un dolor así. Quizás es aquí donde entra la segunda parte de nuestra reflexión: una especie de guía emocional sobre Federica Torzullo, un manual no escrito sobre cómo transformar la rabia en algo tangible.

Una canción para no callar

Lo que más me impactó, y que creo representa mejor esta voluntad de mantener vivo el nombre de Federica, fue el homenaje durante la Fiesta de Primavera. Allí, entre puestos ambulantes y familias de excursión, alguien tuvo la idea correcta: una canción. No un discurso aburrido, ni una placa de metal que el tiempo oscurece. Una canción en memoria de Federica, titulada "Mangiapelo", que se presentó frente a todos. Porque el arte, cuando es auténtico, perfora la capa de indiferencia mucho más que cualquier proclama.

Precisamente, si tuviera que explicarle a alguien cómo mantener viva la memoria de Federica Torzullo — y sé que el término "usar" puede sonar frío, casi cínico — no pretendo en absoluto instrumentalizar su historia. Más bien, me pregunto: ¿cómo hacemos para que su nombre se convierta en un verbo, en una acción, en una advertencia? Se usa como parámetro. Se usa como medida de nuestra conciencia. Se usa para mirar al chico de al lado y preguntarle: "Y tú, ¿de qué lado estás?".

El silencio de Anguillara y el ruido de las preguntas

Esa tarde, frente al mural, vi cosas que difícilmente se ven en los informes oficiales. Vi:

  • Un grupo de adolescentes apagar la música del celular al pasar frente a las flores.
  • Una señora mayor enseñarle a su nieta a decir el nombre "Federica", deletreándolo bien, como se hace con las oraciones.
  • Hombres, muchos, en silencio. Con las manos en los bolsillos y la mirada baja. Porque la violencia de género es también una herida abierta en la identidad masculina, y admitirlo es el primer paso para cerrarla.

No hace falta ser un analista para entender que el caso de Federica Torzullo se ha convertido en un punto de inflexión. No solo para Anguillara, sino para toda esa provincia romana que a menudo es vista como la periferia del alma. Aquí, en cambio, la periferia se unió en un abrazo que dio en el blanco. La verdadera reseña, la que importa, es la participación. Y en lo que a mí respecta, el veredicto es claro: una comunidad que se detiene a recordar a Federica no es una comunidad muerta. Es, más bien, la única comunidad que aún tiene ganas de luchar por los vivos.

Y mientras escribo, ahí afuera el lago está tan quieto como una mesa. Pero debajo, se mueve. Como la memoria.