Paul McCartney: la leyenda, el nuevo proyecto y ese mito de su muerte que se niega a morir
Acaba de cumplir 83 años, sigue teniendo esa misma chispa en la mirada y, al parecer, la idea de retirarse jamás ha pasado por su cabeza. Paul McCartney irrumpe con “Days We Left Behind”, un proyecto tan íntimo como inquietante, que nos sumerge de nuevo en la efervescencia de los años sesenta. Y como cada vez que el nombre del bajista de los Beatles resurge con tanta intensidad, un viejo fantasma se despierta. No, no hablo de John. Hablo de esa leyenda urbana que se le ha pegado como un bajo melódico: ¿y si hubiera muerto en 1966?
El enigma de “Paul is dead”: cuando el mito se vuelve más fuerte que la realidad
Seguro que has oído hablar de esta historia. Por si alguien no la conoce, aquí va el resumen: en 1966, Paul McCartney habría muerto en un accidente de coche. ¿La versión oficial? Un simple mal día. ¿La versión de los fans más paranoicos? Los Beatles habrían sustituido a su compañero por un doble, un tal William Campbell, para no destrozar el corazón del mundo entero. Todo ello, salpicado de “pistas” en las portadas de los discos, “reproduciones al revés” en las canciones (Strawberry Fields Forever a la inversa, ¿lo recuerdas?) y esa frase mítica en Abbey Road donde Paul cruza descalzo, como saliendo de un cortejo fúnebre.
No es solo un rumor. Es el The Paul McCartney Project antes de tiempo, una deconstrucción colectiva del mito donde miles de personas pasaron noches en vela diseccionando cada nota. Hoy, con la salida de este nuevo álbum que huele al Liverpool de los años 60, esta historia vuelve a aflorar. Como si Paul, al revisitar su pasado, abriera sin querer la caja de Pandora.
“Days We Left Behind”: una inmersión en los recuerdos, no en la tumba
Porque seamos claros: no, Paul McCartney no está muerto. De hecho, está más activo que nunca. “Days We Left Behind” no es un disco triste, es un disco testimonial. En estas canciones está el aroma de Dungeon Lane, esa pequeña calle de Liverpool donde todo empezó. Encontramos esa complicidad con George, esa tensión creativa con John, y esa libertad total que conquistaron. Es un poco el equivalente musical de su libro Paul McCartney: Many Years From Now. Los Beatles, los años sesenta y yo, publicado hace unos años, pero en versión en directo, más cruda.
Lo fascinante es que cuanto más cuenta su historia, más parece que el mito del doble adquiere una dimensión casi poética. En el documental que acompaña al proyecto, le vemos hojear cuadernos de notas, tocar la guitarra de su padre y reírse mientras habla del “otro Paul”. Incluso hay un momento en que mira a la cámara y suelta: “Si fuera un doble, creo que ya habría pedido un aumento hace tiempo.”
El último testamento de George Harrison y la búsqueda de la verdad
Para los puristas, este nuevo capítulo también reaviva la memoria de una obra de culto de los años 90: Paul McCartney Really Is Dead: The Last Testament of George Harrison. Este libro, que nunca fue reconocido oficialmente por Harrison en vida, llevaba la lógica hasta su paroxismo, proponiendo una “investigación” digna de una novela negra. Una vez más, McCartney no se lo toma a mal. Siempre ha tenido esa elegancia: nunca romper el juguete. Prefiere echar leña al fuego del misterio.
Si tuviera que resumir lo que cuenta este nuevo álbum, sería esto:
- Un homenaje a los colegas perdidos: John, George, y todos esos de Liverpool que creyeron en ellos.
- Una respuesta implícita a las teorías: No hace falta demostrar que uno está vivo, basta con crear.
- Un regreso a los orígenes: Lejos de los estadios, recuperamos al chaval de las afueras de Inglaterra.
Entonces, ¿es Paul McCartney realmente Paul McCartney? La cuestión, después de más de sesenta años de carrera, ya no tiene mucha importancia. Lo que importa es que este tipo sigue ofreciéndonos momentos de gracia, sin darle la más mínima importancia a la leyenda. Hace unos días incluso publicó un vídeo en las redes sociales donde se le ve caminando descalzo por su estudio. La leyenda nunca morirá. Él, en cambio, parece muy decidido a enterrarnos a todos.