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La guerra entre Irán e Israel: cómo los países del Golfo, incluidos Emiratos Árabes Unidos, trazan una hoja de ruta al margen del conflicto

Oriente Próximo ✍️ أحمد المنصوري 🕒 2026-03-22 09:08 🔥 Vistas: 2
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Cuando saltan las chispas entre Teherán y Tel Aviv, quienes más cerca sienten el calor son los vecinos de la región. Pero esta vez el panorama es diferente. Los países del Golfo, y en particular Emiratos Árabes Unidos, ya no se sitúan como meros espectadores ni como simples seguidores de un eje concreto. Lo que estamos presenciando es un momento decisivo que redefine el concepto de "autonomía estratégica" en una de las zonas más complejas del mundo.

Momentos críticos en el Golfo: entre la espada y la pared

El último enfrentamiento, en el que Irán e Israel han traspasado todas las líneas rojas anteriores, ha puesto a las capitales del Golfo ante una prueba sin precedentes desde la primera guerra del Golfo. Abu Dabi, Riad y Doha son conscientes de que una escalada hacia un conflicto generalizado supondría una amenaza directa para su estabilidad económica, forjada durante décadas. La disyuntiva ya no es entre "apoyar" o "rechazar" a una de las partes a expensas de la otra, sino que se centra en salvaguardar los intereses nacionales mediante una gestión pragmática y decidida de la crisis.

Desde los primeros días de los últimos roces, quedó claro que los países del Consejo de Cooperación del Golfo se movían a un ritmo distinto al de cualquier confrontación previa. No hemos visto una carrera por declarar alianzas militares rígidas, sino intensas consultas entre bastidores. Esta no es una guerra en la que se pueda elegir bando basándose en emociones o incluso en intereses inmediatos, porque las pérdidas potenciales son demasiado grandes para que cualquier tesorería pueda soportarlas.

De la seda de ayer a la independencia de hoy: claves de las grandes transformaciones

Lo que ocurre hoy es la culminación de un largo camino que comenzó hace más de una década. Si observamos el mapa de alianzas en la región, notaremos que los países del Golfo ya no ven a Washington como su "único protector". Esto no resta valor a la asociación estratégica con Estados Unidos, sino que es una evolución natural hacia una "multiplicidad de alianzas".

Entretanto, el papel de potencias asiáticas como China e India está adquiriendo una relevancia que hace una generación era impensable. Pekín ya no es solo un socio comercial, sino un actor clave en la ecuación del equilibrio regional. Estas transformaciones, que los académicos estudian en los centros de investigación globales, son ya una realidad tangible en los despachos de toma de decisiones del Golfo. Emiratos Árabes Unidos fue uno de los primeros países en darse cuenta de que la seguridad ya no es un bien exclusivo que se compra a un único proveedor, sino el resultado de una compleja red de intereses mutuos.

Las cartas sobre la mesa: ¿cómo interpreta Abu Dabi el panorama?

Emiratos tiene su propia perspectiva en esta ecuación. Tres puntos clave definen hoy la postura emiratí:

  • La estabilidad económica ante todo: Abu Dabi es consciente de que cualquier escalada regional amenazaría el comercio y la inversión extranjera de los que depende su visión económica. Por eso se la ve siempre entre las primeras en hacer un llamamiento a la contención y al retorno a la mesa de diálogo.
  • Diversificación de socios militares y de seguridad: La cooperación con Washington no impide mantener acuerdos con Moscú y Pekín para evitar que la región se vea arrastrada a una guerra de desgaste. Esta flexibilidad ha dado a Abu Dabi un mayor margen de maniobra, alejándose de la política de "si no estás con nosotros, estás contra nosotros".
  • Experiencia en la gestión de crisis: Desde Yemen hasta Sudán, pasando por el dosier energético, Emiratos ha demostrado poseer un conocimiento acumulado sobre cómo abordar crisis superpuestas sin sacrificar sus principios nacionales.

Escenarios múltiples: de Omán y Yemen a Washington

No se puede analizar el conflicto entre Irán e Israel de forma aislada, sin tener en cuenta otros frentes. Mascate ha desempeñado su papel clásico como mediador imparcial, mientras que Yemen sigue siendo un escenario para misiles balísticos que amenazan con extender el conflicto si no se contiene. Y en Washington, los responsables políticos son hoy conscientes de que los países del Golfo ya no son "aliados subordinados", sino socios con intereses independientes que deben tenerse en cuenta antes de dar cualquier paso militar que pueda arrastrar a la región a una guerra total que nadie desea.

Incluso en ámbitos que parecen lejanos, como el deporte estadounidense, vemos cómo se han integrado en la narrativa de la normalización, reflejando las profundas relaciones entre ambas partes. Son estos vínculos multifacéticos los que hacen muy improbable que ningún país del Golfo opte por "romper relaciones" o por una "alineación absoluta" en esta fase.

La difícil elección: ¿existe una alternativa a la guerra?

La pregunta más apremiante que se hacen los analistas hoy es: ¿pueden los países del Golfo lograr construir una región "post-conflicto" antes de que estalle una guerra generalizada? Los indicadores que vemos desde Abu Dabi y Riad confirman que existe una verdadera voluntad de distensión entre las distintas partes. Emiratos no se ha limitado a ser un mediador, sino que ha ido más allá, construyendo puentes económicos y tecnológicos con Teherán a pesar de las tensiones de seguridad, en un intento de demostrar que los intereses comunes pueden actuar como un dique de contención frente a la escalada militar.

La semana pasada, precisamente, se produjeron reuniones cerradas entre altos cargos de la región en las que se abordaron escenarios posteriores a un posible conflicto. El mensaje que emanó de esos encuentros fue claro: la región no soportaría una nueva guerra, y cualquier cálculo erróneo saldría muy caro para todos. Esto no son simples consignas diplomáticas, sino la conclusión de años de experiencia en la gestión de una de las zonas más convulsas del mundo.

En definitiva, el panorama sigue abierto a todos los escenarios. Pero lo que puede afirmarse con certeza es que hoy los países del Golfo, y en particular Emiratos Árabes Unidos, se han convertido en un actor clave en la ecuación de la paz y la seguridad, no solo como mediador, sino como tomador de decisiones con sus propios instrumentos. El futuro no tolerará los errores del pasado, y todos son conscientes de que la verdadera apuesta es por la estabilidad, aunque el precio sea renunciar a las alineaciones rígidas.