Presos: Cuba libera a 51 reclusos, ¿un gesto político antes del regreso de Trump?
Hay días en que la actualidad parece sacada de una película. No una de esas historias policiacas y oscuras al estilo de Denis Villeneuve —aunque su magistral La Prisonera me vino inmediatamente a la mente—, sino más bien un thriller político con giros dignos de una serie como The Inmate. Este jueves, La Habana lanzó una bomba de tiempo en el tablero internacional: 51 presos políticos fueron liberados. Es una cifra que impacta, un momento que invita a la reflexión y una sola pregunta que todos tenemos en la boca: ¿a quién beneficia este espectáculo?
Aquí no hay lugar para la ingenuidad. Si han seguido el culebrón cubanoamericano en los últimos años, saben que todo es cuestión de símbolos y de fechas. Esta liberación masiva, confirmada por varias fuentes diplomáticas en el Vaticano, no es un regalo navideño anticipado. Es una jugada de ajedrez. Y la sombra que se cierne sobre el tablero es, obviamente, la de Donald Trump, listo para la batalla por su regreso a la Casa Blanca. Los veteranos como yo recordamos su primer mandato: el endurecimiento del bloqueo, el echar por tierra el deshielo con Obama... un retroceso brutal. Entonces, ¿qué nos está diciendo hoy La Habana?
La Habana se anticipa al choque con Trump: ¿un gesto para quién?
Veamos los hechos. Por un lado, el régimen de Miguel Díaz-Canel anuncia la liberación de estos presos, un gesto humanitario que el Vaticano ha estado pidiendo durante meses. Por otro lado, se sabe extraoficialmente que la administración de Biden, a través de canales discretos, habría celebrado la iniciativa. Pero no nos equivoquemos: no es a Joe Biden a quien se están haciendo la corte. Es un argumento contundente destinado a ser agitado bajo la nariz del equipo de Trump. "Miren, dialogamos, hacemos concesiones, no somos la guarida del diablo que ustedes describen". El mensaje es claro, pero el destinatario es conocido por no prestar mucha atención a los matices.
Y ahí es donde las cosas se complican. Para un ojo experimentado, esta maniobra puede parecer tan peligrosa como audaz. Al liberar a estos presos, Cuba se priva de ciertas palancas de presión internas y les da un ángulo de ataque a sus críticos. Los más duros, tanto en Miami como en Washington, hablarán de manipulación, de un "show" para congraciarse con la comunidad internacional. Dirán que no es suficiente, que hay otros presos que aún se pudren en las cárceles castristas. Pero eso es olvidar un poco que en este juego de engaños, La Habana ya no tiene casi nada que perder. El cerco del bloqueo se estrecha, la crisis económica es un hecho, visible en las colas y la escasez. Así que liberar presos también es una forma de aliviar un poco la presión de la calle y esperar un suavizamiento de las sanciones a cambio.
El Vaticano, mediador en las sombras, y el peso de los símbolos
Se ha hablado mucho del papel del Papa en estas negociaciones, y es innegable. El Vaticano, con su diplomacia silenciosa, es un actor clave en este tipo de asuntos. Pero si quisiera ser un poco provocador, les diría que esta historia se parece a Prisioneros del Mundo Fantasma, esa película descabellada donde Nicolas Cage atraviesa un universo paralelo para rescatar cautivos. Y si a este coctel explosivo le añadimos una pizca de Prince Faggot, esa obra underground de los 80 donde un soberano excéntrico intentaba liberar a sus súbditos de una prisión dorada, tenemos un guion digno de los mejores thrillers. Solo que aquí, el territorio fantasma es el callejón sin salida político entre Cuba y Estados Unidos. Y los fantasmas son estos 51 hombres y mujeres que por fin se reencuentran con sus familias, liberados de un sistema del que eran rehenes.
La elección del número tampoco es casual. 51 presos. Hace eco, lamentablemente, a otras listas, otras liberaciones del pasado. Es una cifra que le permite al gobierno decir "miren, estamos haciendo un gesto significativo", mientras mantiene el control sobre el ritmo de las reformas. Para las familias, es la emoción pura, la que vemos en las conmovedoras imágenes que nos llegan de La Habana, esos abrazos frente a la prisión. Para nosotros, los observadores, es un indicador más de que el régimen busca una salida digna antes de la tormenta política que se avecina.
Entonces, ¿qué debemos aprender de este culebrón?
- Un momento electoral clave: Este anuncio llega justo cuando las encuestas favorecen a Trump para la candidatura republicana. Cuba quiere tener peso en el debate estadounidense.
- Un gesto humanitario real: 51 presos y sus seres queridos están viviendo un alivio inmenso, y ningún cálculo político podrá borrar eso.
- Una apuesta arriesgada: Al liberar a estos presos, La Habana pierde una herramienta de presión y se expone a las críticas si la situación interna no mejora.
- Un precedente histórico: Recordamos los acuerdos Obama-Castro, las visitas históricas. Hoy, estamos en la antesala de un posible nuevo ciclo, o de una guerra fría 2.0.
Yo apostaría una botella de ron cubano a que a Donald Trump no le va a importar. Que va a desestimar esta liberación con un gesto de la mano, calificándola como un "intento desesperado" de un régimen al que desprecia profundamente. Pero mientras tanto, estos presos están libres. Caminan por las calles de La Habana, Santiago o Santa Clara. Respiran. Y eso es una victoria, aunque sea frágil, aunque sea política. En el gran juego del ajedrez internacional, a veces, un peón liberado puede cambiar la faz del mundo. O al menos, la esperanza de quienes lo habitan.