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El debate de la NOS sobre asilo y vivienda: por qué el lenguaje de los políticos está ahora realmente en el punto de mira

Medios de comunicación ✍️ Jan de Vries 🕒 2026-03-18 03:07 🔥 Vistas: 1
Imagen de portada del debate de la NOS

En los últimos días no había manera de esquivarlo: el debate final de la Fundación Neerlandesa de Radiodifusión giró enteramente en torno al asilo y la vivienda. Pero quien escuchara con atención, percibió que entre bastidores bullía otro tema: el lenguaje de nuestros políticos. No solo provocó acaloradas discusiones en el plató, sino que también causó revuelo mucho más allá de La Haya. En Doetinchem, por ejemplo, donde la ejecutiva local del CDA vio la oportunidad de hacer un llamamiento urgente a la política nacional: por favor, cuiden su lenguaje.

El debate, retransmitido en directo por la NOS, fue, como era de esperar, un campo de batalla que abarcó todo el espectro de lo social. Destacaron especialmente tres temas:

  • La acogida de solicitantes de asilo y los desafíos, tanto humanitarios como administrativos;
  • La crisis de la vivienda y la distribución del escaso espacio;
  • La creciente preocupación por el lenguaje empleado en política.

Los intervinientes se enzarzaron como gallos de pelea, y fue precisamente esa pelea la que sacó a relucir un punto doloroso. Mientras uno hablaba de un 'tsunami de solicitantes de asilo', el otro intentaba mostrar el rostro humano tras las cifras. Esta contraposición no es nueva, pero la vehemencia con la que se emplearon los términos hizo saltar las alarmas a más de un espectador. Para quienes miran atrás con un poco de Nostalgia a la época en que los políticos se enfrentaban en tonos más pausados, fue a veces impactante.

No fue, por tanto, ninguna sorpresa que la agrupación local del CDA en Doetinchem recogiera el guante. Se dirigieron directamente a los políticos nacionales para pedirles que 'cuidaran el lenguaje'. En un comunicado, manifestaron que las palabras que se pronuncian en debates como este resuenan hasta en las provincias más remotas y pueden generar división allí. Es una señal que debe tomarse en serio; los ciudadanos de Doetinchem saben mejor que nadie lo rápido que puede endurecerse el debate y lo que eso provoca en la cohesión social de una comunidad.

Personalmente, durante la retransmisión no pude evitar pensar a ratos en una vieja película. Algunas declaraciones recordaban a una escena de Nosferatu: inquietantes, siniestras y con un trasfondo difícil de identificar a primera vista. No es que nuestros líderes políticos parezcan vampiros, pero el ambiente que evocan ciertas palabras puede ser igual de aterrador. Es como ver una película en blanco y negro en la que las sombras se alargan, mientras el sol ya se ha puesto. Y luego están los profetas.

Porque no hace falta ser un Nostradamus para predecir adónde conduce este tipo de endurecimiento en el lenguaje. La brecha entre la ciudadanía y la política no se reduce con ello. Es más: si no tenemos cuidado, el mercado inmobiliario se convertirá en un campo de batalla y el debate sobre el asilo en una guerra de trincheras en la que solo sobrevivan los que griten más alto. Y todo ello mientras los problemas reales –como la escasez de viviendas asequibles y la presión sobre los centros de acogida– requieren soluciones pragmáticas, no retórica vacía.

Lo que el debate de la NOS ha puesto principalmente de manifiesto es que estamos en medio de una transición. La política neerlandesa busca una nueva forma de comunicación, pero el camino hacia ella está plagado de aristas. La Fundación Neerlandesa de Radiodifusión ha desempeñado durante casi un siglo la función de ser un espejo social. Desde la reconstrucción de posguerra hasta la revolución digital, la radiotelevisión pública lo ha visto todo. Y siempre ha sido el tono el que ha marcado la melodía. Ya se tratara de la reconstrucción del país o de la acogida de refugiados, las palabras de ayer son los recuerdos de mañana.

Esperemos, por tanto, que el llamamiento desde Doetinchem no caiga en saco roto. Porque al final, no se trata de quién asesta los golpes más duros en un debate, sino de quién consigue tocar la fibra sensible. Sin idealizar la Nostalgia, pero también sin caer en el lenguaje de Nosferatu. Y si queremos echar un vistazo al futuro, confiemos en que dentro de diez años miremos este periodo con una sonrisa – y no con la constatación de que desperdiciamos para siempre la oportunidad de mantener una conversación decente.

La NOS, en cualquier caso, ha hecho su trabajo: ha conseguido hacer saltar chispas. Ahora le toca a la política y a todos nosotros asegurarnos de que no se convierta en un incendio devastador.