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Scream 1: por qué el primer grito sigue resonando con el éxito del séptimo capítulo

Cine ✍️ Jean-Pierre Martin 🕒 2026-03-03 01:30 🔥 Vistas: 3

Hay gritos que atraviesan décadas. El jueves pasado, al salir de una abarrotada sesión en París de Scream 7, todavía sentía esa vibración en la sala. Los espectadores, una mezcla de treintañeros nostálgicos y adolescentes descubriendo la franquicia, gritaron al unísono, un reflejo colectivo que solo el cine de terror sabe provocar. Y, por supuesto, no pude evitar pensar en 1996. En aquella primera vez que vi Scream 1, la máscara de Ghostface, la voz del asesino al teléfono. Por aquel entonces, aún no se hablaba de economía de la atención. Hoy, con la publicación del libro Stolen Focus: Why You Can't Pay Attention, uno se pregunta cómo una simple saga de películas consigue todavía que soltemos los móviles durante dos horas. La respuesta quizás esté en ese grito primal.

Cartel evocador de la saga Scream, entre sombra y cuchilla

El séptimo grito: un retorno a los orígenes que triunfa

Hay que mirar las cifras: Scream 7 acaba de superar los 110 millones de dólares en la taquilla mundial, una cifra excepcional para una película de terror puro y duro en 2026. Las primeras críticas, incluidas las de los fans más escépticos, celebran un retorno al espíritu de la primera entrega. El final, que no desvelaré aquí, ha sido una bomba: Neve Campbell (Sidney Prescott) regresa en una escena post-créditos que ya promete una octava parte. Pero lo que sorprende es la manera en que el director ha sabido conectar con nuestra época: los adolescentes ya no sufren la famosa llamada de Ghostface, sino que son acosados en apps de citas. El asesino utiliza nuestras propias ansiedades contemporáneas. Y funciona porque, treinta años después de Scream 1, el mecanismo sigue igual de engrasado: una sabia mezcla de autoparodia y sustos perfectamente sincronizados.

De la pantalla al mando: el universo «scream» se expande

Este éxito no es casualidad. Se inscribe en un ecosistema mucho más amplio donde el «scream» va más allá de la simple película. Tomemos el videojuego Ice Scream 1 Evasión de Horror, que está experimentando un resurgir en popularidad en las plataformas de streaming: miles de jóvenes ven a sus youtubers favoritos intentar escapar del vagón frigorífico perseguidos por un payaso pesadillesco. Esta experiencia interactiva prolonga la sensación de la película: el grito, el miedo, la resolución. En un registro completamente diferente, la Temporada 1 de Scream Queens (esa disparatada serie de Ryan Murphy) ha vuelto a ser lo más visto en Prime Video esta semana. Los suscriptores redescubren el humor gore y las réplicas afiladas de Chanel #1. Prueba de que el público tiene sed de contenidos donde el terror roza la sátira.

Y si indagamos un poco, encontramos resonancias incluso en obras aparentemente alejadas. La película erótica Forbidden Lust, estrenada recientemente en VOD, juega con la misma tensión entre deseo y prohibición: otra forma de miedo, más íntima. En cuanto al fenómeno editorial, el libro Stolen Focus: Why You Can't Pay Attention de Johann Hari está arrasando en las librerías. Explica cómo nuestras capacidades de atención son desviadas por los algoritmos. Irónicamente, es precisamente esa atención robada la que el cine de terror logra recuperar. En la sala, no puedes hacer zapping, estás prisionero de la butaca y la pantalla. Quizás esa sea la clave del negocio: ofrecer una experiencia inmersiva que ningún desplazamiento por la pantalla puede interrumpir.

Panorama de una cultura que grita

Para entender mejor este fenómeno, he aquí algunas obras que, en mi opinión, dibujan los contornos de la actual «cultura del grito» o «scream culture»:

  • Scream 1 (1996): el pionero, el que reinventó el slasher con un humor meta y un reparto de oro (Courteney Cox, Neve Campbell). Imprescindible.
  • Ice Scream 1 Evasión de Horror (juego): un pequeño juego independiente convertido en fenómeno de culto en TikTok. Encarnas a un niño que debe escapar de un vendedor de helados asesino. La angustia está asegurada.
  • Temporada 1 de Scream Queens (2015): el ovni televisivo. Entre asesinatos con motosierra y réplicas maliciosas, una sátira feroz de las hermandades universitarias estadounidenses.
  • Forbidden Lust (película, 2025): este drama pasional explora la frontera entre la atracción y el peligro. Muchos críticos ven en ella una versión erótica del grito primal.
  • Stolen Focus: Why You Can't Pay Attention (libro, 2022): para entender por qué somos incapaces de soltar el teléfono… excepto cuando llama Ghostface.

El valor comercial del escalofrío

Desde un punto de vista puramente comercial, la franquicia Scream es un caso de estudio. Con un presupuesto medio de 30 millones de dólares por película, ha recaudado más de 900 millones en total. Scream 7 demuestra que una propiedad intelectual de treinta años puede seguir generando ingresos colosales, siempre que sepa reinventarse. Los directivos de Spyglass Media lo han entendido bien: ya están desarrollando una serie precuela centrada en los orígenes de Ghostface, y el videojuego anunciado el año pasado debería integrar personajes de las películas. En un mundo donde la atención es el bien más escaso, cautivar al público durante 110 minutos sin que mire su pantalla secundaria es una hazaña. Y si el grito es lo único capaz de arrancarnos de nuestras notificaciones, entonces los inversores harían bien en apostar por él. Es toda una paradoja: en la era del stolen focus (la atención robada), es el cine de terror, con sus escalofríos arcaicos, el que nos devuelve la concentración.

Así que la próxima vez que vayan a ver un Scream al cine, déjense llevar. Apaguen el móvil. Y cuando griten con los demás, recuerden que ese grito es también un acto de resistencia frente a la dispersión generalizada. Y eso no tiene precio.