Fútbol de Bélgica: Más allá del marcador, la esencia de los Diablos Rojos nunca se fue (y ha vuelto para quedarse)
Hay que ser sinceros. En los últimos años, y me refiero específicamente a ese maldito Mundial de Catar, la cosa estuvo un poco… bueno, nos costó acostumbrarnos. La magia parecía haberse esfumado. Veías esas camisetas, esas bonitas camisetas de la selección belga con la orgullosa bandera, pero el sentimiento que había debajo a veces era un tanto apagado. Íbamos a remolque. Esa resaca del Mundial de Catar 2022 caló hondo en el campo de los Diablos Rojos, se notaba a la legua. No solo en el campo, sino también en las gradas. Las banderas seguían ahí, pero ¿la llama? Estaba más bien latente.
Pero entonces llega una noche como la de Atlanta. Y de repente, como si te volvieras a poner esas viejas y queridas gafas de fiesta del fútbol belga, ves la imagen completa. 1-4 contra Estados Unidos. Sí, es un partido amistoso. Sí, puedes decir que “solo” era Estados Unidos. Pero déjame decirte: la manera en la que encaramos ese partido no fue un partido cualquiera. Fue una declaración de intenciones. Yo estaba en mi sofá, con mi fiel funda para el capó del coche del fútbol belga en el garaje, y sentía la emoción a través de la pantalla.
El arranque fue desordenado, eso lo vio todo el mundo. Pero lo que pasó después fue exactamente lo que no veíamos desde hacía dos años. Contundencia. No esos contraataques forzados y llenos de miedo, sino una respuesta a la contra fría, casi con un toque de soberbia. El empate antes del descanso fue clave. Fue como si alguien hubiera dado la vuelta a la tortilla.
Y luego, en la segunda mitad, el desate. Lukebakio, que tras entrar al campo anotó otro tanto, fue el broche de oro de una noche en la que por fin volvimos a ver de qué va el fútbol de Bélgica: diversión, velocidad, y ese puntito de descaro que nos hizo grandes antaño. Nos tomamos un tiempo para analizar ese State of football, y te puedo decir que el balance vuelve a ser positivo.
- La garra: Se acabó el miedo. Viste a jóvenes entrar al campo con la idea de: voy a ganar aquí.
- La afición: También en el estadio se respiraba otro ambiente. Esa típica sensatez belga, pero ahora con una sonrisa.
- La imagen: Se nota en todo. Esas camisetas de la selección belga con el balón y la bandera que ves en la calle, se vuelven a llevar con orgullo, no por compromiso, sino por convicción.
Todavía guardo una vieja camiseta unisex de los Diablos Rojos de la resaca del Mundial de Catar 2022 en el armario. Durante mucho tiempo fue como una reliquia de una oportunidad perdida. ¿Pero ahora? Ahora es solo un recuerdo de una lección aprendida. Tuvimos esa resaca, el dolor de cabeza se ha ido. El equipo que vimos ayer no era un grupo que todavía se estuviera recuperando. Era un equipo que quería avanzar.
Así que si miro hacia el futuro, pienso: saquemos esas gafas de fiesta del fútbol belga del armario otra vez. Vuelve a poner esa funda para el capó del coche del fútbol belga. ¿El State of football en Bélgica? No solo es sólido, está que hierve. Podemos volver a estar orgullosos, no solo del resultado, sino de la manera en que se consiguió. Y eso, queridos amigos, se siente mucho mejor que cualquier victoria en un amistoso. Esta es la base. Y sobre esto seguiremos construyendo.