La Generación Z y el retroceso silencioso: Por qué los jóvenes vuelven a esperar obediencia de las mujeres
¿A ustedes también les pasa? Estás cómodo en una fonda, ya te comiste tu orden de tacos, la cerveza está bien fría... y de repente sale el tema de los jóvenes. Antes nos quejábamos de las patinetas en la banqueta o del reggaetón a todo volumen. Hoy es más complicado. Mucho más complicado. Porque mientras creíamos que, con cada generación, todo se volvería automáticamente más liberal, más tolerante y más igualitario, resulta que no: la Generación Z está mostrando un pensamiento asombrosamente conservador en algunos puntos. Sobre todo, cuando se trata de los roles del hombre y la mujer.
El shock para los padres boomers
Un estudio reciente de Gran Bretaña, que dio mucho de qué hablar, lo confirmó en blanco y negro: casi un tercio de los jóvenes de entre 16 y 29 años piensa que una esposa debe obediencia a su marido. No en una secta religiosa conservadora, no en algún país en vías de desarrollo, sino entre nuestros vecinos del norte, en un país que culturalmente solemos percibir como progresista. Casi me atoro con el café cuando vi la cifra. Mis papás, unos boomers de manual, se horrorizaron. Ellos, que en los 70 todavía luchaban por la autodeterminación, ¿y ahora sus nietos ponen los ojos en blanco cuando se habla de igualdad? Uno realmente se pregunta: ¿acaso hemos estado mirando hacia el lado equivocado todo este tiempo?
Los hijos sobreprotegidos y el efecto "príncipe"
Claro, uno se pregunta de inmediato: ¿cómo fue posible llegar a esto? La respuesta quizá está más cerca de lo que creemos. Hace poco me topé con el comentario de una columnista británica que dio en el clavo, y no he podido sacármelo de la cabeza. Dice que nosotras, las madres (y los padres), deberíamos dejar de tratar a nuestros hijos como principitos. No es broma. Si desde pequeños les enseñamos a los niños que el mundo es suyo, que deben ser servidos, que ellos son los héroes fuertes y las niñas las princesas bonitas, después no nos sorprendamos con el resultado. Esta Gen Z no cayó del cielo. Son nuestros hijos. Y una parte de ellos —hay que decirlo, una parte alarmantemente grande— parece haber entendido el mensaje al pie de la letra: el hombre es el que manda.
Protestas por un lado, retroceso por el otro: las contradicciones de una generación
Lo desconcertante es que esta misma generación, la que tiene esas ideas tan anticuadas, es también la que sale a las calles los viernes por el clima. Las protestas de la Generación Z contra la ultraderecha, contra el racismo, por los derechos queer... no han desaparecido. Todo lo contrario. Pero quizá ese es justamente el punto. No debemos caer en el error de generalizar a toda una generación. No existe una Generación Z. Hay jóvenes feministas que luchan a voz en cuello por el cambio, y hay jóvenes que, en un mundo incierto, anhelan estructuras claras. Y ese anhelo de orden puede manifestarse, lamentablemente, en ideas tan burdas como esas. La situación económica, la crisis de vivienda, el cambio climático... todo eso genera inseguridad. Y en medio de la inseguridad, lamentablemente, algunos recurren a lo que creen que ha funcionado siempre: el hombre fuerte, la mujer sumisa.
- El núcleo conservador: Aproximadamente un tercio de los jóvenes añora los roles tradicionales.
- La vanguardia progresista: Al mismo tiempo, la Generación Z es la más diversa y la más ruidosa en las protestas sociales y climáticas.
- El silencio de la mayoría: La mayoría probablemente solo está confundida, buscando su propio camino entre las tendencias de TikTok y un futuro incierto.
La "mirada Generación Z" y la nueva biblia
¿Conocen esa mirada? Esa mirada de la Generación Z con la que a veces te escrutan los veinteañeros? Como si fueras un fósil viviente que no ha entendido nada del mundo. Antes lo achacaba a la arrogancia juvenil. Hoy me pregunto: quizá, en parte, tienen razón. Quizá de verdad no entendemos cómo piensan. Tienen su propia "biblia" de la Generación Z, solo que no está encuadernada en piel, sino que se compone de miles de videos de TikTok, reels de Instagram y chats de Discord. Sus reglas, su moral, su concepto de respeto... todo eso se está redefiniendo por completo. No deberíamos ignorar que, en ese proceso, a veces resurgran patrones ancestrales. Pero tampoco deberíamos satanizarlos sin más. Sino tratar de entenderlos.
¿Qué significa esto para México?
Aquí en México, donde la imagen tradicional de la familia suele estar aún muy arraigada, esta evolución podría ser especialmente interesante. ¿Logrará la Generación Z imponer este retroceso? ¿O terminarán marcando la pauta las ruidosas protestas de la otra mitad? Me da curiosidad. Y me da curiosidad la próxima conversación en una reunión familiar. Porque de algo estoy segura: con esta generación no habrá aburrimiento. Es tan contradictoria y compleja como nuestros tiempos. Y deberíamos prestar mucha atención... aunque a veces la mirada de la Generación Z sea difícil de sostener.