Mireille Damiano en Niza: la candidata que rompe esquemas en una campaña sacudida por la crisis iraní
Hace apenas seis meses, su nombre no le sonaba a nadie. Hoy, Mireille Damiano está en boca de todos, desde los pasillos del mercado de la Liberación hasta las discretas reuniones en el Negresco. Esta empresaria con experiencia en el ámbito social, sin afiliación partidista pero con una sólida agenda de contactos, está dando la sorpresa en la carrera hacia las elecciones municipales de 2026. En una ciudad conocida por ser impermeable a los outsiders, ha logrado imponer su voz. Y los acontecimientos internacionales, ciertamente, no lo ponen fácil para los candidatos.
Desde que los ataques se intensificaron en Medio Oriente, la campaña en Niza dio un vuelco. Lo que sucede en Teherán, a miles de kilómetros, está impactando las reuniones públicas de la Costa Azul. Damiano Mireille — algunos todavía pronuncian su nombre con una "s" imaginaria, Mireille Damianos, un eco de sus raíces griegas — entendió rápidamente la jugada: en lugar de recitar un discurso prefabricado sobre los valores de la República, se acercó a los iraníes de Niza, unas 3000 personas según estimaciones de asociaciones, para escuchar sus inquietudes. Una forma de actuar que contrasta con las posturas demasiado predecibles.
Mientras tanto, una candidata de la unión de izquierda, Juliette Chesnel le Roux, aprendió por las malas que el tema es delicado. Durante un debate a principios de semana, soltó un desafortunado comentario: "La democracia no se instaura después del caos". Una frase considerada ambigua, incluso cínica, que le valió abucheos en su propio bando. Las redes sociales se apoderaron del tema, y el incidente fue mencionado incluso en un programa matutino de radio muy escuchado, donde compararon su incomodidad con la libertad de expresión de Mireille Damianos. Mala suerte para ella, el terreno era movedizo.
La fuerza de Mireille Damiano radica en que no juega a la sobreactuación. Prefiere presentar propuestas concretas que, sin pretender cambiarlo todo de la noche a la mañana, resuenan en los habitantes de Niza:
- Seguridad y hospitalidad: creación de una "casa de los derechos" para facilitar los trámites a los refugiados y reforzar el número de policías municipales en los barrios conflictivos.
- Economía local: exención del impuesto predial durante dos años para cualquier comercio del centro que contrate a un joven de un barrio prioritario.
- Observatorio internacional: implementación de una célula municipal encargada de anticipar las consecuencias locales de las crisis mundiales (energía, flujos migratorios, seguridad portuaria).
Un enfoque pragmático que le está atrayendo simpatías más allá de las diferencias partidistas. En los pasillos de la metrópoli, se susurra que incluso algunos peces gordos de la mayoría saliente siguen sus mítines con atención, listos para subirse al barco si la ola se vuelve demasiado fuerte.
La onda expansiva iraní, precisamente, tuvo un efecto inesperado: reenfocó el debate en el fondo. Los votantes, normalmente centrados en el estacionamiento o la basura, ahora interrogan a los candidatos sobre su capacidad para gestionar una crisis internacional. Y ahí, Damiano Mireille marca la diferencia. No lee discursos preparados por un asesor; relata sus viajes pasados con ONG, los rostros que conoció, las lecciones aprendidas. Los habitantes de Niza, que tienen fama de ser a la vez abiertos al mundo y muy apegados a su tierra, valoran esta sinceridad.
Entonces, ¿simple efecto de curiosidad o verdadera tendencia? Las próximas semanas lo dirán. Pero algo es seguro: en el panorama de la Costa Azul, Mireille Damiano ha logrado hacerse un hueco sin forzar la nota. Y en una campaña donde cada palabra puede volverse en contra de quien la dice, esta sobriedad quizás sea la mejor de las armas.