Canadiens – Hurricanes: una victoria agridulce que dice mucho del carácter del CH
Hay partidos que dejan un sabor extraño. El de anoche entre los Canadiens y los Hurricanes en el Centre Bell es uno de ellos. Una victoria 3-2 en la prórroga con tintes de guion hollywoodiense para el CH, pero que, si rascas un poco la superficie helada, revela grietas que el cuerpo técnico tendrá que sellar rápidamente. Sin alarmas, te traigo la guía de análisis completa de este encuentro.
La historia pudo haberse escrito en veinte segundos. El tiempo que le llevó a Sebastian Aho crucificar a Samuel Montembeault en el primer lanzamiento de los visitantes. Nos dijimos: "Ay, no, otra vez no". Conocemos la canción: llegan los Hurricanes, asfixian el juego y en un minuto tienen el partido sentenciado. Pero este grupo de Montreal decidió, por una vez, no seguir el guion previsto. La reacción fue inmediata, casi instintiva. Kirby Dach, al culminar una jugada donde el pase de Nick Suzuki atravesó la defensa como cuchillo en mantequilla, puso el marcador de nuevo en tablas.
Lo que me llamó la atención es el repaso a la gestión del momento. Conocemos a los Hurricanes: juegan con sistema, ahogan. Para vencerlos, hay que aceptar ensuciarse el uniforme, ganar las batallas en las zonas. Y durante un buen tramo del segundo periodo, los chicos de Martin St-Louis lo hicieron. Esa secuencia de juego en zona ofensiva, donde la segunda unidad hizo girar el disco durante casi un minuto sin dejar respirar a los Canes, fue de alto calibre. De hecho, fue en esa dinámica que Juraj Slafkovsky anotó el segundo gol, rematando la jugada con un disparo que Frederik Andersen ni siquiera vio venir.
¿Montembeault, el mejor del partido a pesar del gol en contra en la prórroga?
Espera, voy a tener que matizar. ¿El gol de Seth Jarvis para empatar a falta de 1:37 para el final del tercer periodo? Un error de cobertura defensiva que los jóvenes revisarán cien veces en la pizarra. Pero sin Samuel Montembeault, estaríamos hablando de una derrota clara. El tío se encendió en el último periodo. Hubo momentos en que parecía ver un muro rojo frente a la portería. Los Hurricanes apretaron, lanzaron 38 tiros en total. Montembeault rechazó 36 de esos discos. A esto se le llama cómo utilizar a un portero para seguir vivo en un partido: dejas que haga su trabajo y él te mantiene con opciones para la prórroga.
Y ahí, hablemos de esa prórroga. Un power-play que nos regalaron tras una retención dudosa. Y es Mike Matheson, el gran villano del inicio de temporada para algunos, quien saca el patín de la jaula. Una finta, un disparo a la escuadra. Fin del partido. Este es el tipo de victorias que forjan a un equipo. Vimos a un colectivo que no se rindió, ni siquiera cuando las piernas pesaban ante uno de los equipos más físicos de la liga.
Lo que hay que sacar en claro antes del próximo desafío
Si tuviera que hacer una guía rápida para afrontar el próximo partido, señalaría tres claves que observé:
- El power-play sigue en fase de ajuste. Sí, nos dio el gol de la victoria, pero antes de eso, las unidades sufrieron para entrar en zona durante más de dos minutos. Contra un equipo disciplinado como Carolina, eso es una anomalía que sale cara.
- La profundidad ofensiva está ahí, pero es frágil. Las dos primeras líneas sostuvieron el tipo, pero la cuarta línea fue dominada en la posesión del disco. En un partido de playoffs, estos detalles marcan la diferencia.
- La intensidad física. Aguantamos el duelo contra los pesos pesados de Carolina. Es una prueba superada con nota. Si el CH consigue replicar este nivel de compromiso cada noche, no hablaremos de sorpresa, sino de confirmación.
Así que sí, dos puntos en el bolsillo, que siempre se agradecen. Pero lo que más me ha gustado es lo que este Canadiens – Hurricanes ha revelado: un equipo que ya no se desune cuando el viento sopla en contra. Hace unos meses, perdíamos este partido 5-1 tras el gol tempranero de Aho. Anoche vimos carácter. Y eso es la base de todo. Ahora, a repetir mañana, con la misma garra, y veremos si la guía de la victoria se sigue al pie de la letra.