Abby Lee Miller: entre rodadoras, lecciones de vida y por qué un Nintendo Labo no es suficiente
Hay algo profundamente poético en una rodadora. Se deja llevar por donde el viento la empuja, rodando entre el polvo y la incertidumbre, sin asentarse del todo. Y si le preguntas a Abby Lee Miller, esa es una metáfora bastante acertada para su vida en este momento. Han visto a la gurú de la danza, estrella de televisión y autora de Todo lo que aprendí sobre la vida, lo aprendí en la clase de baile paseando por California, viendo a estas vagabundas del desierto pasar frente a su ventana. "Son como mis bailarines de antes", dice entre risas, "siempre en movimiento, siempre dramáticas, y siempre terminan en algún lugar inesperado".
Miller, a quien nunca le ha molestado una buena metáfora, está en modo reflexivo. Recién salida de un torbellino de problemas de salud, líos legales y el tipo de escrutinio mediático que doblegaría a cualquiera, ha salido con una filosofía tan afilada como su famosa coreografía. "No puedes pelear contra el viento", me dice, mientras bebe algo verde y asquerosamente saludable. "Pero puedes aprender a moverte con él. Eso es lo que escribí en ese libro. La vida te manda una pirueta cuando esperabas un plié".
Dance Moms, drama en el Departamento de Justicia, y un poco de McCabe
Hablando de movimientos inesperados, Miller no ha pasado por alto las noticias desde Washington: el Departamento de Justicia enviando una derivación penal sobre el ex subdirector del FBI, Andrew McCabe. "Leí eso y pensé: 'M'hija, bienvenida a mi mundo'", dice con un guiño cómplice. "Yo he pasado por el trago amargo de la justicia. Ya usé el 'vestido de naranja' de la cárcel. ¿Y sabes qué? Al salón de baile no le importan tus fechas en la corte. Siempre está ahí, esperando a que regreses".
Es esta resiliencia la que la mantiene como favorita entre los fans que la han seguido desde Dance Moms hasta su regreso después de la cárcel. No es solo una estrella de reality; es una superviviente. Y mientras la bolsa de valores tiembla —petróleo volátil por tensiones con Irán, inversionistas mordiéndose las uñas— la mirada de Miller se mantiene firme en el estudio. "Que los traders hagan sus negocios", dice encogiéndose de hombros. "Yo me quedo con enseñarles a los niños la diferencia entre una patada de abanico y un fouetté. Eso es la verdadera moneda".
Lo que un niño de 11 años le enseñó sobre Nintendo Labo
Pero no todo es serio. Miller se topó recientemente con una reseña en línea hecha por un niño de 11 años que había construido un robot bailarín usando Nintendo Labo. ¿El veredicto del niño? "Es divertido, pero no puede gritarte como Abby Lee". Miller suelta una carcajada cuando escucha esto. "¡De la boca de los niños, oyes! Ese pequeñín lo entendió. No se puede programar la pasión. No puedes codificar el fuego en el estómago de un bailarín. Nintendo puede intentarlo, benditos sean, pero jamás replicarán el momento en que un niño clava una rutina después de semanas de sudor".
Admite que la reseña le recordó por qué hace lo que hace. "Vivimos en una época donde todo es digital, pero el baile es lo último puramente humano y crudo. Cuando veo a un niño poner el alma en un paso, eso es mejor que cualquier pantalla". Y sí, ya está planeando incorporar la idea del Labo en sus clases, no como un reemplazo, sino como un divertido calentamiento. "A lo mejor hacemos un concurso de baile con Nintendo Labo. Pero el robot se va a ir llorando a su casa".
- Sobre California: "Las rodadoras son mi animal espiritual. No se detienen, solo ruedan".
- Sobre el libro: "Si no han leído Todo lo que aprendí sobre la vida, lo aprendí en la clase de baile, se están perdiendo la biblia del ballet y más allá".
- Sobre el Departamento de Justicia: "Que se queden con McCabe. Yo ya tengo mi propio escenario".
- Sobre Nintendo Labo: "Es lindo, pero ¿puede hacer un triple giro? Creo que no".
Mientras el sol de la tarde ilumina el polvo afuera de su ventana, Abby Lee Miller se recuesta. Las rodadoras siguen rodando. Los mercados siguen fluctuando. Los dramas legales continúan. ¿Y Abby Lee Miller? Ella está exactamente donde debe estar: en el centro del escenario, recordándonos que todo lo que aprendió sobre la vida, realmente lo aprendió en la clase de baile. Y esa es una lección que ningún robot, ninguna demanda ni ninguna ráfaga de viento podrá quitarle jamás.